Vía: La Opinión | Por: Josep Parera

Gustavo Dudamel inicia el lunes nueva temporada de Filarmónica de LA.

Fueron 16 años de sueños, batallas, problemas y triunfos.

Pero el 24 de octubre de 2003, el resultado quedó inmortalizado para siempre. The Walt Disney Concert Hall abrió sus puertas y, desde ese instante histórico, dejó claro que estaba aquí no sólo para quedarse, sino también para convertirse en una imagen icónica de Los Ángeles.

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Gracias a la labor del arquitecto Frank Gehry y a la perseverancia de la familia Disney —liderada primero por la viuda del genial cineasta, Lillian Disney, y después por la hija de ambos, Diane Disney Miller— la sala de conciertos es un referente visual, cultural y arquitectónico alabado y aclamado alrededor del mundo.

De su éxito también son responsables dos personas muy concretas: Deborah Borda, Presidente y Directora Oficial Ejecutiva (CEO) de Los Angeles Philharmonic Association, al mando desde enero de 2000, y Gustavo Dudamel, su Director Musical desde hace justo cuatro años.

Ya sea a través de los conciertos en ese majestuoso salón, en la temporada veraniega en elHollywood Bowl, en los eventos gratuitos como el que tuvo lugar ayer en el Grand Park o formando parte de proyectos educativos comunitarios como YOLA (Youth Orchestra Los Angeles), la Filarmónica de LA se ha convertido en parte del tejido creativo local, en una parte indisoluble del engranaje cultural angelino.

Con motivo de tal celebración —y del inicio el lunes de la nueva temporada de la Filarmónica con una gala de inauguración y de celebración de la década del Walt Disney Concert Hall—, La Opinión habló en exclusiva con Deborah Borda.

Cuando empezó hace 13 años, la Sala de Conciertos Walt Disney estaba en construcción. Ahora está aquí, con Dudamel liderando con éxito la Filarmónica.

 ¿Piensa en alguna ocasión que su misión como líder de la organización se ha cumplido con creces?

[risas]. ¿Se cumple la misión alguna vez? No lo sé. Soy incansable en tratar siempre de empujar la organización hacia adelante. Sí, hemos tenido una década magnífica, con la apertura de la Sala de Conciertos Walt Disney y la reinvención de la Filarmónica que empezó con [el exDirector Musical] Esa-Pekka Salonen. Pero [hay que] hacer de todo ello una institución que va mucho más allá de una orquesta sinfónica [y convertirla en] el símbolo de la creatividad de la ciudad. Conseguir que Gustavo Dudamel terminara siendo nuestro Director Musical y el mensaje especial que lleva alrededor del mundo, que la música es un derecho humano fundamental. Es un mensaje que necesitamos emitir desde un punto de vista cultural y social. Cuando hacemos eso, reforzamos nuestra relación con la comunidad y llevamos estas instituciones del siglo XIX y principios del XX al nuevo siglo, reinventándolas.

El impacto social de la Filarmónica es indiscutible, con YOLA al frente. Pero desde el punto de vista de las audiencia, aún parece que haya mucho por hacer para atraer más diversidad.

Cierto. Cómo podemos atraer una audiencia que refleja la diversidad de Los Ángeles es una pregunta que cualquier institución cívica debería hacerse. Nosotros atraemos una considerable variedad, especialmente en el Hollywood Bowl, que atrae todo tipo de comunidades. Pero hablando de la comunidad latina, hemos llevado a cabo diversos proyectos. El primero es, por supuesto, YOLA [la Orquesta Juvenil de Los Ángeles] porque ahí está el futuro, en la gente joven, en atraer a los jóvenes y a sus familias [al mundo] de la música clásica. Así se puede marcar la diferencia, especialmente en sus vidas. Pero además hemos dado comienzo a un programa nacional a través del cual la gente puede venir a Los Ángeles, [aprovechando] un modelo similar a El Sistema [creado en Venezuela por José Antonio Abreu y del que surgió Dudamel]. Además está la programación tanto en el Bowl como en el Disney Hall, con programas como América & Americas… Ver ambos escenarios llenos de todo tipo de público fue muy emocionante, pero es algo que no va a suceder de la noche a la mañana. Hay que invitar a la gente, y no sólo una vez, sino muchas. El público no cambia en un segundo. Es un largo viaje y creo que estamos haciendo un buen trabajo.

¿Cree que es precisamente esa diversidad de oferta de programación lo que hace a la Filarmónica de LA distinta a otras alrededor del mundo?

