Este sábado, 17 de octubre, será la última oportunidad de escuchar la voz del barítono barquisimetano que ha interpretado las más emblemáticas piezas sinfónico vocal

Hace 25 años una chica le preguntó, a la salida de un recital en el Ateneo de Caracas, si podía darle su curriculum. Él se volteó y le dijo: “Anota a ahí: ‘A William Alvarado le gusta cantar’”. Eso fue todo, el barítono barquisimetano, que nació hace 61 años, el 8 de octubre de 1954, no le gusta hacer alarde de su impresionante historia musical. “Es que el papel puede decir muchas cosas”, advierte quien grabó con el maestro Eduardo Mata La vida breve, de Manuel de Falla; y la Cantata criolla, de Antonio Estévez, compositor venezolano que junto al poeta Aquiles Nazoa, fueron grandes admiradores de su voz y compartieron una linda amistad.

Recorrió casi toda América y parte de Europa cantando. Se presentó en los mejores teatros, en compañía de las mejores orquestas y bajo la conducción de directores como Mata y el maestro José Antonio Abreu. Ofrecía recitales de boleros constantemente, como parte de las actividades de El Sistema, en los auditorios del Banco Central de Venezuela y de Fogade. Este sábado, 17 de octubre, será la última oportunidad de escuchar esa voz que ha interpretado las más emblemáticas piezas sinfónico vocal.

William Alvarado se despide del canto lírico, luego de 40 años de profesión, en compañía de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, de las sopranos (alumnas de Alvarado) Erika Ramírez y Greilys Bracho, del tenor Alberto Colmenares, y bajo la dirección del maestro Alfredo Rugeles. Los cuatro cantantes unirán el color y la fuerza de sus voces para interpretar obras corales de Gioachino Rossini, Gustav Mahler -de los favoritos de Alvarado-, Federico Ruiz, quien le dedicó una pieza; Vincenzo Bellini, Giuseppe Verdi, Gaetano Donizetti, Antonio Estévez y Giacomo Puccini.

“Estoy tratando de quitarme el vestuario de cantante lírico para ponerlo a un lado. Desde que comencé a cantar, noté lo que pasa con los cantantes cuando ya llegan a cierta edad. Por eso, siempre me planteé que quería retirarme cuando todavía fuera digno de ser escuchado. Creo que estoy en una buena edad para hacerlo. Comencé a cantar profesionalmente a los 20, ya son 40 años en esto. También, debo reconocer que hace 10 años hay una generación de cantantes muy buenos que merecen tener oportunidades. El retiro es una manera oficial de hacerlo. Claro, no es que no voy a cantar nunca más, pero en Caracas esta debe ser la última vez que cante. Me retiro del canto lírico que es muy exigente”, cuenta quien, además, le gusta cantar música popular y boleros.

– ¿Cómo será el concierto que despedirá 40 años de carrera en el canto lírico?
-En el repertorio del concierto hay dos vertientes: estarán las piezas que cantaré solo, obras que durante mi carrera significaron mucho, que me gustaron o que quizás no interpreté mucho pero son significativas para mí. Por ejemplo, Ich bin der Welt abhanden gekommen, de los Rückert-Lieder, de Mahler, una obra que escuché por primera vez hace 25 años y me gustó mucho. Habla del retiro y es una de las composiciones que Mahler apreciaba más. También, interpretaré una canción de Antonio Estévez, de un poema de Aquiles Nazoa, Polo doliente. A ambos tuve la suerte de conocer personalmente, y el gusto de contar con su apoyo y simpatía. Llegué a la vida de Aquiles un par de años antes de su muerte; y cuando venía a Caracas solía quedarme en la casa, ubicada en Baruta, del maestro Estévez. Una de las obras que me hizo figurar en el canto fue la Cantata criolla. La interpreté por primera vez en 1977, ya son 38 años.

– ¿A qué edad comienza a interesarse por el canto?
– Recuerdo que cuando tenía unos 7 años cantaba Only you (versión original interpretada por The Platters). Cuando llegué a tercer año de bachillerato pasé por la sala de ensayos del coro del colegio. ¡No recuerdo haber oído antes un coro en vivo! Así que decidí integrarme al coro del Liceo Pedro Gual de Valencia. Tuve la fortuna de encontrarme con el director Federico Núñez Corona, quien me acogió en su ala. Comencé a cantar cuando él dirigía. Me llevaba de refuerzo y, obviamente, noté que debía tener una condición para eso. Así comenzó mi tránsito por el canto coral. La primera experiencia cantando solo habrá sido con algún aguinaldo. En 1973 ingresé a Los Madrigalistas de Aragua, un grupo coral de Maracay de muy buena calidad. Ese mismo año comencé a cantar solos como parte de la interpretación de la Misa en Sol Mayor, de Schubert; y el Réquiem, de Mozart. Ya eran obras que requerían cierta seriedad. Me topé con José Castro, mi primer profesor de canto. Comencé a entender lo que era la técnica vocal. Comencé a intervenir en otras obras como El mesías, de Händel, en el 75; La pasión según San Mateo, de Bach, en el 76; la Cantata criolla, de Estévez; y la Novena sinfonía, de Beethoven, en el 77. Ese mismo año me fui a estudiar a Estados Unidos. Hice un primer año de estudio académico en la Universidad de Louisiana; luego me fui a Wisconsin para estudiar la licenciatura de Canto. Me gradué a finales del 81, y comencé mi carrera. Me regresé a Venezuela en 1982.

