La agradable ciudad de Mogilev está ubicada al este de Bielorrusia a orillas del río Dnepr y este año goza de un ambiente muy especial, pues ha sido declarada como capital cultural de los estados de la CEI (comunidad de estados independientes pertenecientes a la antigua URSS) y en ella se desarrollan toda clase de eventos culturales de alto nivel en distintas disciplinas. Esta ocasión ha coincidido con la celebración de la edición número 20 de un festival que ha visto pasar una innumerable cantidad de artistas de distintos países en el área musical: el Festival de Música Sacra “Mogutny Bozhe” (Dios poderoso, en idioma bielorruso), que se celebra del 24 al 28 de junio del presente año.
VENEZUELA SE HACE SENTIR EN EL XX FESTIVAL DE MUSICA SACRA “DIOS PODEROSO” EN BIELORRUSIA

En esta ocasión, participan artistas de países como Alemania, Italia, Rusia, Moldavia, Polonia, Israel, Estados Unidos, Nigeria, Tayikistán, Ucrania, Brasil y Venezuela, y la apertura del festival estuvo a cargo de los Virtuosi de Moscú bajo la batuta del maestro Vladimir Spivakov.

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En el marco del festival, el día 25 se celebró un concierto en la Iglesia de Santa María, con la participación de la Orquesta Sinfónica y Coro de Mogilev bajo la batuta del director venezolano Gerardo Estrada Martínez y con la participación especial de la soprano brasilera Flavia Corréia, el tenor venezolano Sergio Marín y los artistas bielorrusos Anastasia Kolesnikova (soprano) Natalia Karachun (soprano) y Dimitri Radevich (barítono).

Sergio Marín

Sergio Marín

El concierto, llamado “Una Oración Latinoamericana” estuvo conformado por obras del repertorio universal como el Panis Angelicus de Cesar Frank o el Ave María de Schubert, donde el tenor Sergio Marín hizo gala de su hermoso timbre de voz, cosechando los aplausos y la admiración del público bielorruso, y también por 2 obras latinoamericanas tocadas por primera vez en Bielorrusia: la “Misa a Buenos Aires” del compositor argentino Martín Palmieri y el Te Deum del compositor brasilero Edmundo Villani-Cortés. En ambas obras se mezclan los textos en latín de la ancestral liturgia católica con los ritmos y las armonías típicas propias de los países de origen de sus compositores, planteando así una propuesta fresca y auténtica que causó verdadera impresión en el público asistente. En la primera, destacó la actuación de Sergey Grechijo en los solos de bandoneón, contrastando con la voz de Anastasia Kolesnikova, quien interpretó los solos de forma magistral, acentuando la melancolía y la íntima profundidad de los mismos. El coro tuvo una magnífica actuación resolviendo con solvencia las dificultades planteadas por la partitura, especialmente en las fugas del Kyrie y el Agnus Dei. Por su parte el Te Deum plantea una atmósfera mucho más grandilocuente, pero igualmente con coloridas pinceladas de la música brasilera. Destacó en esta obra la interpretación de los solistas, en especial la actuación de la brasilera Flavia Corréia que enfrentó el rol de la soprano que presenta grandes dificultades técnicas que fueron resueltas con maestría y sensibilidad. Igualmente Sergio Marín, Anastasia Kolesnikova y Dimitri Radevich aportaron personalidad y fuerza a una obra de por si sobrecogedora y triunfal. La orquesta realizó una interpretación de gran calidad bajo la batuta de Gerardo Estrada, quién se ha convertido en un apóstol de la difusión de la música de nuestro continente en los escenarios de Europa del Este.

El hermoso templo de Mogilev lució esa tarde repleto de gente que agradeció con cálidos y frenéticos aplausos la actuación de los artistas latinoamericanos junto a los locales, logrando un producto de alto nivel en lo que fue, en opinión de los presentes, un concierto inolvidable que marcó un hito en la historia del festival.