Es algo único. Somos la mayor institución musical en Estados Unidos, con la excepción de la Ópera Metropolitana de Nueva York. Tenemos un gran presupuesto —alrededor de $110 millones—, no sólo por la Orquesta, también es tanto porque ofrecemos una variedad de programas culturales a la comunidad. No somos sólo una orquesta sinfónica, sino una asociación musical mucho más grande.

La nueva temporada de la Filarmónica ya esta aquí. ¿Cuáles son los objetivos cada vez que se plantea un nuevo año?

Primero de todo, nos planteamos las nuevas temporadas con tres o cuatro años de anticipación. Y sí, tenemos guías, valores básicos, que yo llamaría: innovación y excelencia. Hay que mostrar nuevas ideas, nuevas intenciones, y hacerlo de la mejor forma posible. Esa es nuestra filosofía. Por supuesto, también queremos festivales emocionantes, los mejores artistas de todos los géneros, desde clásica hasta jazz, rock… Hay que tratar siempre de ir más allá, de reimaginar lo que hacemos. Nunca miramos hacia atrás.

Este es el inicio de la nueva temporada de la Filarmónica en el Disney Hall y [el domingo] fue el final de la veraniega en el Hollywood Bowl. ¿Cuál sería para usted el resumen de ésta?

Ha sido muy exitosa. Algo de lo que estoy muy orgullosa este verano: el sistema de sonido, que es perfecto. Es lo más cercano a un experiencia en una sala de conciertos cubierta; y las pantallas digitales, que son fantásticas y a la gente les encanta. Lo importante de estas pantallas es que en el Bowl vendemos 8,000 boletos que se venden por menos de $10. Yo quiero que la persona que compra un boleto por $1 tenga la misma experiencia que la que se gasta $150. Estas pantallas ayudan a que eso sea así. Y algo nuevo que no habíamos hecho antes es la grabación de un concierto para televisión, Gustavo Dudamel dirigiendo el Requiem de Verdi, que se emitirá este invierno por PBS. Estoy muy orgullosa de eso.

¿Qué significa para la Filarmónica tener como sede esta sala de conciertos?

Cuando uno entra en una pieza arquitectónica como ésta, cambia la forma cómo piensas. Cada vez que pensamos en la “marca” de la Filarmónica, pensamos en la belleza y la creatividad de la Sala de Conciertos. Cuando viajo alrededor del mundo, veo anuncios de todo tipo con el edificio. Es un símbolo internacional.

¿Y la Orquesta?

Está muy identificada con el Disney Hall. No hay duda. Creo que con Dudamel se ha convertido en una orquesta maravillosa y entusiasta. Y eso se ve en la gente.

Con YOLA existe una belleza emocional que no sólo surge de la música, sino del hecho que sus jóvenes miembros disponen de una oportunidad única en sus vidas.

Acabamos de hacer una serie de entrevistas con ellos y todos quieren ir a la universidad. Son todos chicos maravillosos y muy inteligentes. Pero quién sabe qué hubiera pasado sin YOLA. Han encontrado un grupo al que pertenecer, disciplina, un objetivo, y sus familias también. Recuerdo mi primer concierto de YOLA, hace cinco años en Santee Junior School. Pensé que no habría nadie. Es un auditorio de mil butacas. Estaba lleno. No cabía nadie más. Me emocionó. Eso es lo que [YOLA] ha creado. Cada uno de esos chicos es como tirar una piedra en un estanque: las ondas del agua se expanden y abarcan a sus hermanas, amigos, vecinos…

La última pregunta: Gustavo Dudamel. Su presencia, su personalidad, su entusiasmo, su encanto…

Es nuestra bandera.

¿Qué vio en él en 2004, cuando decidió que iba a ser el futuro Director Musical de la Filarmónica?

Vi, inmediatamente, al mejor comunicador musical que jamás haya conocido. Un comunicador apasionado, que logra que los músicos toquen de una forma única, y que conecta con la audiencia. Hay un efecto comunal en la audiencia, que surge de su amor por la música. Nunca me cansaré de decir lo que él siempre dice: la música es un derecho humano fundamental. Y eso él lo cree, con la firmeza de un cura. Vi su magia. Y esa magia era obvia. Muchas veces la gente me pregunta si tras tomar la decisión [de contratarlo] dudé en algún momento. Mi respuesta siempre es la misma: ni por un segundo. Sabía que iba a ser fantástico, fabuloso. Y es una persona tan maravillosa, inteligente, humilde, divertida. Es increíble.