Vía:El Cultural.es |  Arturo REVERTER

Los dos grandes colosos protagonizan las principales citas veraniegas con motivo del bicentenario de sus nacimientos. En España, además del Otello de Zubin Mehta en Valencia o La traviata de Susana Gómez en San Sebastián, habrá tiempo también para las Sinfonías de Brahms, que dirigirá Jesús López Cobos en Santander, y de Beethoven en ¡Sólo Música!

Otello conducido por Zubin Mehta

Otello conducido por Zubin Mehta

Los recortes, qué remedio, se hacen notar en los festivales primaverales y veraniegos que pueblan nuestro país. Aunque los organizadores se las van ingeniando casi siempre para mantener alto el pabellón, es verdad que ya no tan enhiesto como en tiempos precedentes. Las limitaciones presupuestarias se notan más en unos sitios que en otros. Por ejemplo, en Valencia, el llamado Festival del Mediterrani (hasta el 16 de junio) que venía a ser una sustanciosa continuación de la temporada operística del Palau de les Arts, ha visto reducida su actividad a un solo título y a un concierto, ambos dirigidos por Zubin Mehta, responsable de la muestra. Por estas fechas se habrá representado ya Otello de Verdi, cuya última función tendrá lugar el próximo domingo. El Moro es cantado, tras la enfermedad de Antonenko y la inadecuación de Benedikt, por Gregory Kunde, un tenor hasta hace diez años casi ligero. Su evolución ha sido sorprendente. Con 60 años está en plena forma para rendir a satisfacción en el difícil cometido. Todos los demás mimbres están a buen nivel, incluidos la soprano Maria Agresta y el barítono Carlos Álvarez, parece que felizmente recuperado.

La ópera aparece igualmente, aunque no es su fuerte, en el Festival Internacional de Música y Danza de Granada (del 21 de junio al 12 de julio), que abre las puertas del Carlos V para una fantasiosa producción (que procede de Peralada) de Orfeo y Eurídice de Gluck a cargo de La Fura dels Baus. Reparto español: Ana Ibarra, Maite Alberola y Marta Urbieta, tres excelentes sopranos. El violista y experto en estas lides Gordan Nicolic empuña la batuta. Daniele Gatti con la Nacional de Francia, que festeja a Verdi y a Wagner, y Christoph Eschenbach, con la Filarmónica de La Scala, dan lustre sinfónico a la muestra, que tiene un espléndido capítulo orientado hacia la música antigua en el que destaca La Colombina (Música de tiempos de Felipe II) y la Capella Reial de Catalunya de Jordi Savall (Granada eterna, 1013-1526).

Es en el universo operístico en el que más abunda en el Festival Castell de Peralada (del 13 de julio al 16 de agosto), que este año nos sorprende con el estreno en España de La prohibición de amar, segunda ópera de Wagner, en puesta en escena de Georgios Kapoglou y dirección de Fausto Nardi. De Wagner, pero del maduro, es la música del recital protagonizado por la soprano lírico-spinto holandesa, Eva Maria Westbroeck (Tristán, Walkiria), que interviene asimismo en el Réquiem de Verdi dirigido por Josep Pons. Otra ópera, ésta romántica, Norma de Bellini, engalana el festival en una evocadora producción de Oviedo firmada por Susana Gómez. Es intérprete de la sacerdotisa la canadiense Sondra Radvanovsky, una de las voces más sólidas y hermosas en el campo de las líricas plenas rozando lo spinto. Novedad es el estreno del siempre imaginativo Albert García Demestres: Wow!, sobre textos de Whitman y Wilde.

A Susana Gómez la vemos también en la Quincena Musical Donostiarra (del 1 al 31 de agosto) en donde reestrena una nueva Traviata con un reparto solvente: Desirée Rancatore, José Bros (que hace Pollione en Peralada) y Ángel Ódena. El plato fuerte del festival es, siguiendo la costumbre, lo sinfónico. Son protagonistas y valedores en San Sebastián Valery Gergiev con su conjunto del Mariinsky (Sinfonía n° 13 de Shostakóvich), Paavo Järvi con la Radio de Fráncfort (Tercera de Bruckner, Cuarta de Nielsen), Víctor Pablo Pérez con la Sinfónica de Galicia (Novena de Bruckner, Segunda de Mahler) y Carlo Rizzi con la Orquesta de Euskadi (Missa in tempore belli de Haydn).

