Vía: ABC.es | Susana Gaviña
Director honorario de la Sinfónica de Galicia y de Tenerife acaba de presentar la programación de su primera temporada al frente de la Orcam, y de anunciar la creación de una orquesta de niños

Victor Pablo Pérez

Victor Pablo Pérez

Víctor Pablo Pérez, tras dirigir en el Liceo de Barcelona «Il turco in Italia», presentó hace unos días la programación de su primera temporada como director artístico de la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (Orcam), tomando así el relevo «tranquilo y amistoso» a José Ramón Encinar, que la ha liderado durante trece años.

El director de orquesta burgalés es reconocido por su capacidad a la hora de formar orquestas. Dos buenos ejemplos de ello son la Orquesta Sinfónica de Tenerife, que dirigió entre 1986-2005, y la Sinfónica de Galicia, cuya dirección artística asumió en 1993 y con la que cerrará su etapa este 2013. Dos agrupaciones que ha situado entre las mejores del panorama nacional. Con el cargo de director honorario en ambas, Víctor Pablo Pérez afronta ahora una nueva etapa junto a una formación creada en 1984 (el coro) y en 1987 (la orquesta), que divide su tiempo entre el foso del Teatro de la Zarzuela (temporada de zarzuela), el del Teatro del Canal y el Auditorio de San Lorenzo del Escorial, el escenario de la Fundación Canal (música de cámara) y el del Auditorio Nacional, donde ofrece su ciclo sinfónico de conciertos. A lo que hay que sumar las grabaciones. Además de desarrollar un proyecto formativo que reúne a la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid, el Joven Coro de la Comunidad de Madrid y los Pequeños Cantores. A los que se sumará próximamente la creación de una orquesta de niños, según anunció el director burgalés durante la presentación de la próxima temporada.

Designado hace dos años como nuevo responsable de la Orcam, Víctor Pablo Pérez muestra su entusiasmo ante esta nueva etapa (tiene contrato por cuatro años), para la que contará, en este primer año, con directores de orquesta con experiencia, como Chistoph König, Leopold Hager, el propio Encinar (director honorario de la Orcam) y Antonio Florio, frente a las nueva generaciones. «Hay jóvenes directores de orquesta con gran talento pero que se dirigen a sí mismos», asegura.

-¿Qué es lo que le animó a aceptar la titularidad de la Orcam?

-Muchas cosas. Inicialmente conocía al coro porque lo había dirigido muchas veces, ya que había colaborado con la Sinfónica de Galicia. En cuanto a la orquesta, es una formación especial pues está fuera de su burbuja. A veces las orquestas se encierran en sus teatros, en sus casas y no salen de ellos. Pero ésta es muy versátil: está en los Teatros del Canal, en El Escorial, en el Auditorio Nacional, hace discos…

-Eso puede ser bueno pero también puede ser malo…
-A mí me parece muy interesante porque le da más experiencia y más posibilidades de llegar a más gente, no solo a los abonados típicos de las orquestas. Un público que a veces es muy reducido dentro de una gran población. Para mí una orquesta debe estar al servicio de toda la sociedad, y a veces está sólo al servicio de los melómanos. Una orquesta, sufragada básicamente por instituciones públicas, para mí siempre ha sido muy importante -en Tenerife y Galicia- que esté al servicio de todos los ciudadanos. Con actuaciones puntuales, al aire libre, o junto a artistas como Los Sabandeños, Carlos Núñez o Pedro Guerra…Este tipo de actividades es donde la orquesta sale de la burbuja y está al servicio de los ciudadanos, porque la pagan todos. La Orcam es versátil y está deslocalizada. Evidentemente es mucho más difícil hacer música desde el foso, desde el escenario…

-Es difícil hacerlo todo bien ante tanta actividad que requiere de tiempo de concentración y también de descanso…

-Es cuestión de planificación.

-¿Qué plantilla tiene actualmente la Orcam? ¿Creo que incluso se ha reducido o se va a reducir?

-Ahora está alrededor de los 80 músicos. Se ha reducido en dos o tres plazas. El coro está en 40 voces, antes estaba en unas 44. Se han hecho unos pequeños ajustes para asumir los recortes que ha habido, tanto a través del Inaem, del que depende el Teatro de la Zarzuela, como de la Comunidad de Madrid.

-Con una plantilla tan reducida (la Sinfónica de Madrid tiene 106 músicos), ¿debe ser complicado abordar todos los repertorios y compromisos?

