ELIO CASTRO | Vía: Cadenaser.com/

En 1954 Elia Kazan dirigió “La ley del silencio”, una película protagonizada por Marlon Brando, Karl Malden, Rod Steiger y la debutante Eve Marie Saint. En ella Brando interpretaba a un antiguo boxeador, el hermano de uno de los gánsters que tienen sometidos a los obreros del puerto. Un film que muchos vieron como una justificación a lo que había hecho el director un par de años antes, cuando declaró ante el Comité de Actividades Anti-estadounidenses y delató a varios de sus antiguos compañeros del Partido Comunista. Al margen de que sea una apología de la delación o no, lo cierto es que “La ley del silencio” permanece hoy en día como una de las grandes obras maestras del cine americano.

Marlon Brandon

Marlon Brandon

Para la banda sonora Elia Kazan se empeñó en conseguir los servicios del compositor y famoso director de orquesta Leonard Bernstein, una de las figuras más importantes de la música norteamericana del siglo XX. Autor de una amplísima obra que abarca casi todos los campos: la ópera, el ballet, las sinfonías, el teatro musical… Sin embargo “La ley del silencio” es la única partitura que compuso especialmente para el cine. Otras que llevan su firma como las de “Un día en Nueva York” o “West Side Story” eran adaptaciones de la música que había compuesto previamente para su versión teatral.

Para la banda sonora Elia Kazan se empeñó en conseguir los servicios del compositor y famoso director de orquesta Leonard Bernstein, una de las figuras más importantes de la música norteamericana del siglo XX. Autor de una amplísima obra que abarca casi todos los campos: la ópera, el ballet, las sinfonías, el teatro musical… Sin embargo “La ley del silencio” es la única partitura que compuso especialmente para el cine. Otras que llevan su firma como las de “Un día en Nueva York” o “West Side Story” eran adaptaciones de la música que había compuesto previamente para su versión teatral.

Bernstein compuso una banda sonora con muy pocos “leitmotiv”, sobre los que realiza numerosas variaciones. Se trata de una partitura impactante e intensa en la que abundan los pasajes furiosos con partes de una gran dificultad técnica. Por ejemplo, los títulos de crédito se abren con un solo de trompa que interpreta la melodía en el registro más agudo del instrumento.

Una tranquila introducción que parece sugerir una especie de amanecer se convierte enseguida en una tormenta de tambores, cuando las imágenes nos muestran el trabajo en ese muelle donde impera la ley del silencio. Bernstein solo nos ofrece su cara melódica en el hermoso tema de amor con el que cuenta la película y que acompaña, en diferentes versiones, a los encuentros entre Eve Marie Saint y Marlon Brando.

A pesar del magnífico resultado conseguido Leonard Bernstein no se adaptó muy bien al trabajo de componer para el cine, de ahí que no repitiera nunca más. El compositor no estaba habituado a las presiones de la sincronización milimétrica con las imágenes, ni a la frustración de la sala de montaje donde parte de la música siempre acaba siendo desechada junto a algunas escenas. Por eso, tras muchas discusiones con el director, decidió componer la banda sonora como si fuera una sinfonía. De hecho en 1955 la estrenó como suite sinfónica al margen del cine.

Sin embargo un buen ejemplo de lo extraordinariamente bien que funcionan juntas música e imagen es la escena de la pelea final. La música transmite al espectador la violencia de la escena ya que ésta en realidad casi transcurre en segundo plano y no vemos la mayoría de los golpes.

La ley del silencio fue la gran triunfadora de la noche de los Oscar de 1955. El film se hizo con ocho estatuillas, entre ellas la de mejor película, mejor director y mejor actor para Marlon Brando que se consagraba definitivamente como uno de los mejores intérpretes del cine americano.

La música de Bernstein fue nominada pero aquel año el premio se lo llevó Dimitri Tiomkin por la banda sonora de “Escrito en el cielo”. Eso no ha impedido que “La ley del silencio” se haya convertido en una de las grandes obras del género. Una sinfonía que plasma a la perfección la poesía que puede haber en un lugar sórdido y violento como los muelles de Nueva York.