Chick Corea repasa su carrera en un álbum junto a su mujer, Gayle Moran, Jorge Pardo o Niño Josele.

diariodesevilla.es | SALVADOR CATALÁN

Trilogy. Chick Corea Trio Stretch Records / Concord Jazz / Distrijazz (3 CD), 2014.

Trilogy. Chick Corea Trio Stretch Records / Concord Jazz / Distrijazz (3 CD), 2014.

Trilogy. Chick Corea Trio Stretch Records / Concord Jazz / Distrijazz (3 CD), 2014.

A sus 73 años, el pianista y compositor Chick Corea parece haber redescubierto las ventajas del trío acústico como vehículo expresivo. De hecho, un buen número de sus entregas discográficas producidas durante los últimos lustros han elegido la añeja aunque siempre vigente combinación de piano, contrabajo y batería como vía de revisión o creación de material sonoro. De aquella asociación con Avishai Cohen y Jeff Ballard en Past, Present & Futures (2001) a la suscrita con Eddie Gomez y Paul Motian en Further Explorations (2012), el músico norteamericano ha retornado una y otra vez a un formato clásico que, pese a su preeminencia, ha sabido convivir plácidamente con otros canales instrumentales como piano solo, dúo (con Béla Fleck en The Enchantment; 2007), quinteto u octeto. Corea también ha encontrado tiempo y razones para retomar contacto con veteranos compañeros de aventuras en el grupo de Miles Davis como el guitarrista John McLaughlin (Five Peace Band: Live; 2009) y, por supuesto, para rescatar por enésima vez aquella rentable -en todos los sentidos- y fusionista aventura eléctrica de los años 70 del pasado siglo llamada Return To Forever, tanto en nostálgicas reuniones como en antológicas compilaciones.

Durante este último decenio, Corea también ha vuelto a saborear las ventajas de la grabación en directo y de la consiguiente interacción con la audiencia. De hecho, una buena parte de sus discos han apelado a este espacio de cohesión entre creador y público para mantener su relación con el mercado. El más ambicioso de todos ellos es el reciente Trilogy tanto por su extensión (triple CD) como por la temática que aborda: de composiciones de su propio catálogo (Spain, Armando’s Rhumba o Fingerprints) a adaptaciones de Thelonious Monk (Work o Blue Monk) o Joe Henderson (Recorda Me) o nuevos acercamientos al clasicismo con Op. 11, No. 9 de Alexander Scriabin pasando por un generoso examen a pesos pesados del estándar entre los cuales se encuentran The Songs Is You, This Is New, Alice in Wonderland, It Could Happen to You, How Deep Is the Ocean? o un Someday My Prince Will Come al que suma su desatinada aportación vocal la ínclita Gayle Moran, ni más ni menos que la mujer del jefe.

La sala de invitados se completa con un par de rúbricas españolas encarnadas en la flauta de Jorge Pardo y la guitarra de Niño Josele con su intervención en el mencionado Spain y en My Foolish Heart. Ambos estuvieron presentes en el concierto que el trío de Corea, con Christian McBride al contrabajo y Brian Blade a la batería, ofreció en Madrid en febrero de 2012, incluido en la segunda de las dos giras abarcadas por este trabajo y que también desfilaron por los escenarios de Cartagena, Oakland, Zúrich, Maribor, St. Pötten o Washington DC. Todas estas ciudades tienen presencia en un álbum con el que Corea agradece la ayuda de sus mentores (ahí es nada: Bud Powell, Ahmad Jamal y Miles Davis) y al que describe como “una alegre exploración” mientras define su relación con sus músicos: “Existe una indudable química, que simplemente ocurre, y es difícil de describir. Es algo que sucede cuando tocamos juntos, y que nos hace probar cosas que nunca intentaríamos por separado.”

En realidad, nada (ni, por supuesto, la enésima dedicatoria a L. Ron Hubbard, fundador de la Iglesia de la Cienciología) sorprende hoy en un Corea propietario de una estética y una esencia propias desde hace años y que ha trocado la elasticidad y riesgo de sus comienzos, desplegada en discos tan soberbios como Now He Sings, Now He Sobs (1968), en una paleta mucho más reservada y dotada de recursos. Nadie le discute, empero, una maestría que únicamente se ve inquietada por lapsos de cierta asepsia y urgencia tendente al efectismo donde, afortunadamente, acaba imperando el calado de su sonido y una coyuntura rítmica a prueba de géneros. A sus espaldas, McBride vuelve a poner de manifiesto su brillante pulso, aunque no tan sutil y contenido como a veces requiere el contexto, mientras que Blade manifiesta un manejo de pautas rítmicas y espacios que fortifican su bien ganada reputación.

¿Aporta Trilogy algo nuevo a la más que consolidada y conocida trayectoria de Armando Anthony Corea? Consciente de la importancia de la novedad, por anecdótica que sea, el líder no duda en incorporar como primicia Piano Sonata: The Moon, una robusta composición inédita tras la que correrán desde ya mismo sus seguidores más completistas y cuyos 30 minutos de extensión arrojan algunos de los alegatos más convincentes de este disfrutable directo.