– ¿Cuándo fue su acercamiento con El Sistema?
– Eso pasó muchos años antes de que naciera El Sistema. En 1971, Federico Núñez había comenzando a montar parte de la obra El mesías, de Händel. José Antonio se acercó a acompañarlo. Cuando hicimos el Réquiem, de Mozart, José Antonio fue quien estuvo en el teclado. Antes de El Sistema ya yo lo conocía. Para el 71 reunió a un grupo que se llamaba Orquesta de Cámara Johann Sebastian Bach, que incluía algunas cantatas de Bach. A parte de eso, mi hermana mayor estudió con José Antonio en Barquisimeto con Doralisa Jiménez de Medina. La familia se conoce desde hace tiempo. Ya cuando El Sistema arranca, la primera gran obra que hacen es el Réquiem, de Mozart, y yo estaba ahí cantando como solista; tendría 20 o 21 años. Pasé muchos años cantando con las orquesta juveniles alrededor de todo el país.

-Usted que ha cantado con casi todas las orquestas de el país, ¿cómo definiría el momento orquestal que vive actualmente Venezuela?
– En este momento estoy encargado de la Cátedra de Historia de la Música en Venezuela en la Universidad de Carabobo. Es una historia que va desde la Colonia hasta hoy. En el país ocurrió un cambio radical desde la fundación de El Sistema en el 75. Yo entré en contacto con el mundo musical en el 70. Sé qué ocurría en Venezuela antes de El Sistema: existían pocos escuelas en el país. La última etapa del semestre la dedico completamente a este cambio. Como bien dice Simon Rattle, en la película Tocar y luchar, aquí no tenemos una referencia clara de qué se trata esto que estamos haciendo, porque aquí lo tenemos cotidianamente, y no nos damos cuenta de que esto es realmente lo más importante que está sucediendo en materia musical-académica en el mundo. El Sistema tiene un desarrollo coral importante. Desde hace 40 años la historia de la música en Venezuela es otra.

– Ha recorrido parte de Europa y casi toda América gracias a su voz, de todas esas presentaciones ¿cuál es la que siempre recuerda?
-Todas las giras han tenido características distintas. Nunca olvidaré la primera vez que salimos con la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar a México en 1976. Viajamos en un avión Hércules. Ese viaje fue muy significativo porque también fuimos a Ecuador y a Colombia. Con ellos también fui a Sevilla, Huelva y Ámsterdam. En 1990 conozco al maestro Eduardo Mata, quien le tomó gran cariño a El Sistema. Junto a él me presenté con la Orquesta Sinfónica de Dallas, de San Francisco y de Chicago; con la Orquesta Sinfónica de la BBC. Gracia a la grabación de la Cantata criolla que realicé con él me invitaron a distintas ciudades de Canadá, a Boston y a California. Estuve en Ecuador, en Colombia, Cuba y Puerto Rico.

-¿Qué ha aprendido de sus alumnos? ¿Cuál es la enseñanza que quiere dejarles?
– Cuando regresé a Venezuela de estudiar en Estados Unidos entendí que existía una necesidad de maestros, por lo que me involucré rápidamente. Comencé a trabajar en la Ópera de Caracas que dirigía Isabel Palacios, Carlos Riazuelo y José Ignacio Cabrujas. También, dicté clases en el Museo del Teclado. Ahí me doy cuenta de que estaba aprendiendo más dando clase que lo que había aprendido como estudiante de canto. Yo conté con unas condiciones naturales que no me hicieron difícil cantar, pero a veces te encuentras con personas talentosas que tienen ciertos problemas que tú no has vivido. Cuando Aquiles Machado llegó a mis manos, por ejemplo, era un muchacho de 18 años. Tenía unas condiciones excepcionales. Solo había un error: le habían dicho que era barítono. Yo sentía que tenía un timbre, un color, un desarrollo vocal y un registro de tenor. Cambiamos eso y se convirtió en el tenor más importante que ha salido en los últimos años de Venezuela. Cuando das clases hay ocasiones tan sencillas y simples, como cuando consigues que tu alumno coloque la voz en su sitio. Ahí dices: ¡Eureka!, porque ves el resultado. Por eso, he adoptado la dinámica educativa de El Sistema de darle oportunidades a todos por igual.

-¿Qué viene luego del retiro del canto lírico?
– Mientras siga capacitado continuaré dando clases. Ahora estoy impartiendo clases en la Universidad de Carabobo, en la cátedra de Historia de la Música en Venezuela, dentro de la Facultad de Educación y Formación Coral Vocal y Auditiva; y en el Conservatorio de Música Simón Bolívar de Valencia, en donde atiende a 50 alumnos.