Vía: itongadol.com/

Itongadol/AJN.- Zubin Mehta, el famoso director de Orquesta que está al frente de la Filarmónica de Israel desde 1981, regresará a su país natal a dos años del polémico concierto en la región de Cachemira (India) para colaborar con la Orquesta Mundial de Australia en Delhi en octubre. En una conversación telefónica desde Tel Aviv, habló de lo que realmente ocurrió, sus recuerdos de Bombai y porque se encuentra en constante contacto con sus amigos de la India.

Mehta, descendiente de una familia parsi se instaló en Viena a los 18 años para aprender música, desde entonces fundó una escuela de música en el norte de Israel y asistió en la dirección de grandes y reconocidas filarmónicas del mundo como Orquesta Filarmónica Real de Liverpool.

En 2013, mientras se encontraba en la región de Cachemira al norte del subcontinente indio para realizar un concierto por la paz, un grupo de separatistas – que exigen la independencia de india o la fusión con Pakistán – tuvo un enfrentamiento con la policía, que dejó cuatro víctimas.

Los separatistas acusaron al director de orquesta de tomar posturas políticas y además dijeron que el concierto se organizó para desviar la atención de las tensiones por las que pasaba la región. El concierto por la paz de Zubin Mehta se celebró en la Srinagar Shalimar Bagh en medio de fuertes medidas de seguridad. Fue el primer evento de su tipo en Cachemira.

Su última visita a la India, para el concierto Shalimar Bagh en Cachemira, se convirtió en controversia. Mirando hacia atrás, ¿cree que pudo haberse hecho de otra forma?

Bueno, no hicimos más que hacer música allí. Fue un grupo en Cachemira que se opuso al concierto, no las personas de la región. La cosa es que cuando el concierto fue televisado en Cachemira el 70 por ciento de la población del lugar lo vio. Los comentarios negativos fueron televisados una semana y media antes del concierto. El gobierno regional, por supuesto, estuvo de nuestro lado al igual que el gobierno nacional. Estoy feliz de haberlo hecho, lo haría todo de nuevo.

La discordia continuó cuando se fue. ¿Cómo reacciona cuando el arte y la política chocan?

Tocamos nuestro concierto de la forma que habíamos decidido hacerlo. El hecho que tocáramos música de Cachemira con músicos locales fue muy bien visto. A los músicos de Cachemira los amenazaron antes del concierto, pero ninguno se echó para atrás. Todos se presentaron y estuvimos muy orgullosos de eso. Fue una experiencia positiva a pesar de todo. Sé que hubo comentarios negativos que vinieron de los separatistas, pero no tuvieron éxito en detener el concierto.

Nunca se rehusó a tomar una postura política, ya sea tocando con la orquesta durante la guerra en Sarajevo y Bosnia o tocar una composición de Wagner en Israel, donde su música e ideales son considerados antisemitas.

Soy un director de orquesta que vive en un estado de crisis y lo he estado por los último 60 años. No ocurre que cada vez que voy a Israel, las bombas dejan de caer. A veces sí. El año pasado, tuvimos la lluvia de cohetes desde Gaza, que gracias a D-s paró. De lo contrario la mitad de Tel Aviv hubiera estado en ruinas hoy en día, considerando cuando cohetes se dispararon. En cuanto a un concierto de Wagner, la última vez fue en 1981. No lo hemos intentado desde entonces. Lamento mucho que no lo toquemos, pero algún día lo haremos. Pero uno tiene que considerar las emociones de las personas que viven allí. Las personas aún viven con números tatuados en sus brazos. No quieren ser llevado de vuelta a los días de terror. Uno lo puede comprender.

Usted dijo que la ciudad de Tel Aviv era como su casa. Su designación dice que usted es un constructor de vida para la filarmónica de Israel. ¿Cuál ha sido su relación con el país?

Inicialmente, cuando vine aquí (Tel Aviv) por primera vez, siete años después de Viena, sí tenía una cercanía con el ambiente asiático y eso fue una ayuda muy grande. Mi casa queda en Los Ángeles, pero aun puedo considerar a la India como mi hogar.

Usted fundó la escuela de música Buchman- Mehta, una asociación única entre árabes e israelíes con la cooperación de la Universidad de Tel Aviv para promocionar la educación musical entre los palestinos. ¿Cómo surgió eso?

Es una fundación que tenemos al norte de Israel, en un poblado árabe israelí. No podemos enseñar más allá de la Margen Occidental, porque no se permiten israelíes en Ramallah. Pero en Nazareth y Shwaram tenemos unos 150 estudiantes, que también estudian música árabe y son instruidos por docentes árabes. Son supervisados por los miembros de la Filarmónica de Israel y tenemos resultados grandiosos. Tengo una escuela de música en la Universidad de Tel Aviv, en esa escuela, tenemos unos siete u ocho estudiantes árabes del norte, que aprenden de miembros de la filarmónica. Mi sueño es tener una pista árabe israelí en la Filarmónica de Israel. Y se hará algún día.

¿Qué tan difícil le resulta invitar a ciertos artistas a Israel? ¿Algunos de ellos le rechazan la invitación por las políticas del país en donde vive?

Algunos de los grandes artistas no vienen porque no están de acuerdo con la política de Israel. No nos dicen directamente, por supuesto. Algunos no vienen porque no somos una orquesta rica y no pagamos mucho. Pero si ves nuestro calendario de temporada, tenemos a muchos artistas reconocidos a nivel mundial.

Retrocedamos un poco en el tiempo. Cuénteme sobre sus años en Bombai, entre los 40 y los 50. ¿Qué recuerda de la ciudad?

Recuerdo todo. Eso es lo que hace que me ponga triste cuando regreso a Bombai, por lo que se ha convertido arquitectónicamente. Me fui cuando tenía 18, no era un niño. Recuerdo a los británicos marchándose. Me acuerdo de ir a los partidos de cricket, al pabellón parsi, a la escuela Santa María. Aún lo recuerdo con claridad. Mantengo el contacto con mis amigos de aquellos días hasta ahora.

¿Alguna vez quiso dedicarse a otra cosa? ¿O fue el hecho de crecer en una casa en la que la música era parte intrínseca de la vida lo que convirtió la profesión en una decisión natural?

Nunca quise hacer otra cosa en verdad. Mis padres intentaron lavarme el cerebro para que me convirtiera en doctor. Obviamente, nunca pudieron convencerme. Estudié dos semestres de medicina en la universidad de San Javier. Pero sabía que no era para mí. No había una sola cosa en nuestra casa que no tuviera música en ella. La música fue probablemente mi primera lengua.

Se mudó a Viena en 1954, cuando tenía 18 años, de un país donde la música estaba profundamente conectada con la tradición oral. ¿Qué tan distinta era la música?

Nunca sentí parcialidades hacia mí en Viena. Tuve compañeros de siete religiones conmigo en la escuela Santa María. No burlábamos el uno del otro, pero no había odio. Cuando llegue a Viena escuche comentarios antisemitas por primera vez. Me resultó chocante, pero como indio nunca experimente parcialidades. Si lo sentí con más fuerza cuando me mude a Liverpool (Inglaterra).

¿Qué pasa por su mente cuando está en el estrado o cuando está en el escenario en una ópera?

Solo la música. Creeme, es una combinación entre la presentación y la interpretación, de respirar con los músicos. Todo el trabajo que hiciste en los ensayos tiene sus frutos en el concierto. Hay una inmensa cantidad de concentración. Tenemos que tener el conocimiento, la técnica y el control para convencer a 100 músicos de nuestra interpretación. Para lograr eso y presentar una obra en cuatro ensayos se necesita de pericia y experiencia.