Vía: El Tiempo.com | Augusto Sorzano Puyana

Representada la gloriosa tradición musical inglesa del Siglo XV, en compositores como William Byrd y Orlando Gibbons, y prosperando su consolidación en el Siglo XVI con el mecenazgo de los Estuardo a su regreso al poder y con la presencia de Henry Purcell, “…aquel proceso se interrumpió debido a la tempranísima muerte de Purcell a los 36 años de edad, para entrar el país, posteriormente, en un letargo de casi 200 años durante el Siglo 17 y buena parte del 18, principalmente por razones internas en la Inglaterra de los años que siguieron a los conflictos civiles del Siglo XVI”. Entonces, durante esas dos centurias, “…predominó en la música en Inglaterra la fuerte influencia germánica de Handel, Mendelssohn, Wagner y Brahms”. “Solamente finalizando el Siglo 19 e iniciándose nuestro siglo, pueden observarse en la Gran Bretaña los primeros indicios de una renovación musical, con compositores como Ralph Vaughan Williams, Edward Elgar, Frederik Delius, Benjamin Britten, Arthur Bliss y Michael Tippet”.

Benjamin Britten

Benjamin Britten

Edward Benjamin Baron Britten , pianista, compositor y director de orquesta inglés, nació en 1913 en Lowestoft , puerto pesquero en Suffolk, sobre la costa oriental de Gran Bretaña. Su padre, Robert Victor Britten, era dentista y su madre Edith Hockley, música aficionada, de reconocido talento, secretaria de la Lowestoft Musical Society.

Debido a una fuerte neumonía a muy corta edad, la salud de Britten, amenazada con una cardiopatía resultante de aquella, fue siempre muy precaria. En su casa, él fue el menor de cuatro hermanos, en un ambiente hogareño culto, aunque no exento de ciertos contrastes: “….en las provincias inglesas de principios del Siglo 20, aún recientes los años de la Inglaterra victoriana, las distinciones entre las clases sociales eran tomadas muy en serio, no obstante lo cual, su padre no vacilaba en afirmar que su familia era ‘de clase media muy ordinaria’, en una actitud que en parte tenía explicación en el permanente desagrado suyo para con su profesión (no académica, aunque sí relativamente exitosa) de dentista, acentuada aquella condición con su inflexible agnosticismo, que lo alejaba, a él y a su familia, del culto religioso. Su esposa Edith, para atenuar ese conflicto en el hogar, y para mantener el nivel de vida propio de la época, organizaba frecuentes ‘soirées musicales’ en casa, con la comunidad musical de la ciudad”.

Varios intentos de composición ya había hecho Britten, cuando a los cinco años, de su propia madre, recibió sus primeras lecciones en piano y en notación. Su formación musical prosiguió con clases privadas del compositor Frank Bridge, de quien le había impresionado, años atrás, una interpretación de su obra ‘El mar’. Mientras estuvo bajo la dirección de Bridge, Britten compuso obras tempranas como su Cuarteto para Cuerdas y ‘Cuatro Canciones Francesas’, un ciclo de canciones para voz y orquesta.

También, en los años que Bridge fue su profesor, Britten compuso, entre 1932 y 1934, acaso las primeras de las obras que verdaderamente llamaron la atención del público, ‘A Boy was born’, ‘Ha nacido un niño’, una obra coral ‘a cappella’, para los coros de la BBC, su ‘Sinfonietta y ‘Our Hunting Fathers’, ‘Nuestros antepasados cazadores’, ésta última en colaboración con el escritor W.H. Auden, con quien inició una prolongada amistad, interrumpida por la participación de Auden en la Guerra Civil Española.

De aquellos años fue también la iniciación de su amistad, (posteriormente, controvertida relación de pareja, hasta su muerte), con el tenor Peter Pears, quien se convirtió en un cercano e imprescindible colaborador en el aspecto musical, al punto de que se llegó a decir que “…Britten componía para Pears y Pears cantaba para Britten”.

Tres años después, seguirían sus estudios para ejecución de la viola. Las enseñanzas de Bridge fueron muy valiosas para Britten, pues lograron imprimir en él “…el énfasis en la necesidad de conseguir la perfección técnica y en poner la habilidad profesional al servicio de la solución de los problemas musicales”.

Desde los siete años, para sus estudios de primaria, había sido matriculado en la Escuela de South Lange de las señoritas Astle. Ethel, la menor, continuó con las lecciones para piano, con una metodología que toda la vida mereció el reconocimiento y gratitud de Britten. De aquellos años en esa escuela, también es célebre la expresión del compositor en relación con su director Thomas Sewell, a cuyas draconianas medidas disciplinarias que incluían severos castigos corporales, “…él atribuía el indeclinable pacifismo que, de ahí en adelante, lo acompañó en todas las actuaciones de su vida”.

