Había más de imagen comercial que de realidad, pero la tensión entre las dos divas de la ópera contribuyó a llenar los teatros. En el fondo las unía más de lo que las separaba

Vía: www.elcorreo.com | Por CÉSAR COCA

En la historia de las grandes rivalidades de la lírica, siempre se cita en los primeros lugares la que mantuvieron las sopranos Maria Callas y Renata Tebaldi. A estas alturas parece claro que sus desavenencias no fueron muchas, entre otras razones porque prácticamente no compartieron nunca escenario y sus repertorios eran diferentes. Pero esa tensión entre ambas, alimentada por agentes, sellos discográficos y promotores, generó extraordinarios beneficios económicos. Y dividió a un público siempre predispuesto a defender a muerte a su estrella y restar méritos a la rival. Sin embargo, Tebaldi y Callas compartieron más de lo que las separaba.


En la historia de las grandes rivalidades de la lírica, siempre se cita en los primeros lugares la que mantuvieron las sopranos Maria Callas y Renata Tebaldi.


 

Orígenes

Maria Callas-Renata Tebaldi, la fructífera rivalidad

María Callas

María Callas nació en Nueva York en 1923, apenas tres meses después de que sus padres llegaran a la ciudad procedentes de Grecia. El padre puso una farmacia en un barrio periférico de la ciudad. La familia vivió relativamente bien hasta que George y Evangelia, los padres, se separaron. Con 13 años, Evangelia y sus dos hijas se trasladaron a Atenas. Durante la ocupación de Grecia por los ejércitos de Alemania e Italia, Evangelia animó a su hija Maria –a la que llamaba fea, miope y gordita– a acercarse a los soldados a cambio de algunos favores. Es la faceta más oscura de sus años juveniles.

Maria Callas-Renata Tebaldi, la fructífera rivalidad

Renata Tebaldi

Renata Tebaldi vino al mundo en Pésaro (Italia), en 1922. Era hija de un violonchelista sin talento para destacar y una cantante frustrada. Sufrió una poliomielitis con solo tres años que le dejó secuelas en cuanto a movilidad. No podía, por ejemplo, seguir el ritmo de sus amigas en los juegos infantiles, y seguramente por eso comenzó a dedicarse a la música. El padre de Tebaldi abandonó a su familia muy pronto, de manera que la futura cantante quedó a cargo de la madre.

Carrera

Aunque ambas empezaron a cantar de una manera más o menos profesional antes de que acabara la Segunda Guerra Mundial, sus carreras se lanzaron nada más terminar esta. Callas debutó en la Arena de Verona en 1947, después de haber rechazado una oferta para interpretar dos roles en Nueva York. A partir de ahí, desarrolló una carrera de intensidad poco común, con numerosos altibajos y un año excepcional: 1958. Se retiró en el Covent Garden de Londres, con ‘Tosca’, en 1965, a la edad de 41 años. Todas las grandes figuras actuales de la ópera superan hoy esa edad. Callas fue la gran señora de La Scala.

Renata Tebaldi se retiró de la ópera no mucho más tarde, en 1973, interpretando el papel de Desdémona en el Metropolitan. Durante tres años más dio algunos recitales y se despidió de manera definitiva en La Scala. Tenía 54 años. Fue la suya una trayectoria de tres décadas mucho más regular que la de su rival: de hecho, solo hubo una retirada de trece meses, obligada por la necesidad de dar un descanso a su voz y mejorar su técnica en algunos aspectos. Mientras La Scala se rendía a Callas, Tebaldi reinaba de forma absoluta en Nueva York.

Repertorio

Hablar de competencia entre dos cantantes cuando coinciden en muy pocos roles es un tanto exagerado. Maria Callas tenía un repertorio muy extenso, gracias a la amplitud de su voz, que le permitía interpretar papeles de soprano ligera y dramática, e incluso de mezzosoprano (ahí está su mítica ‘Carmen’ sin ir más lejos). En el escenario y en el estudio abordó los roles protagonistas de títulos que van de Bellini (‘Norma’ es quizá el más emblemático de todos) a Wagner (lo cantaba en italiano), pasando por Haydn, Gluck, Donizetti, Boito, Giordano, Mascagni, Puccini y Verdi.

