Vía: elblogdejac.blogspot.com/

No creo ser el único profesor que haya escuchado la siguiente justificación -o parecida- de boca de un estudiante, para abandonar el uso del metrónomo:

– Sé que es muy importante estudiar con metrónomo, pero me doy cuenta que no me sirve de nada, especialmente, cuando toco sin él, pues vuelvo a cometer las mismas imprecisiones en el pulso que antes de usarlo.

Efectivamente, la experiencia expresada en la frase anterior contiene el problema de fondo de este asunto.

Para estudiar con metrónomo y una mínima garantía de éxito, se requieren dos condiciones previas fundamentales:

1. Haber adquirido -a la velocidad elegida- la mayor seguridad y dominio técnico posible en la ejecución del pasaje sobre el que se quiere actuar para precisar la regularidad del pulso -velocidad que puede ser lenta, por lo que la premisa anterior no tendría que ser un obstáculo-.

2. Tener claro el propósito de APRENDER del metrónomo y no limitarse única y exclusivamente a hacer coincidir nuestra pulsación con la suya.

El primer aspecto es obvio, pero el segundo requiere una profunda reflexión para su comprensión y asimilación, pues lo que se pretende conseguir con ello es iniciar un proceso de “emancipación metronómica progresiva” -en lo que se refiere a corregir irregularidades del pulso, pues este instrumento mecánico tiene otras aplicaciones en el campo del estudio- que culmine en la interiorización del pulso metronómico de manera natural y, como consecuencia, nos ponga en condiciones de abordar el uso del pulso interno de la obra en cuestión.

Considero que el desconocimiento por parte del alumno de este “pequeño detalle”, es uno de los motivos, si no el más importante, por el que el metrónomo, raramente, ayuda o sirve de complemento eficaz cuando, después de ser requerida su utilización en el estudio por el profesor, el alumno constata la ineficacia del recurso por falta de unas mínimas “instrucciones de uso”.

A veces, los profesores de instrumento pecamos de dejar de explicar aspectos que para nosotros son obvios, pero que para algunos estudiantes no lo son tanto, ni mucho menos, y el caso de la utilización del metrónomo como corrector de desigualdades en la regularidad del pulso es uno de esos casos. Es imprescindible enseñar al alumno que la eficacia del uso del metrónomo no está en esperar que el aparato dé la señal para hacer coincidir nuestra pulsación con la suya, por el contrario, debe entenderse como una referencia que habitúe a nuestro oído de tal manera que llegue un momento en el que éste se anticipe al metrónomo, para hacer coincidir nuestra pulsación con la suya. Ése sería el momento que correspondería a la etapa del niño cuando pasa de caminar sujetándose con la mano de los padres, a hacerlo solo, es decir, en el proceso de aprendizaje del alumno esta metáfora correspondería al momento en el que éste no tiene que seguir los golpecitos del lápiz del profesor sobre la mesa, o la “insolente” -aunque a priori necesaria- perfección metronómica.

¿Tiene otras utilidades el metrónomo en el estudio?
Efectivamente, esta útil herramienta de trabajo nos puede servir para conseguir velocidad progresiva, para lograr la fijación y estabilidad de un pulso fuerte -y, a veces, también débil-, a precisar células rítmicas, a sincronizar polimetrías complejas…, pero la explicación de todos estos recursos didácticos requeriría un desarrollo que excedería las expectativas de esta reflexión.