Vía: DiariodeJerez.es | El madrileño, galardonado recientemente con el Premio al Mejor Músico Europeo de Jazz, reconoce que todavía “para muchos programadores y periodistas soy un bicho raro”

Jorge Pardo

Jorge Pardo

Hace apenas mes y medio se convirtió en el primer español en recibir el Premio al Mejor Músico Europeo de Jazz que entrega la Academia Francesa de Jazz, uno de los reconocimientos más importantes dentro del continente. Sin embargo, su corazón y su alma siguen sonando flamenco pese a que muchos aún no le quieran catalogar como tal.

–Es su tercera presencia en el Festival de Jerez…
–Sí, y estoy encantado con las invitaciones por muchos motivos, porque me encanta Jerez, porque cada vez que vengo aquí me lo paso de muerte, porque cada vez que vengo aquí aprendo y porque entiendo que es una apuesta insólita en el marco de un festival flamenco de la categoría que tiene esta ciudad. A mí personalmente me encanta venir aquí.
–¿Se siente respetado aquí pese a ser esta ciudad lo que es?
–Si hay un sitio en el que me siento querido Jerez es capital, tanto por sus artistas locales como por la gente y el público en general. Me siento muy arropado y requerido para las diferentes producciones que aquí se hacen.
–Estrenó disco hace unos meses, ‘Huellas’, como se titula el espectáculo. Háblenos de él.
–Huellas son mis últimas creaciones musicales. Llevo unos cuantos meses paseándolas por ahí y la verdad es que es un disco que ha sido bastante bien recibido en todos los sitios. La apuesta es bien diferente a lo que hacía anteriormente aunque la esencia es la misma. Está claro que no puedo traer el espectáculo completo, que en su orígen es un espectáculo con muchos músicos, pero voy a dar una buena muestra de lo que es Huellas y de los temas nuevos.
–¿Y por qué Huellas?
–Bueno, ese título me gustó ya no la palabra sino el concepto. El título podría ser también señales, cicatrices, surcos…En definitiva, son una serie de sinónimos que vienen a significar lo que nos encontramos cuando venimos a este mundo, lo que dejamos cuando nos vamos de este mundo y lo que rastreamos metiéndonos en otras artes o en otras ciencias.
–Ha sido usted reconocido por la Academia Francesa de Jazz, ¿qué supone un premio así para un flamenco como usted?
–Bueno, mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional está destinada a destruir tópicos. Eso me encanta porque además no soy de tradición flamenca y me siento orgulloso de eso también. He venido al flamenco con grandísimos padrinos, no por el nombre sino por su huella, y sin embargo, por los instrumentos que toco, carentes de tradición en el mundo del flamenco pero sí más cercanos al jazz, me han dado este premio. Que te den este reconocimiento en París haciendo la música que hago, bulerías, soleá… es algo grande. Para mí es poner una guinda al pastel de romper tópicos.

–Después de tantos años de profesión, ¿se sigue viendo o le siguen viendo como un bicho raro?
–No lo entiendo internamente ni lo siento porque la gente del flamenco no me siente así, soy uno más. Ahora, es obvio que para programadores, periodistas y el mundo más lejano de lo estrictamente artístico, sí soy un raro, porque aunque dentro del flamenco ya somos bastantes los músicos que tocamos otros instrumentos que no sea la guitarra, la tradición del flamenco es tan pesada, tanto en el baile como en el cante y la guitarra, que no dejamos de ser una islita.
–Dentro de su apartado musical, ¿se nota la crisis?
–La sociedad somos todos fichas de dominó que cuando cae una se caen todas las demás. De todos modos, el mundo del arte siempre ha estado al margen de otros gremios sociales, entre otras cosas porque no tenemos la protección ni la comprensión del público en general y de los demás gremios. Por un lado es normal que la crisis afecte, pero también es obvio que los artistas vivimos en permanente crisis.
–Usted ha sido un precursor, una persona que ha abierto camino en su ámbito. ¿Cómo viene la gente joven desde atrás?
–Las nuevas generaciones vienen pegando fuerte. Las que vienen detrás de mí ya conocen la tradición y van rompiendo tópicos, pero las que se suman ahora tienen dificultades y es algo que me duele porque muchos de ellos tienen proyectos fantásticos y se las ven y se las desean para que los programadores confíen en ellos. Hay gente buenísima, aunque también hay que decir que hay mucha gente que se apunta al carro de la novedad y lo vanguardista y hace crucigramas en su casa.