Sarahí Matheuz: Es interminable el aprendizaje que te brinda la música

Sarahí Matheuz, joven flautista y pedagoga formada en El Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, valora el aprendizaje que ha adquirido e impartido desde temprana edad mediante la música; el tiempo la define como un valor y una filosofía de vida, y destaca la influencia positiva de El Sistema en la vida de niños y jóvenes venezolanos.

Por María Fernanda Marcano Díaz | ESPECIAL PARA @vzlasinfonica

Por ello, señala, que la importancia del  aprendizaje musical radica en que no solo crea ejecutantes sino que además “es disciplina, es aprender a convivir, a respetar, es voluntad, esfuerzo y trabajo en equipo. Una infinidad de valores que si se aprenden a temprana edad, se hacen significativos y pronunciados a lo largo de la vida”.

Sarahí, oriunda de la ciudad de Barquisimeto, estado Lara, es parte de una familia que guarda una estrecha relación con la música. Su padre, quien inició en el mundo musical a sus hijos,  canta, toca cuatro y ella lo define como un melómano. Además, en el núcleo familiar destaca su hermano, Diego Matheuz, quien es violinista y uno de los más reconocidos directores a nivel internacional.

A los 7 años, Sarahí inició sus estudios musicales en una escuela de música popular, donde aprendió a tocar cuatro y mandolina. Sin embargo, por la influencia que en ella tuvieron Diego y su otra hermana, Sarahí inició con el violín pero terminó enamorada de la flauta.

“Yo elegí primero el violín como mi hermano y mi hermana, pero después me di cuenta que la flauta era tan versátil como el violín y decidí cambiarme. Me atrapo más la flauta. El sonido de la flauta, sin duda, me llamo la atención”.

De ahí en adelante cultiva una cercana relación con su instrumento y se dedicó a instruirse sobre su ejecución en el Conservatorio Vicente Emilio Sojo, en Barquismeto, bajo la tutela de inicial del profesor Eduardo Gómez.

“Solo uno conoce su instrumento como nadie, físicamente no hay forma de confundirlo. Uno no le dedica tantas horas que termina siendo una extensión de uno mismo”.

En cuanto a la dificultad señala que su aprendizaje “en realidad no fue un proceso sencillo, la flauta es un instrumento que necesita mucha dedicación y estudio para poder lograr cierto nivel. Es un proceso de años que no termina nunca, porque siempre hay algo que aprender».

Ya inmersa en el mundo de la música se formó en él y la asumió como hilo conductor de su desarrollo personal y profesional. Hoy, ya suma 22 de sus 29 años de vida dedicada a la música no solo en el rol de aprendiz constante  sino también de educadora.

“Yo creo que nunca tome esa decisión. Para mí, la música se volvió una filosofía de vida, sin darme cuenta me fui desarrollando en cualquier ámbito siempre al lado de la música y haciendo de ella mi profesión”.

Por ello, destaca, con la seguridad de quien ama a lo que se dedica, la satisfacción que le ha brindado su oficio y pasión de vida. “La música me ha regalado otra familia, me ha permitido conocer a personas que admiro profundamente, me ha permitido viajar, conocer. Con ella siempre hay algo que aprender, es interminable el aprendizaje”.

Educadora desde los 17 años

A los 17 años, Sarahí asume la responsabilidad de impartir clases a niños de 4 años pertenecientes al Grupo Compota del Conservatorio Vicente Emilio Sojo y ha estado dedicada a la labor de la enseñanza por más de 10 años en todos los núcleos de El Sistema de Lara. Además, es Licenciada en Música egresada de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

“Tendría unos 17 años cuando tuve la oportunidad de dar mi primera clase, yo siento que todo lo que uno aprende en algún momento hay que enseñarlo a alguien más, en cualquier aspecto de la vida. Allí decidí hacer de mi pensamiento una profesión y estudié en la universidad: música”.

Cómo se agarra la flauta y cómo se debe soplar correctamente fue la primera clase que dictó Sarahí a un grupo de niños de 4 años del mencionado conservatorio, sus primeros estudiantes.


“Tenía muchísimo miedo porque en aquel momento yo solo sabía lo que me habían enseñado a mí, sabía hacerlo yo, pero no sabía cómo lograr que otra persona también lo hiciera, al ver que podía explicarle a alguien y ese alguien lograba el objetivo la satisfacción es inmensa”


“Posiblemente no siempre esas personas terminan siendo músicos pero van con un aprendizaje de vida, y es agradable saber que uno formo parte de él”.

Sus alumnos son niños de 2 a 6 años que forman parte del Programa de Iniciación Compota, el que le ha brindado la experiencia de enseñar.

“Los chiquitos tienen tanto que enseñar, son divertidos, ocurrentes y son como unas esponjitas, esa es una de las cosas que más me gusta. Para ellos no existen los límites, aunque físicamente por su corta edad puede que los tengan, ellos solo hacen y cuando logran hacerlo es una emoción muy grande”.

Además de la ejecución y la enseñanza, Sarahí también tiene talento para la producción musical y parte del próximo año se dedicará a un proyecto relacionado con esto.
En el 2019 tengo previsto grabar dos discos, con unos conceptos un poco distintos a lo común, aún no puedo decir mucho solo que vienen en camino, seguir enseñando, tocando en orquestas”.

El Sistema del Maestro Abreu, escuela de vida

El Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela para ella, como para muchos, ha sido escuela para la vida. En él se ha forjado como músico y como educadora.

“El sistema es una escuela de vida, es un mundo aparte. Sin duda es el proyecto que me ha brindado a mí y a muchísimos más la oportunidad de ser más que músicos, desarrolla músicos con calidad humana”.

“Mi experiencia en el sistema son 22 años de vida, 22 años de aprendizaje, de caídas, de éxitos, de amigos, de esfuerzos, de voluntad.

En El Sistema he aprendido que no hay límites”.

Además, celebra la labor del maestro Abreu para conseguir el éxito de su proyecto musical.

“Pocos hombres en Venezuela han tenido una visión tan clara de lo que quieren hacer en la vida. El maestro supo canalizar esa inquietud y logró reunir a su alrededor un grupo de personas que le ayudaron a conseguir su objetivo. El Maestro fue un hombre claro, preciso, exigente trabajador incansable, hábil para establecer relaciones con personalidades, políticos, personas de otros países. El balance de la gestión del maestro es altamente positivo, y sé que mi familia y millones de personas más estarán agradecidos eternamente por el aporte que hizo en nuestras vidas”.

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