Vía: www.elpais.com.uy/ EL PAÍS ESPAÑA | CLIVE DAVIS-FERNANDO NAVARRO

Es una de las voces más emblemáticas de la música popular del último medio siglo, y sacó nuevo disco: “Duets: Re-working the catalogue”, en el que repasa su cancionero menos conocido acompañado de amigos y grandes camaradas sobre los escenarios como el fallecido Bobby Womack, Steve Winwood, Mark Knopfler, Taj Mahal y Mavis Staples, entre muchos otros.

—Este disco se grabó bastante rápido. ¿Le gusta entrar al estudio y no tardar demasiado?

—Soy de la escuela del “entras y sales” de John Lee Hooker.

—¿Cuándo conoció por primera vez a Taj Mahal?

—Más o menos en la década de 1970. Estábamos actuando juntos en un concierto. Creo que era en Filmore West, en San Francisco, a principios de la década de los setenta. Taj era el telonero. Salió él, y luego yo, y todavía estaba por ahí. Cuando salí, las luces eran tan brillantes, incluso con lentes de sol, que no podía ver. Taj subió al escenario y dijo que apagaran las putas luces. Lo hicieron porque ese tipo, que medía como dos metros, se los estaba diciendo y pude dar el concierto. Fue entonces cuando lo conocí.

— Se puede decir que le atraen los pequeños conciertos.

—Siempre me han gustado, no es nada nuevo. Es difícil hacerlo desde un punto de vista financiero, cuando tienes los gastos generales que tengo. Además, nunca me ha gustado viajar, especialmente los viajes de larga distancia. Ahora me gusta todavía menos porque estoy cansado. Solo quiero cruzar el puente después de un concierto e irme a casa.

—Sus músicos nunca saben realmente lo que va a aparecer en su lista de canciones en un momento dado de una velada.

—Sí, tienes que hacerlo así porque de lo contrario se vuelve aburrido, ¿no?


—Es un poco como en el jazz.

—Vengo de una época diferente de la que viene mucha gente. La gente con la que andaba cuando era niño era mucho mayor que yo. A ellos les gustaba el jazz, y a algunas personas de mi edad les gusta el jazz, el blues y la música country. Había mucha gente por mi zona que, por una extraña razón, tenía estudios de grabación y estaba metida en esto. No sé cómo fue posible porque era una zona muy pequeña. Sí, yo crecí en esa clase de época. Era más esotérico. Era música que te hacía pensar. Escuchar jazz era un compromiso intelectual. No era encender la radio y escuchar las 10 mejores canciones. Por eso me críe con esa mentalidad, gracias a Dios, en vez de recibir la sabiduría popular de la BBC; y eso que, aunque parezca mentira, en aquella época tenía buenos programas de música. Yo vengo de esa época. Hoy en día, eso sería como ser un dinosaurio. Vengo de una época pasada.

—¿El blues y el rhythm & blues (R&B) se han convertido en algo diferente?

—Es terrible. No puedo entender lo que ahora llaman R&B. No tiene ningún ritmo. No tiene ningún blues. Para mí, es muy arrítmico. Me parece que es muy robótico. No sé lo que es.

—Pero se ha convertido en este fenómeno popular.

—Bueno, es lo que ocurre. Las palabras adquieren significados diferentes después de un tiempo. Es como la palabra “espiritual”. ¿Qué significa? Hoy en día podría significar cualquier cosa. Es como “soul”. Ya no sé lo que es ahora. Para mí, el soul era Ray Charles, Sam Cooke, Bobby Bland, Solomon Burke, Bobby Womack. ¿Pero qué es ahora? Es solo una palabra. ¿Qué es el jazz? Algo empezó con Jimi Hendrix. Por tanto, el punto de partida fueron realmente las guitarras potentes y los acoples, y luego eso se convirtió en el blues. Para mí, no es blues. El blues es Junior Wells y Buddy Guy en un club en vivo.

—¿Es optimista o pesimista en cuanto a las tradiciones del blues y el jazz?

—No sé si realmente sigue habiendo una tradición. Tuve la suerte de conocer a todas esas personas y de trabajar con ellas. Recuerdo la primera vez que vi a Jimmy Witherspoon tocar en Londres. Fue increíble, una experiencia espiritual, a falta de una palabra mejor. Luego le conocí. Tenía unos 65 años, salió, se me acercó y me habló, y frecuentaba los bares como la gente normal. Tuve la suerte de encontrarme con esas personas, de llegar a conocerlas, de salir con ellas y de aprender y observar