Vía: El Universal | Aniversario 104 | FRANK LÓPEZ BALLESTEROS

A Vicente Emilio Sojo la historia cultural le debe un espacio sacramental por ser uno de los grandes propulsores de la música de este país.

Vicente Emilio Sojo

Nacido en la austeridad de su familia en la calurosa Guatire, el 8 de diciembre de 1887 -en los albores del bienio guzmancista-, sus estudios musicales los inició en su ciudad natal de la mano del maestro de capilla, Rómulo Rico.

Para 1910 ingresó como alumno a la cátedra de armonía del Instituto de Bellas Artes de Caracas, urbe en la que residía desde 1906. Salvo la instrucción de maestros como Andrés Delgado Pardo y otras figuras del momento, Sojo fue sobre todo un autodidacta nato, lo que lo llevó incluso a aprender a tocar la guitarra clásica, un “arma” primordial para cualquier serenatero.

Para 1921, en plena época de férrea dictadura gomecista, Sojo, con 34 años de edad, se encarga de la cátedra de teoría y solfeo de la Escuela de Música y Declamación. Ya para 1936, luego de más de una década en esta institución y por sus cualidades es nombrado director, cargo que mantendrá hasta 1964.

“Con él vendrá la renovación de la enseñanza musical en Venezuela. Aumenta las cátedras y le da rango superior al aprendizaje de la guitarra, que con el maestro Raúl Borges a la cabeza se llenará de destacados exponentes: Antonio Lauro, Diego Riera, Alejandro de La Torre y Alirio Díaz”, destaca Juan Ramón Colina Suárez, en una biografía sobre Sojo.

En todos esos años de enseñanza, este guatireño se dedicó a formar una escuela de composición, la hoy recordada Escuela de Santa Capilla, de recta tendencia nacionalista, y cuyos músicos desde allí proyectaron los sonidos y ritmos de Venezuela dentro y fuera de estas tierras.

Su pasión por la música lo llevó a aprender a tocar el bombardino, trompeta, trombón, clarinete, tuba y flauta, dotes que le dan autoridad y temple en el mundo de la música, con lo que gana el respeto del país y sus colegas.

En 1928, sacudido sin duda por su generación en tiempos de insurrección antigomecista, Sojo concreta la idea de fundar el Orfeón Lamas, y para su complemento y la necesidad de llenar un vacío en el genero culto, crea en 1930 la Orquesta Sinfónica Venezuela.

Ambas agrupaciones, consideradas las más importantes del movimiento musical moderno en Venezuela, fueron instituciones vitales para la vida musical y cultural del país, y nadie mejor para conducirlas que el propio Sojo.

A pesar de que el Orfeón funcionó hasta los años 60, este venezolano es considerado como el maestro de la Escuela Moderna venezolana, pues bajo su tutela se formaron los compositores que posteriormente crearon la Escuela Nacionalista de Composición.

El legado de Sojo abarca la composición de géneros musicales de tipo religioso, de cámara y coral, y su genuino estilo, como se dirá, “marcó un rumbo estético que fue modelo para sus discípulos”.

Maestro de maestros, la pasión por la música y amor al país llevaron a que hoy una fundación que ostenta su nombre sea impulsora de una gama de actividades en beneficio de la vida musical. La magnanimidad de la Orquesta Sinfónica de Venezuela es solo una muestra de la gran visión que poseía.