Entre 1928 y 1930, Britten estuvo en Holt, Norfolk, en la Gresham’s School, tiempo aquel de ingrata recordación para él, principalmente debido a la distancia de su familia, y, más concretamente, de su madre. En 1930, Britten ganó una beca para estudiar composición en el Royal College of Music de Londres, en cuyo comité de evaluación participaron los compositores Ralph Vaughan Williams y John Ireland y donde permaneció hasta 1933, con una trayectoria ciertamente brillante, pues fueron varios los premios que allí obtuvo: el Sullivan Prize en composición, el Cobbett Price en música de cámara y el Ernest Farrar Prize en composición.

Sin embargo, algunos años después “…en 1937, falleció su madre, un acontecimiento que le produjo una gran tristeza y que habría de alterar su posición frente a la vida, pues, aciago como se tornó el año por el duelo, también en 1937 se asomó el fracaso y las críticas, pues, por encargo, Britten compuso una Marcha, la ‘Pacifist March’, en su condición de pacifista y de miembro activo del ‘Peace Pledge Union’, obra que no tuvo buen recibo, por lo cual se retiró al poco tiempo de su estreno”.

Con todo, seguirían notables contrastes. “En ‘Variaciones sobre un tema de Franck Bridge para Orquesta de Cuerda’, obra compuesta también en 1937, el fluído estilo diatónico de Britten, con elementos modales, cromáticos y, ocasionalmente, seriales, significó para él un primer reconocimiento de su música a nivel internacional, con exitosas presentaciones en Toronto, Boston, Nueva York, Chicago y San Francisco, por directores como John Barbirolli y Serge Koussevitzky, de elevadísimo prestigio en el panorama musical de los Estados Unidos.

“En 1938, Britten compuso el Concierto para Piano y Orquesta, el cual, según sus propias palabras, ‘…fue concebido con la idea de explotar algunas de las características más importantes del piano, tales como la enorme extensión de su voz, su calidad percusiva y su ductilidad’. Con respecto al cuarto movimiento del concierto, dice Tom Eastwood que ‘…es tan entrañablemente conmovedor, que uno se pregunta si, al componerlo, Britten pensaba acaso en Austria, invadida por Hitler aquel año. En su íntima y delicada tristeza, hay ciertamente un reflejo de la Viena de los Strauss, pero también cierta ansiedad, expresada de manera muy personal y discreta’.”

“Britten, que no había apartado de su mente su adorado Suffolk, se trasladó allí en 1937 y ocupó en Snape un antiguo molino de viento, convertido en morada. Pero, incluso en el campo, le persiguió la desilusión (‘desilusión, en parte, respecto a la vieja Europa y, en parte, a la crítica hostil que los periódicos ingleses hacían de su música’), de forma que, a comienzos de 1939 Britten y Pears, (‘como tantos millones de europeos lo habían hecho antes que ellos’), embarcaron para abrirse un nuevo camino en América”. Antes de su viaje a Norteamérica, Britten compuso la música para los poemas de Arthur Ribaud, ‘Las Iluminaciones’, obra que dedicó a Peter Pears.

En Abril de 1939, Britten y Pears dejaron a una Europa con un sombrío y creciente ambiente pre-bélico, y a un país como Inglaterra, en donde resultaba ciertamente difícil la posición de un pacifista. A su llegada a los Estados Unidos en 1940 , ya en plena Segunda Guerra Mundial, Britten y Pears manifestaron a la Embajada Británica su intención de permanecer allí como embajadores artísticos, no sin conservar y expresar sus deseos de regresar a Inglaterra. “En Norteamérica, el inicio de su gran amistad con Aaron Copland coincidió con su conocimiento de obras exitosas recientemente compuestas por él como ‘Billy the Kid’, la influencia de cuyo estilo musical no se hizo esperar en el estilo propio de Britten”.

Durante su permanencia en los Estados Unidos, en 1940, inspirado en la muerte de su padre y con la dedicatoria ‘A la memoria de mis padres’, Britten compuso la ‘Sinfonia da Requiem’, “…para atender un encargo del Gobierno japonés, para la composición de una obra destinada a conmemorar el 2.600 aniversario de la Dinastía Mikado.

La comisión se tildó de grotesca, si se considera que, ya para entonces, Britten se catalogaba como ferviente pacifista, frente a la historia de un candente conflicto, como lo fuera la Guerra entre el Japón y la China, aún reciente. Si controvertido fue el encargo, aún más grotesca fue la respuesta de las autoridades japonesas que cuestionaron inicialmente la obra, debido a la estructura propuesta por Britten de una sinfonía de réquiem, con títulos de la liturgia cristiana, pese a lo cual fue aprobada dentro de los plazos acordados. Sin embargo, varios meses después de haberse entregado el trabajo final, (y pocos días antes del ataque a Pearl Harbor), las autoridades japonesas lo rechazaron airadamente, considerándolo como deliberado insulto al Emperador, debido a su referencia a la liturgia cristiana”. La ‘Sinfonia da Requiem’, se considera la única pieza de envergadura que Britten compuso para orquesta sola, y fue estrenada por John Barbirolli, con la Orquesta Sinfónico-Filarmónica de Nueva York el 30 de Marzo de 1941.

