Vía: eluniversal.com.mx | Alida Piñón

Ser tenor es uno de los diversos roles que hoy encarna este mexicano nacido en 1972; dibujante, escritor, conductor y director de escena son otras de sus apuestas. El 25 de mayo regresará a la Scala de Milán

Rolando Villazón

Rolando Villazón

La prensa internacional y especializada habla de la “resurrección” del tenor mexicano Rolando Villazón. Para muchos es, nuevamente, el divo de la ópera en el mundo. Las críticas son, en su gran mayoría, elogiosas. Sus éxitos, incontables: conciertos y producciones en los grandes teatros como el Staatsoper im Schiller; su regreso al Festival de Salzburgo, uno de los más prestigiosos de la escena operística mundial; sus discos Verdi y Mozar Concert Arias; la producción de un documental con la BBC sobre Mozart; el tour europeo dedicado a ese compositor; su inminente retorno a la Scala de Milán el 25 de mayo con un recital y en junio con Così fan tutte, una agenda llena para los siguientes años.

Además está la próxima publicación de su novela Malabares en alemán; primero se lanzó en España, después se tradujo al francés y hace unas semanas se publicó en México. Todos forman parte de una serie de proyectos que tienen al mexicano nacido en 1972 en la cima. En entrevista exclusiva con EL UNIVERSAL, vía telefónica, habla sobre su trayectoria y de su faceta como escritor.

Ha pasado un año del lanzamiento de “Malabares”, ¿se ha releído?, ¿le reprocha algo al Rolando Villazón escritor o lo celebra?

He estado muy metido en mis conciertos y acabo de terminar mi segunda novela, pero sí he tenido contacto con la novela a través de las traducciones, primero en francés y en agosto saldrá en alemán. Ha sido muy interesante para mí. Todo artista debe ser crítico de sí mismo para tratar de mejorar. Soy sobre todo un lector, antes que escritor, así que no ha sido fácil leerme cuando mis lecturas han sido grandes escritores como Cortázar y Perec, ¡es muy fuerte! Sin embargo me siento satisfecho porque dije lo que quería decir, con los recursos que tenía para hacerlo. ¿Si hoy reescribiera Malabares sería diferente? Sí. La terminé el día que canté Werther en Covent Garden, antes de irme a poner mi vestuario. Habla del amor realizado y del que no se realizó; cuestiona la existencia de Dios y de la vida eterna; (habla) de la fama y de cómo la celebridad afecta, alegra y angustia, de la relación con el público, de la vida en el escenario, del absurdo, de una vocación religiosa truncada y, evidentemente, es una biografía de coincidencia, negarlo sería una necedad.

La segunda novela es parte de una trilogía que habla abiertamente del juego, aparecen por aquí y por allá personajes de la primera novela pero no es una segunda parte.

Después de un año dedicado a Verdi, ahora se ha enfocado a Mozart. ¿Qué le está dejando como cantante y como artista este compositor?

Mucha alegría, es un compositor que me acompañó mucho durante la escritura de la segunda novela por su carácter juguetón, la tragedia y la comedia como una sola masa es algo que está en Mozart, en una línea cómica está sembrada la posibilidad de un drama. Estoy muy contento de haber trabajado con las arias poco conocidas de Mozart para tenor y que haya tenido un éxito fantástico con el público que descubrió estas piezas fabulosas. No me ha faltado mi Verdi y otros compositores. Ahora vamos a la Scala con Così fan tutte, una obra con poder armónico, con personajes que se encuentran y desencuentran, bajo la batuta del gran maestro Daniel Barenboim, estoy muy emocionado.

Hace un par de años usted dijo que a los 40 se canta el repertorio definitivo…

Me equivoque, ¡es falso! ¿A qué edad lo dije?, ¿a los 35?, ¡Qué iba yo a saber cómo se cantaba a los 40!, qué burradas llega a decir uno, primero llegas a los 40 y luego andas explicando qué se hace a esa edad. Al principio uno dice cosas recicladas, supongo que lo dije con buenas intenciones y porque lo creía firmemente. Hace poco leí una frase de Matisse que decía que un artista no debe ser nunca un prisionero de sí mismo, ni de una reputación ni de un estilo ni del éxito; en este caso, ni de las respuestas que dio años atrás. Si algo he decidido en mi carrera es buscar territorios y nuevos estilos y lo he disfrutado mucho, ahora estoy muy contento con Mozart y habrá quien diga: “Ah, miren, ahora canta Mozart, ya cambió”. No es así, agregué Mozart, ¿a dónde más voy a llegar? No sé, el próximo año canto Don Carlo y Los cuentos de Hoffmann, canto Werther, canto el repertorio que siempre he cantado, también tengo un proyecto de una ópera contemporánea, son aventuras que me encanta vivir porque se aprende muchísimo. Quién sabe cuál será mi repertorio definitivo, cuando me vaya a morir diré cuál fue.