Renata Tebaldi también cantó obras de Wagner (distintas a las de Callas) y coincidieron en roles de Puccini y Verdi, pero abordó más títulos de ambos. Además, interpretó obras de Bach, Haendel, Gounod, Pergolesi, Chaikovski y algunos otros a los que la soprano griega nunca se acercó.

Estilos

Maria Callas tenía una irrepetible capacidad interpretativa. Su voz no era estrictamente la más bella, y los especialistas destacan que a veces mostraba un tono metálico que no se encuentra en la de Tebaldi. Sin embargo, imprimía tal pasión a sus interpretaciones que los posibles defectos vocales quedaban ocultos. De todas formas, su etapa dorada fue breve. Los fracasos sentimentales, un estilo de vida poco adecuado y un régimen de adelgazamiento brutal –llegó a perder casi 40 kilos– dañaron su voz y precipitaron su retirada a una edad a la que deberían haber empezado sus mejores años.

Renata Tebaldi tenía una voz más cristalina, muy homogénea en todos sus registros. Más hermosa, en definitiva. En cambio, su capacidad para transmitir pasión con el gesto y todo su cuerpo era muy inferior. En la forma actual de poner las óperas en escena, Tebaldi habría encajado mal. Era demasiado estática, se preocupaba mucho por la voz y poco por los gestos y el movimiento. Al tener un repertorio más limitado no tanto en títulos como en exigencias vocales, su carrera fue más larga y con pocos altibajos, pero se retiró también a una edad relativamente temprana.

Amor

Maria Callas dijo toda su vida que solo pedía que la quisieran. Estuvo casada durante una década con el empresario Giovanni Meneghini, 28 años mayor que ella, que durante un tiempo fue el impulsor de su carrera. En ese tiempo, tuvo numerosos romances con cantantes, directores y famosos en general. Luego conoció a Aristóteles Onassis y rompió su matrimonio para estar con él. Con el magnate griego llevó una vida de lujo y excesos que la condujo a presentarse no pocas veces en el escenario con una muy escasa preparación. Onassis se negó a casarse con ella y en cambio contrajo un rápido matrimonio con Jacqueline Kennedy, la ‘viuda de América’, lo que hundió a la soprano. Callas no tuvo hijos aunque quedó embarazada de Onassis quien al parecer la acusó de que con eso solo quería atarlo a ella. Abortó. Cuando el naviero la dejó, cayó en una depresión de la que no llegó a salir nunca. Al parecer, tuvo un intento de suicidio y no se ha descartado nunca que su muerte fuera causada por un consumo excesivo de barbitúricos.

Si Maria Callas fue pasto de las revistas del corazón, Renata Tebaldi dio muy pocos motivos para salir en ellas. Permaneció soltera toda su vida y no tuvo hijos. Mantuvo varios romances, en algunas ocasiones con hombres casados. Ambas murieron solas. Tebaldi, por elección; Callas, por abandono.

Rivalidad y escándalos

Solo una vez formaron parte de la misma compañía. Fue en 1951, durante una gira por Sudamérica. Las dos estaban al comienzo de su carrera, no habían cumplido los 30 años y tenían todo por delante. Allí hubo una fricción y un tiempo más tarde al parecer se produjo un malentendido en una entrevista con Callas para la revista ‘Time’. Ahí está el origen no tanto de su rivalidad como de su supuesta enemistad. Tebaldi dejó de cantar en La Scala porque entendió que no era su terreno y ahí quedó todo.

Esa rivalidad se alimentó en buena parte gracias a los partidarios de cada una de ellas y adquirió caracteres de singularidad con los escándalos que, sobre todo a cuenta de Callas, se produjeron en esos años. La griega tuvo que soportar que un agente judicial le entregara una demanda de un antiguo agente cuando todavía estaba recibiendo los aplausos del público de Chicago. También abandonó varias veces las funciones que tenía contratadas, en ocasiones por no estar bien de voz, pero más de una vez lo hizo para asistir a fiestas. Su última gira, programada con recitales junto a Di Stefano, fue dramática: no estaba para cantar y el público que la aplaudía al final de cada tema lo hacía en homenaje a quien había sido y, al tiempo, lamentando que arrastrara su nombre por los escenarios.

En Bilbao, fueron la cara y la cruz. Renata Tebaldi dejó para el recuerdo de los aficionados grandes actuaciones. Maria Callas, que llegó poco tiempo después de haber iniciado su relación con Onassis, ejerció en un solo recital de gran diva pero decepcionó.