A principios de 1942, en plena guerra y abrumado por la nostalgia, Britten regresó, junto con Pears, en un barco sueco neutral, para instalarse en Snape, en el viejo molino que, años antes, había restaurado para su residencia. Seguirían varios años, durante los cuales Britten compuso obras cortas como ‘Serenade’, obra para Tenor, Trompa y Cuerda que bien pronto se convirtió en un celebérrimo conjunto de poemas ingleses sobre la noche, y como ‘A Ceremony of Carrols’, ‘Una Ceremonia de Villancicos’, para voces infantiles y arpa, igualmente popular y emblemática en Inglaterra.

Por aquellos años, Britten comenzó a trabajar en su ópera ‘Peter Grimes’, la cual, siendo la segunda ópera que compuso después de ‘The rape of Lucrecia’, ‘La violación de Lucrecia’, “…es, acaso, su máximo logro en el género operístico. Compuesta en 1945, ‘Peter Grimes’, verdadera obra maestra, fue seleccionada para la reapertura del Teatro de la Sadler’s Wells Opera Company el 7 de Julio de 1945, evento aquel que se constituyó en clamoroso y memorable éxito”. Vendrían años de copiosa producción en el género operístico, con óperas de cámara como ‘Albert Herring’ y ‘The turn of screw’, y como ‘Billy Budd’, con la cual retornó Britten al uso de la orquesta completa similar a la usada en ‘Peter Grimes’. Con este panorama, aunque con ciertas críticas en el ambiente musical de Londres y disputas internas en el Sadle’s Wells, Britten y Pears se animaron a crear, en 1947, el ‘English Opera Group’.

Una de las composiciones más populares de Britten es ‘La Guía Orquestal para la Juventud’ para narrador y orquesta, compuesta por Britten en 1946 para acompañamiento de la película educativa y didáctica ‘Instrumentos de la Orquesta’, producida por el gobierno inglés para la enseñanza de ese aspecto de la música. El título original de la obra es ‘Variaciones y Fuga sobre un Tema de Henry Purcell’, por el hecho de estar basada en una melodía de ‘Abdelasar’ como tema principal.

“En la obra, Britten desarrolla una ingeniosa serie de variaciones para cada sección de la orquesta (maderas, cuerdas, metales y percusión), acompañada por un relato, para concluir con una fuga, en la cual interviene la orquesta completa. La aceptación de la obra no se hizo esperar y, hoy en día, frecuentemente con el relato del propio director de la agrupación que la interpreta, goza de enorme popularidad como pieza de concierto en todo el mundo”.

Con el propósito de producir y promocionar nuevas óperas y nuevas obras en todo el país, se reforzó ‘English Opera Group’ de 1947 con el libretista Eric Crozier y el diseñador John Piper, para realizar la idea de Pears de montar un festival en Aldeburgh, pequeño pueblo costero de Suffolk, a donde Britten había trasladado su residencia.

Así, el Festival de Aldeburgh se inició en 1948, con el estreno de una nueva obra de Britten, la Cantata ‘Saint Nicolas’, para tenor, Coro y Orquesta. El éxito del Festival fue inmediato, y su realización sigue siendo anual, desde su fundación.

La década del 50 se caracterizó por frecuentes viajes, especialmente al lejano Oriente, y por la composición de algunas óperas, “…entre estas ‘Gloriana’ en 1953, para exaltar la coronación de la Reina Elisabeth II, obra la cual, en su presentación de gala ante la realeza británica, tuvo una aceptación que en aquellos días fue tildada de fría, especialmente por considerarse ‘muy moderna’ para tal acontecimiento”. No obstante, ‘Gloriana’ se considera como una de las más finas óperas compuestas por Britten. De Shakespeare, Britten tomó el texto de ‘A Midsummer Nigth’s Dream’, ‘El sueño de una noche de verano’, la última de las óperas que compuso para el ‘English Opera Group’.

Sus viajes al lejano oriente influyeron notablemente en él. “ Balí y la típica orquesta javanesa gamelán, dejaron su impronta en el único ballet que Britten compuso en su vida, ‘El príncipe de las pagodas’, claramente apreciable en sorprendentes sonidos en la percusión de la orquesta, que le dieron especial realce a la obra, durante su su presentación en el Covent Garden”.

