Gustavo Dudamel y la Sinfónica Simón Bolívar resaltan con fuerza la convicción revolucionaria de Beethoven

Los Ángeles Times | Mark Swed  | Traducción: Luis Contreras (Licenciado en Idiomas Modernos, Profesor de la ULA)

Al enterarse de que Napoleón se declaraba emperador de Francia en 1804, Beethoven supuestamente entró en cólera y violentamente tachó la dedicación en el manuscrito de su nueva Sinfonía de Bonaparte. La Tercera de Beethoven —la sinfonía que cambió la música a través de su escala radical y la convicción de que la música sinfónica podría servir como una fuerza para la narrativa y la democracia — se convirtió en cambio en la “Heroica“, una exhortación idealista por el derrocamiento de la opresión.

La noche del viernes en el Walt Disney Concert Hall, Gustavo Dudamel cambió de nuevo el nombre de la sinfonía, en esencia, esta vez de “Bonaparte” a “Bolívar”.

En términos de transmitir la inmediatez de la convicción revolucionaria de Beethoven, esta fue la actuación más convincente que he presenciado en vivo o a través de grabación o transmisión. Esto no quiere decir que cualquier actuación, por más emotiva que sea, pueda ser la mejor; tal superlativo trivializa las profundidades culturales y musicales de una gran obra. Lo que estuvo expuesto aquí, sin embargo, fue una sensación incomparable de que esta es música que importa, y la manera de demostrar que importa es interpretarla con el compromiso de un ejército impresionantemente disciplinado y eficiente, lleno de pasión e invencible mientras marcha a la noble pero necesaria batalla.

La actuación fue ejecutada por la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela, que está compartiendo el ciclo de nueve sinfonías de Beethoven con la Filarmónica de Los Ángeles. La noche anterior Dudamel había comenzado con las más convencionales dos primeras sinfonías de una manera elegante con la Filarmónica de Los Ángeles que de ninguna manera preparó al oyente para la fuerza estremecedora de la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” tocando la Tercera Sinfonía, o el viernes, después del descanso, para una actuación tremendamente visceral de la normalmente menos explosiva Cuarta Sinfonía.

El sábado por la tarde, la Filarmónica de Los Ángeles exploró la Quinta y Sexta Sinfonía. Por la noche, la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar convirtió la Séptima y Octava en el rock ‘n’ roll sinfónico. El ciclo continuará el domingo con ambas orquestas combinadas para la Novena (que será reseñado más adelante). Después de las reinterpretaciones de la Novena el martes y el miércoles, el ciclo se repite a partir del jueves.

Para las actuaciones de Beethoven del fin de semana, la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” redujo su normalmente enorme tamaño a menos de 100, todavía un poco grande para Beethoven, con vientos dobles, pero no excesivo. La interpretación era física como siempre lo es, pero los intérpretes, la mayoría ya en sus 30 años de edad, no se movían tan exageradamente como lo hacían antes, cuando se trataba de una orquesta juvenil.

Pero el virtuosismo del conjunto está más grande que nunca. Estas son sinfonías que los músicos han estado interpretando juntos desde que eran niños y las notas están en sus músculos de la misma manera que el movimiento está en los músculos de los bailarines de ballet. Ellos se observan y reaccionan entre sí casi tanto como observan y reaccionan al conductor.

Su dominio es tal que la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” puede ser una fuerza atemorizante; fuerza con la que ferozmente, y con gran determinación, desgarraron el último movimiento de la Séptima Sinfonía. Sin embargo, ellos se regocijan con la misma facilidad en extrema delicadeza y tranquilidad. Cuando el pasaje solitario llegó, como por el clarinete en el lento movimiento de la Cuarta Sinfonía, la interpretación tenía la individualidad distintiva de un solo de jazz momentáneo, dando la sensación de que cada nota se tocaba por primera vez y que todo el mundo estaba presente en ese momento.

Sin embargo, hay un significado más profundo en esta Bolivarización de Beethoven.

No es ninguna coincidencia conectar a “El Libertador” de Venezuela con la “Heroica“. Siendo un hombre joven de visita en París, Simón Bolívar fue testigo de la coronación de Napoleón. La desilusión con el llamado revolucionario es lo que lo ayudó a encender el fervor republicano de Bolívar que finalmente le llevó a liderar un ejército rebelde contra el dominio español en América del Sur.

No hace falta decir que la “Heroica” es personal para la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar”, sobre todo ahora, cuando la Revolución Bolivariana en Venezuela parece ser frágil debido al descontento político y el caos económico de la nación. A pesar de que se refieren el uno al otro como amigos y la orquesta depende del apoyo gubernamental, los músicos están divididos por sus filiaciones políticas en un país peligrosamente fragmentado.

El secreto de Dudamel para mantener a los músicos como un grupo leal parece ser la terapia de shock y su actuación como suministrador de altos grados de adrenalina. El impacto de los repentinos dos primeros acordes de la “Heroica” llamó la atención de todo el mundo: la orquesta y el público estaban al instante en las manos de Dudamel. Para el momento en que llegó el final de la Octava, la noche siguiente, la adrenalina había hecho efecto completamente.

La obertura de “Egmont” de Beethoven, con más integrantes de la Orquesta Simón Bolívar subiendo al escenario para un efecto big-bang, también fue personal. Esta obertura al drama de Goethe resulta ser sobre el derrocamiento de la dominación española y (interprétenlo como quieran) del gobierno opresivo. Fue una actuación extraordinariamente poderosa, mucho más que la de hace cuatro noches con la Orquesta Simón Bolívar unida a la Filarmónica de Los Ángeles para la gala de apertura de la temporada.

Dudamel nos ha dado actuaciones convincentes de la famosa y poderosa Quinta Sinfonía y de la seductoramente luminosa Sexta Sinfonía (“Pastoral“) junto con la Filarmónica de Los Ángeles. El día sábado la interpretación fue irreprochable.

La Filarmónica de Los Ángeles es capaz de poseer mayor refinamiento y elegancia que la Orquesta “Simón Bolívar” pero la urgencia de Bolivarizar a Beethoven es única. Beethoven es sinónimo de Simón Bolívar en Venezuela y, para los venezolanos, Simón Bolívar representa la liberación. Musicalmente, estas actuaciones de Beethoven nos sirven de guía para encontrar el regocijo de la libertad a través de la disciplina, la devoción y el fino ajuste de la energía estremecedora.