Las músicas antiguas ha estado siempre presentes en el Festival de Músiques de Torroella de Montgrí (del 21 de julio al 23 de agosto), que este año inaugura nueva sede. Aquí encontramos asimismo a Savall con Hespèrion XXI. A su lado, la soberbia Freiburger Barockorchester interpretará las cuatro Suites de Bach. La apertura del auditorio se hace con un concierto de la Academia 1750 a las órdenes de Enrico Onofri. Debemos citar a tres grandes pianistas: Elisabeth Leonskaia, Joaquín Achúcarro e Iván Martín.

Tras las sesiones de La fanciulla del West de Puccini dirigidas por Lorin Maazel, en el Festival Mozart de La Coruña (hasta el 26 de junio), el emprendedor Cuarteto Quiroga se atreve con Mozart, Bartók y Schönberg. Andreas Spering se pone al frente de la Real Filharmonía de Galicia en una selección de Idomeneo, en el que participa la gentil soprano Nuria Rial, y la Sinfonía n° 39 de Mozart y Víctor Pablo Pérez tutela a la Sinfónica de Galicia para un surtido wagneriano en el que participa la lituana Violeta Urmana.

Una obra de Schönberg enaltece la programación del Festival Internacional de Santander (del 1 al 26 de agosto), que este año, en el que se estrena el nuevo director, Jaime Martín, posee menor glamour sinfónico que otros. Lo cual no quiere decir que no podamos descubrir alguna veta de interés, como el que entraña Pierrot lunaire del mencionado compositor vienés, que cuenta con la participación vocal, en esa difícil muestra de sprechgesang, de la mezzo Marina Rodríguez-Cusí, a quien no se suele conectar con este repertorio. En ese concierto, en el que interviene también el Ensemble Laboratorium, se estrenan por otra parte obras de Antonio Noguera y Andrea Portera. Las actividades continúan en los marcos históricos, una de las señas de identidad, y se cierra la muestra, el 26 de agosto, con un concierto Verdi-Wagner dirigido por Semyon Bychkov al frente de la Filarmónica de La Scala. La Nacional, con Jesús López Cobos, ofrece las Sinfonías de Brahms en memoria de Ataúlfo Argenta, con motivo de su centenario. Programación muy variada.

Como variada es en su estilo la del Festival de Música Antigua de Aranjuez (hasta el 16 de junio), este año reducida a seis conciertos, algunos en verdad exquisitos. Lo es, sin duda, el encomendado al ya veterano grupo Zarabanda, que dirige desde su fundación Álvaro Marías. Abordarán mañana, en la Capilla de Palacio Real, las Sonatas para flauta de pico para conmemorar el tricentenario del fallecimiento de Arcangelo Corelli. Al día siguiente, se anuncia la actuación del contratenor Jordi Domenech, un cantante de raza, cuyo timbre de mezzo es el más apropiado para exponer las páginas de Händel, Porpora, Hasse y Caldara, entre otros. Buena manera de recordar al famoso castrato Francesco Bernardi, Senesino (1680-1759). Acompaña al cantor el conjunto Vespres D’Arnadí.

