Giuseppe Verdi

Giuseppe Verdi

Vía: El País.com | Jesús Ruíz Mantilla

A estas alturas del año Verdi-Wagner sorprende que entre uno en cualquier librería en busca de La novela de la ópera y le digan que está agotada. Vendría que ni pintado recuperar esta historia de Franz Werfel, autor judío, nacido en Praga en 1890 y muerto en California en 1945, tras salir huyendo de la barbarie nazi en plena mecha del conflicto europeo.

El caso es que Werfel, un espléndido escritor –autor también de Una letra femenina azul pálido y la más famosa Canción de Bernadette– va apareciendo y escondiéndose como el Guadiana según le dé a algún editor audaz en nuestro país. Publicó este maravilloso libro en 1929 y dio cuenta de su calidad salida del entorno en que también desarrollaban sus carreras Stefan Zweig o Arthur Schnitzler, brillantes indagadores de la vida, el arte y la historia, entre las luces y las sombras de aquella Viena de entreguerras.La última edición en español es de Espasa, en 2002. No estaría de más que este año alguien la volviera a poner en los escaparates. Así descubriríamos el excelente retrato psicológico que Werfel realiza de un Verdi atormentado, seco de ideas y enormemente acomplejado ante un mundo rendido a su rival, Richard Wagner. La acción se sitúa en Venecia, adonde el maestro italiano, después de 10 años sin atinar con nada, se presenta para seguir de incógnito los pasos de ese fenómeno alemán de quien todo el mundo habla y que a él no le da ni bola.

Viejo, torpe, triste, confundido y dispuesto a desquitarse, confiado en su talismán shakespereano con la adaptación de un Rey Lear, Verdi se pierde por las calles de Venecia donde le es relativamente fácil pasar desapercibido. Allí se deja sorprender lo mismo por el aspecto de los gondoleros que por las peleas surrealistas entre mujeres decididas a demostrar su sentido de la maternidad respondiendo a quien les ataca por su dejadez enchufándoles un chorro de leche teta en mano.

Las constantes discusiones y diatribas éticas o estéticas sobre un arte que en aquellos tiempos vivía aires cruciales de cambio, pueblan las páginas de diálogos jugosos, de aportaciones fascinantes y todavía hoy en boga que ayudan a entender lo que fue aquel cruce vital entre dos formas de afrontar la música y la escena.

Werfel toma claro partido por la rotunda humanidad de Verdi, por su obsesión y su tino a la hora de retratar la grandeza y miseria de sus personajes, por su vergüenza torera, por su dignidad frente a la ofensiva fanfarronería de un Wagner rodeado de petulantes aduladores.

Ambos buscaban a través de la música el retrato del alma de sus pueblos y sus épocas. Verdi plasmó la identidad de una Italia recién unida pero no dejó ni un momento de perseguir la universalidad de las pasiones. Wagner perseguía la supuesta grandeza de la nueva nación alemana y un arte que se pudiera comparar con ningún otro, muy volcado en la mitología y las leyendas. Contribuyó a vender una trascendencia que ayudó en parte a prender una mecha destructiva. Pero deslumbraba con su ambiciosa concepción de la creación aunque en algunos casos no pasara de vender de manera sublime, eso sí, burras a precio de pura sangres.

La tensión, la exaltación, la derrota, el ansia de superación tiñe toda la trama de La novela de la ópera a manera de duelo. Es todo un western lírico. Un brillante relato en el que se desmenuza uno de los momentos cruciales de la historia de la música protagonizado de manera fieramente humana por dos colosos.