También dijo que Otelo significaría el clímax de su carrera…

Al día de hoy no tengo ninguna intención de cantarlo, pero no lo quito de las posibilidades. Estoy ahora en un momento muy afortunado, no tengo nada a qué llegar. Uno se impone metas, dice cosas como “ahora ya puedo cantar esto o lo otro”, pero he entendido que en el arte no hay metas, canto lo que tengo que cantar con la meta que soy yo mismo, no hay nada más. Habrá a quien le guste y habrá a quien no, pero lo que importa es que uno cante por razones artísticas y por la dicha de hacerlo. A los 40 años sólo puedo decir que la única meta es que todo lo que hagas, lo hagas porque te da la gana, porque da satisfacción y porque crees en eso.

Es un artista inquietante porque lo mismo dibuja, que dirige, canta, escribe, conduce un programa de televisión, es payaso, ¿la búsqueda es la constante de su vida?

Es una consecuencia. Un artista es un curioso que siempre está buscando y cuando digo artista me refiero a todo ser humano, en el momento que ves tu vida de una manera creativa te conviertes en un artista a diferentes niveles. Siempre trato de ver el día como si fuera el primero de mi vida, quiero la sorpresa cotidiana, no dejarme arrastrar por la cotidianidad; en el momento que te permites o te obligas a ejercer la libertad —aunque sea ficticia—, descubres que hay muchas sorpresas. Somos los primeros en decir que no harías tal o cual cosa, pero cuando aceptas el fracaso como parte de tu vida, logras hacer muchas cosas más de lo que nos creíamos capaces. A veces me imagino de viejo mirando hacia atrás y tengo la imagen de mí mismo canoso y arrugado, viéndome a los ojos al hombre que soy yo, y me digo: ‘qué bueno, que no nos quede nada en el tintero’. Quiero tener una sonrisa al final y saber que fui dichoso por todo lo que hice, saber que lo bailado no me lo quitó nada ni nadie y que bailé todo lo que quise.

El documental sobre Mozart con la BBC, los dibujos animados, ¿tienen la intención de ocupar otras plataformas para encontrar público a la ópera?

No tenemos que traer gente al arte, lo que debemos hacer es enviarlo a la gente y tarde o temprano cae el veinte. A lo mejor una pequeña caricatura con música de Mozart s les parece algo simpático o no, pero ya está ahí. Me importa mucho la dicha que da el arte. El arte es entretenimiento, la gran diferencia entre un programa cucho de televisión y una obra de Samuel Becket es la inteligencia con la que se da y con la que se recibe, está en cómo se nutre la imaginación creativa tanto del creador como del público que la recibe, pero al final sirve para lo mismo, para pasar el tiempo.

La gran diferencia es que el programa cucho se nos olvida, pero el arte, la pintura, el libro, nos acompañarán el resto de nuestra vida si el impacto es realmente muy fuerte. No nos hará mejores ni peores, pero nos provocará una dicha que no se compara con todo lo demás. Aparezco en programas de televisión y hay gente que lo critica, pero todo lo que hago es para conectar con la gente, para construir un puente que va de pecho a pecho, que rompe costillas y para llegar al interior del otro. No pienso en que si voy a la televisión y me ven cinco millones, cuatro comprarán mi disco, pienso en que si hacemos el arte algo del día a día se volverá en una opción más. Si lo dejamos para unos cuantos y vamos sólo a programas que creen que sólo son para el arte, pues aventamos el arte a una esquinita, donde probablemente siempre va a estar, pero al menos quiero creer que sí se le puede echar una luz.

¿México está en la agenda de los siguientes años?

México está en mi corazón, cada vez que yo canto México está ahí. Si una nacionalidad es un accidente, yo he tenido el accidente más afortunado del mundo. Soy resultado de una infancia, de una gran cultura, y de una cultura trágica, humorística y tan arrojada como es la nuestra. Me siento muy orgulloso cuando se dice que soy mexicano. Aquí se oyen cosas malas del país y siento la necesidad de decir que hay otra verdad, no quiero tapar las cosas pero si hablo de mi país hablo de las cosas buenas.

¿Y comparte la alegría de los éxitos de sus colegas?

¡Javier Camarena es un tipo encantador! ¡Es una maravilla! Es un tenorzazaso, me da muchísimo gusto lo que le está pasando, que orgullo que haya bisado en el Met, es una persona tan a todo dar y es merecidísimo su éxito. Y me alegra muchísimo que haya otros tenores como Arturo Chacón con el que pude trabajar, un ser luminoso fantástico con un vozarrón espectacular. Estas cosas le pasan realmente a muy pocos, por eso es tan especial, pero espero que haya muchos mexicanos más.