Prensa FundaMusical Bolívar

Rasgos físicos, idioma, horarios, temperamentos; todas las diferencias entre Venezuela y Japón desaparecieron este lunes, 14 de octubre, cuando la música unió, con su universalidad, a dos países; a dos orquestas. La Sinfónica Juvenil de Caracas (SJC) cerró su estancia en la nación nipona compartiendo atriles y escenario con los niños y jóvenes de la Orquesta de la Prefectura de Chiba en un concierto que derrochó fraternidad, pasión, fuerza, y que despertó -como ningún otro en ese suelo- la entrega de una emocionada audiencia.

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

Sinfónica Juvenil de Caracas en Chiba

La sala del teatro Bunka Kaikan de Chiba acogió una presentación donde ambas orquestas mostraron de qué están hechas. Bajo la batuta del maestro Michiyoshi Inoue, comenzó la agrupación local acompañando a Edicson Ruiz con el Concierto para contrabajo y orquesta de von Dittersdorf, con el que cerró su gira solista en Japón. Luego de una solemne ovación, el contrabajista se incorporó –dando con ello el primer gesto de hermandad- a la fila de su instrumento para tocar con ellos (y hasta el final) El sombrero de tres picos de Manuel de Falla; la entrega e intensidad de los pequeños hizo que el público pudiera sentirse en la más española de atmósferas.

Seguidamente, la impetuosa y versátil interpretación de la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky por parte de la Sinfónica Juvenil de Caracas dejó establecido, una vez más, el nivel artístico y técnico de las orquestas venezolanas. Las barreras se derribaron, los uniformes negros y blancos se mezclaron, y Shostakovich creó el puente que unió a dos continentes: los venezolanos y japoneses hicieron vibrar a la sala y a su audiencia con la Obertura Festiva. La fanfarria y brillo de los metales atrapó, con una banda externa repartida en los balcones de la sala, la majestuosidad de lo que estaba ocurriendo.

“Ha sido una experiencia fantástica. Nos muestra que somos diferentes e iguales”, expresó por su parte el director Inoue, quien remató sus impresiones reflexionando: “el método Suzuki llegó a Venezuela y se ha transformado hasta mostrarnos lo que hemos escuchado hoy. Ahora nosotros tenemos que aprender de ustedes”.

“Hoy he visto la música; la vivimos y la sentimos”, dijo el joven concertino de la orquesta local al finalizar la presentación, dirigiéndose a los músicos de ambas agrupaciones, que juntos, posaron con autoridades del teatro, el maestro José Antonio Abreu, Dietrich Paredes y Edicson Ruiz, para inmortalizar esta última tarde en Japón. La próxima podría ser en Venezuela, y es que, entre tanto, el director fundador de El Sistema invitó a los niños y jóvenes de la Orquesta de la Prefectura de Chiba a Caracas; “¡estoy fascinado de haber concluido nuestra visita a Japón con el encuentro con esta maravillosa orquesta!”, celebró.

Por último, el director venezolano Dietrich Paredes manifestó el compromiso que le generó conocer y trabajar con estos pequeños músico, al tiempo que recordó la importancia de una experiencia de este tipo en un país que tiene una exigente formación musical. “La orquesta de Chiba tiene gran potencial, así como un espíritu musical hermosísimo. Es bello cerrar en Japón con este concierto”, concluyó, no sin antes poner el foco en el próximo compromiso: Seúl, Corea del Sur, país al que se mudará la SJC este martes 15 de octubre para ofrecer dos conciertos, el 18 y 20 de este mes.

El Sistema llevó esperanza a Fukushima. Luego de que en 2011 perdieran a familiares y amigos a causa del Tsunami que azotó la costa de la Prefectura de Fukushima, en Japón, los 100 niños de la Orquesta Infantil de Soma recuperaron las ganas de seguir gracias a la música. Yutaka Kikugawa, gracias a la recomendación del cornista de la Filarmónica de Berlín, Fergus McWilliam, trajo a tierras niponas el modelo creado hace 38 años por el maestro José Antonio Abreu para que los “ayudara a sobrevivir” ante tanta tragedia. Y lo han conseguido con la instalación en Soma del primer núcleo de El Sistema en Japón, que arrancó con apenas 20 niños el 23 marzo de 2013, gracias a la valiosa colaboración del maestro Frank Di Polo.

Hoy este centenar de niños y jóvenes, entre 5 y 17 años, han logrado no sólo aprender a tocar el violín, la viola y el cello, gracias al trabajo de la única maestra de cuerdas de la institución Asaka Suto, sino que además formar parte de El Sistema les ha devuelto la sonrisa.

Así lo cree la estudiante del núcleo Ayano Nakagwa, de 12 años. “Definitivamente, unir la música con los niños es una experiencia maravillosa. La música me ha rescatado, y me ha permitido disfrutar de la alegría de vivir. Hasta pienso en ser maestra de música. Ha sido una experiencia gratificante”, asegura la integrante del núcleo que se encuentra ubicado en la Sakuragaoka Primary School de Soma.

Esa alegría fue compartida el domingo 13 de octubre con los músicos venezolanos del Cuarteto Libertadores, Ollantay Vásquez y Eddie Cordero (violín), Otto Rodríguez (viola), y José David Márquez (violonchelo), quienes ofrecieron un recital a los niños del núcleo, junto a la pianista Mami Hagiwara, y formaron parte de una clase magistral, conducida por Yohei Asaoka, director de cuerdas de la Orquesta Infantil de El Sistema Japón.