-Es complejo, pero es cuestión de optimizar recursos. Muchas orquestas están instaladas en una cierta comodidad, no tanto en Madrid y Barcelona. Si se prepara un programa, mejor que hacerlo una vez es repetirlo dos, tres o cuatro veces. Es la manera de optimizar y de ofrecerlo a más público que al fin y al cabo es el objetivo final, que no es el de pagar los salarios. Además, si lo repites estás madurando y progresando con esa orquesta, y ésta crece.

-En la programación usted ha incorporado con bastante presencia a la Joven Orquesta, ¿es una manera de reforzar esta formación para que apoye a la principal?

-La Joven Orquesta está haciendo sus programas específicos, casi todos muy pedagógicos, para formarse y nosotros los estamos incorporando en algunos programas, no a todos los músicos, a los mejores, para que empiecen a vivir lo que es el mundo profesional. Ese es el objetivo

-Funciona como cantera.

-Evidentemente. Por eso he hablado hoy de la posible, cercana creación de la orquesta de niños, que será básicamente para cuerdas. Lo he puesto en funcionamiento hace muy poco tiempo en La Coruña, en la Orquesta Sinfónica de Galicia, y el resultado ha sido espectacular. Tenemos dos orquestas de niños: una de entre 6 y 10 años, y otra de entre 10 y 13 años. La implicación social y familiar es de tal envergadura… Y luego hay que ver cómo tocan y su evolución imparable. Se pagan ellos mismos los viajes y ensayan todas las semanas. Si lo hacemos aquí será la cantera de la cantera. Ese es el camino. Ahora estamos fijando la financiación, luego empezaremos a hacer los convocatorias.

-En la programación de la próxima temporada ha incluido 25 obras nuevas que tocará por primera vez la Orquesta de la Comunidad de Madrid. Eso también es formativo.

-Es consolidar un proyecto. Hay mucho repertorio que la orquesta aún no ha hecho y que hay que ponerlo encima de los atriles para que se empiece a hacer y trabajarlo a fondo. Y trabajar con unos equilibrios determinados. No se puede hacer que todo un programa sea extremadamente difícil porque entonces no da tiempo a prepararlo a fondo. Hay que repartir el tipo de obras y de compositores entre diferentes programas para poder valorar todo con la profundidad necesaria. Hay que saber repartir el trabajo y las dificultades para poder avanzar. Y en este aspecto, para avanzar ante autores importantes, como Brahms, Beethoven o Bruckner, el ejemplo de buenos directores y de buenos solistas es fundamental. Recuerdo cuando hace muchos años vino Krystian Zimerman por primera vez a la Orquesta Sinfónica de Tenerife y lo que aprendieron los músicos durante una semana. El rendimiento que sacó de la orquesta fue increíble.

-¿Tiene previsto traer a grandes directores a la Orcam?

-Más que grandes, directores que sepan trabajar una orquesta, porque a veces cuando vienen quieren una orquesta que ya suene, que esté bien trabajada. Antes preguntaban alguien qué pensaba de los jóvenes directores. Y yo me pregunto: ¿Pero saben trabajar con una orquesta? Eso es lo que me interesa ahora, para que siga progresando. Ya vendrá el momento en el que la formación esté ya desarrollada y pueda trabajar con un joven que a lo mejor no va a enseñar nada específico, pero que con su gestualidad, con su manera de ver la música, fresca, a lo mejor es interesante. ¿Por qué no?

-Le veo un poco crítico con la moda de los directores de orquesta jóvenes…

-No. Los hay muy buenos, pero no todos lo son.

-¿Qué le parece David Afkham, el fichaje de la Orquesta Nacional de España?

-No le conozco, no puedo decir nada. Es un joven director que viene con una fama interesante internacional. Veremos cómo es capaz de trabajar con la orquesta, porque al final esto de dirigir una orquesta de titular no es dirigir un concierto, eso solo es una parte. El resto es en lo que hay que estar comprometido, en picar piedra, en el trato con los músicos, las reuniones, cómo cambiar la mentalidad de un músico, de una sección… Lo que pueda ocurrir estará en función del día a día.

-¿Usted va a tener alguna vinculación con el Teatro de la Zarzuela, en cuyo foso trabaja la Orcam?

-No. La única vinculación es vigilar que la prestación que tiene allí sea cada vez mejor. En ese aspecto voy a hacer grandes esfuerzos para convencer a los músicos de cómo han de ser los turnos, de planificación… para que su prestación en la Zarzuela sea siempre de notable alto. Si después me llaman para dirigir algo, encantado. A mí la zarzuela me gusta mucho y la he grabado mucho.