En los años de la década del 60, frente a un creciente prestigio e importancia del Festival, se construyó en Aldeburgh una sala de ópera y hall de conciertos, pocos años después destruido por un incendio, pero reconstruido e inaugurado nuevamente por la Reina en 1970. Aquella sala, considerada hoy entre las mejores de Gran Bretaña, es ahora ciertamente emblemática por varios acontecimientos que allí se han realizado: en ella, el propio Britten condujo la primera ejecución, fuera de Rusia, de la famosa Sinfonía Nº14 que Dimitri Shostakovich, le había dedicado a él; Britten, a su vez, le dedicó su ópera parábola religiosa ‘El Hijo Pródigo’; para otro de sus grandes amigos, el violonchelista Mstislav Rostropovich, Britten compuso las suites para cello, la Sinfonía para Cello y Orquesta y la Sonata para Cello, ésta última estrenada, en el Festival de Aldeburgh.

Durante la postguerra, persistía en Inglaterra un gran sentimiento de pesar por la destrucción de la Catedral de Coventry por los bombardeos de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial. “Su reconstrucción era, pues, un propósito obsesivo, y en él se comprometió un esfuerzo colosal que comprendió múltiples aspectos, que dieran como resultado un edificio que honrara a la raza humana”.

Así, a Benjamin Britten se encargó la composición de la música principal para la consagración del nuevo templo. “Entonces, para su ‘Réquiem de Guerra’, Britten eligió la combinación de textos latinos de una misa de difuntos, con una selección de poemas del poeta inglés Wilfred Owen, caído en la Primera Guerra Mundial, con la intención de que la obra fuese una expresión contra cualquier conflicto bélico, con un espíritu pacifista de reconciliación, por cierto muy pertinente en plena Guerra Fría de aquellos años.

Se escogió entonces un grupo de solistas provenientes de las tres naciones europeas que tuvieron mayor protagonismo en la guerra: el barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau, el tenor inglés Peter Pears y la soprano rusa Galina Vishnévskaya, (esposa del violonchelista Mstislav Rostropovitch), a quien el gobierno soviético negó el permiso para su participación”. La reapertura de la Catedral de Coventry fue en 1962, y el ‘Réquiem de Guerra’, verdadera obra maestra, desde entonces está considerado como el mayor éxito de Britten como compositor.

En los años de su última etapa en la vida, Britten recibió el encargo, (1967), de la BBC, para componer una ópera especialmente para la televisión, ‘Owen Wingrave’ concluida en Agosto de 1970. La primera transmisión televisada de la ópera en Inglaterra fue en 1971, y comprendió también emisiones hacia países como Francia, Austria, Bélgica, Alemania, Irlanda, Holanda, Suiza, Noruega, Suecia, Yugoslavia y los Estados Unidos.

Britten fue el primer músico o compositor en recibir un título nobiliario. En 1953, con ocasión de la Coronación de la Reina Isabel II, fue nombrado ‘Companion of Honour’, y en Marzo de 1965 le fue otorgada la Orden de Mérito del Reino Unido. El 2 de Julio de 1976, se le otorgó el título de ‘Barón Britten de Aldeburgh’ en el Condado de Suffolk.

Desde la más temprana actividad musical de su vida, en aquella siempre predominó su reverencia hacia los grandes maestros. Sin duda, “…lo debió animar la ambición de su madre de que él llegara a ser la ‘cuarta B’, …después de Bach, Beethoven y Brahms”. En esa apreciación por los grandes maestros también ocuparon lugar de preferencia Stravinsky, Berg, Schoenerg, Debussy y Mahler.

Además de su impresionante contribución a la música sinfónica y coral, su obra en el género operístico lo sitúa entre los pocos compositores, posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que han logrado consolidar buena parte de sus óperas en el repertorio actual. Entre aquellas, ‘Paul Bunyan’, ‘Peter Grimes’, ‘La violación de Lucrecia’, ‘Gloriana’, ‘El Hijo Pródigo’, ’Owen Wingrave’ y ‘Muerte en Venecia’.

Aunque siempre han sido objeto de controversias algunos aspectos de su personalidad, tales como sus inclinaciones sexuales y, en política, el recalcitrante pacifismo durante su vida y especialmente en la Segunda Guerra Mundial, la crítica lo considera como uno de los grandes compositores ingleses del Siglo XX.

La salud de Britten se deterioró notablemente durante la última década de su vida. Falleció, debido a su insuficiencia cardíaca, el 4 de Diciembre de 1976, en su residencia de Aldeburgh. Sus funerales se cumplieron en la Aldeburgh Parrish Church. El 10 de Marzo de 1977, se realizó un solemne funeral en la Abadía de Westminster, con asistencia de La Reina Madre, Elisabeth.