Al cierre de esta edición no se ha hecho pública la programación de Via Stellae, festival de música barroca de Santiago de Compostela, que durante años fue punto de reunión de los más grandes conjuntos e intérpretes de la especialidad. Ya el año pasado, su director desde el principio, José Víctor Carou, hubo de hacer encaje de bolillos para sacar adelante una programación de calidad. Sí conocemos el contenido del Festival de Segovia (del 23 de julio al 4 de agosto), que se incluye en la más vasta propuesta cultural veraniega de la ciudad y en donde pululan frecuentemente artistas de relieve dentro de la música antigua y barroca. Este año se ha votado por el eclecticismo. Y así encontramos propuestas como la que reúne a la compositora y soprano Pilar Jurado con la Orquesta de Castilla y León para interpretar arias utilizadas en películas; o aquella que ofrece una curiosa versión de las Variaciones Goldberg de Bach a cargo del Garnati Ensemble; o la que coloca a Antonio Baciero ante el piano para un recital Liszt-Wagner; o la que nos trae nuestro género lírico de la mano de Luis Olmos (Aires de zarzuela). Buena cosa es también dar a conocer a los artistas más jóvenes, aquellos que han ganado concursos como el de Santa Cecilia, Melómano o Premio de guitarra Fundación Guerrero. Atención a la exposición 30 años de ballet clásico y el concierto del pianista Daniel Gómez, 1 piano y 200 velas.

Otra villa que tradicionalmente acogía eventos musicales de interés es la mallorquina Pollença, que integraba al lado de la referida al arte de los sonidos otras actividades culturales. Por problemas legales diversos han determinado de momento una demora del proyecto. Algo que no sucede en la capital de España y alrededores. Sin ir más lejos, en la localidad serrana de San Lorenzo de El Escorial, en donde anida un Festival de Verano (del 22 de junio al 5 de agosto) de relativa modestia, pero que está consiguiendo en pocos años un cierto realce en virtud de una programación bien pensada y equilibrada, sin grandes fastos, pero sustanciosa, que bascula en torno a una ópera, este año La traviata verdiana, en la misma producción propuesta por la Quincena, ya mencionada, y que dirige en lo escénico la competente Susana Gómez. Sorprenden gratamente ciertas propuestas, en principio un tanto arriesgadas, como la que pone en atriles de la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid nada menos que la Sinfonía n° 5 de Mahler, que estará dirigida por el joven Sergio Alapont, un indiscutible talento de Benicasim y que tiene esta obra muy ahormada, como pudo demostrar no hace mucho en Madrid. Entre otras citas de interés mencionaremos La Creación de Haydn con los conjuntos de la RTVE y la batuta de Michael Thomas (memorable su Mesías händeliano del año pasado), un recital de grandes voces (Ainhoa Arteta, Juan José Rodríguez), otro de Elena Gragera y Antón Cardó (La gran música española para voz y piano) y la actuación de la Real Cámara de Emilio Moreno (Boccherini y la música ilustrada española). Habrá tiempo también para la Martha Graham Dance Company y el Ballet de Víctor Ullate.

Cabe incluir en estas notas festivaleras, ya para terminar, la jornada que se prepara en el Auditorio Nacional de Madrid el 22 de este mes titulada ¡Sólo Música!, en la que el Centro Nacional de Difusión Musical convoca a los espectadores a un maratón Beethoven, de las 10 de la mañana a las 12 de la noche. Se van a escuchar también, como quien no quiere la cosa, sus nueve Sinfonías, que serán interpretadas por cuatro orquestas diferentes: la Nacional, la JONDE, la Sinfónica de Madrid y la de RTVE. Todo un reto que probablemente no se haya realizado antes en nuestro país. En el podio, en todos los casos, Jesús López Cobos. En paralelo, nueve jóvenes pianistas acometen la integral de las Sonatas para piano beethovenianas: Daniel del Pino, Judith Jáuregui, Gustavo Díaz Jerez, Javier Negrín, Eduardo Fernández, José Menor, Alba Ventura, Miguel Ituarte y Claudio Martínez Mehner, que se enfrenta a ese auténtico Miura que es la Hammerklavier. Y no queda ahí la cosa, porque a partir de las 11 horas, diversos grupos van a dar un repaso a las principales obras camerísticas del compositor. Se cuenta con los Cuartetos Bretón, Cavaleri, Alderamín y Matosinhos, los Tríos Arte, Areti y Händel, el Quinteto Enara y el Ensemble op. 23, nutridos por la cantera de alumnos de la Escuela Reina Sofía de Madrid.