Vía: IPS | Por Humberto Márquez

Un bosquecillo de manos enguantadas, que se agitan gráciles y enérgicas al seguir el ritmo de una canción tropical, muestra a emocionados espectadores en el centenario teatro Mozarteum, de esta ciudad austríaca, la combinación que Venezuela hace de la educación musical y la inclusión social.

El Sistema • White Hands Choir: White Hands Choir (Coro de Manos Blancas) © Silvia Lelli

El Sistema • White Hands Choir: White Hands Choir (Coro de Manos Blancas) © Silvia Lelli

El Coro de Manos Blancas hizo su debut internacional este jueves 8 como una de las decenas de agrupaciones, ocho de ellas venezolanas, presentes en el Festival de Salzburgo, la fiesta de música y teatro con la que cada verano boreal esta urbe rinde homenaje al más famoso de sus hijos, el compositor Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791).

Son 120 niños, niñas y jóvenes repartidos entre quienes elevan sus voces y quienes, cubiertas sus manos con guantes blancos, las acompañan con una imaginativa coreografía.

La marca distintiva del coro es que decenas de sus integrantes son chicos y chicas con alguna discapacidad: visual, auditiva, motora o cognitiva, y su organización coral es la fórmula que ha desarrollado el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela para alcanzar a esas personas con sus propuestas en contra de la pobreza y la exclusión.

“Para nosotros habrá un antes y un después de participar en este festival. Es muy emocionante actuar en la ciudad donde nació Mozart y demostrar que personas sordas podemos hacer música. Estamos rompiendo límites”, dijo a través del lenguaje de señas Jessica Montes de Oca, de la primera fila en el grupo que lucía los albos guantes.

En la sala mayor del Mozarteum, con ropa oscura para mayor contraste de sus recubiertas manos, el Coro arrancó fuertes aplausos desde que comenzó interpretando música sacra, como el “Ave María”, del británico John Rutter, o “Gloria”, del argentino Athos Palma.

Las ovaciones ganaron fuerza al desgranarse piezas venezolanas como el “Canto a Caracas”, de Billo Frómeta, “Los dos gavilanes” y “Las cosas bellas de Lara”, de Adelis Freites, o el “Alma Llanera” de Pedro Elías Gutiérrez, que suele cerrar las presentaciones.

Del público, en su mayoría adultos que pagaron hasta 65 euros (86 dólares) por una butaca, llegaban hurras, vítores, aplausos, pedidos de bises e inocultables lágrimas.

En el patio, entre quienes aplaudían de pie y agitaban brazos y manos como émulos de los chicos del coro, estaba el tenor español Plácido Domingo, justo al lado del creador y conductor del Sistema de Orquestas, el músico y economista José Antonio Abreu.

“Felicidades. Estoy sorprendido de lo que empezó nada más con un gran amor de un maestro que les ha dedicado la vida”, dijo Domingo en un fugaz contacto con la prensa.

Abreu, quien inició lo que hoy es el Sistema en 1975, con una decena de muchachos en el estacionamiento de un edificio caraqueño, recordó el carácter de programa social que encarna su movimiento, el cual encuadra a unos 400.000 muchachos en casi 400 orquestas y formaciones corales asentadas en 280 núcleos de toda Venezuela.

“Este no es un proyecto meramente artístico sino fundamentalmente educativo y social, de inclusión. Hay 400.000 familias involucradas en estos programas que van contra la pobreza porque ella no es solamente la material sino también la espiritual y de identidad”, dijo Abreu en una reciente entrevista con IPS.

Naybeth García, directora del Coro de Manos Blancas, dijo en vísperas de su presentación en Salzburgo que “ya hay exactamente 2.004 niños y jóvenes con discapacidad integrados a las corales del Sistema, consecuencia de un trabajo iniciado hace 20 años para la educación e integración de personas que tienen discapacidad y las que no”.

“No es integración con la normalidad, sino hacer de la integración la normalidad. Aquí tenemos personas con discapacidad que dan lecciones de musicalidad y de vida, para que reflexionemos los que no tenemos esas discapacidades”, postuló García.

“Para mí todo es divertido, pero si no hubiéramos trabajado tanto no hubiéramos logrado estar aquí, demostrando que una silla de ruedas no es una barrera”, expresó John Jairto Rojas, con limitaciones de motricidad y lenguaje.

Otro joven, Alfredo Briceño, sin las discapacidades de sus compañeros de coro, se integró a la actividad por interés artístico y también de compañerismo: desde niño cursó estudios con Gustavo Flores, ingeniero, casado con dos hijos, e invidente que se multiplica en la agrupación como tenor, tecladista y claro animador.

Salzburgo ha representado para el Sistema una nueva cosecha de reconocimientos, comenzando porque la agrupación en la cúspide de la organización, la Sinfónica Simón Bolívar que dirige el joven estrella Gustavo Dudamel, quien también lleva la batuta en la Filarmónica de Los Ángeles, Estados Unidos, inauguró el Festival el 24 de julio.

También han participado, en esta ciudad que exhibe afiches de la orquesta y hasta banderas de Venezuela en algunos de sus edificios, la Coral Nacional Juvenil, el Ensamble Cuarteto de Cuerdas, el Ensamble de Metales, la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, la Sinfónica Juvenil de Caracas y la Orquesta Nacional Infantil.

Experiencias de semanas como esta, que trajo de Venezuela a un total de 1.400 músicos, son aprovechadas por los venezolanos como vitrina para promocionar, en América Latina y el Caribe pero también en otras regiones, los sistemas orquestales como mecanismo de exaltación y renovación de la música, pero también de búsqueda de nuevos caminos para la integración social.