Vía: eluniversal.com  | JONATHAN REVERÓN | (Fotos Gustavo Bandres)

Estos músicos han presenciado la consolidación del Sistema de orquestas.

Cuando se logra estar en el lugar que se soñó desde la edad más temprana, se entiende mejor aquello de que la vida es extraordinaria. “En diciembre pasado mi orquesta y yo cumplimos veinte años juntos”. Verónica Balda, violinista de 31 años, concluye con esa frase su primera intervención que dura, de corrido, tres minutos.

Aquí, entre ellos, literalmente, veinte años no son nada. Han vivido las experiencias que en otras épocas habrían requerido de toda una vida y quien sabe de cuántas estrategias de marketing.

Entraron al Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela cuando la institución era menos ensayo y error, cuando el Estado venezolano, empresas e instituciones internacionales ya daban crédito a lo que venía ocurriendo en todo el país. Ellos fueron los primeros etiquetados como niños prodigio, dando resultados que consolidaron la talla universal de la metodología de enseñanza musical.

Con excepción de Balda, ninguno tiene familia con tradición musical. “Mi mamá me metió en el Sistema porque estaba buscando una actividad extra cátedra cuando estaba en el colegio”, comenta Kevin Guerra, chelista nacido en Caracas, quien ahora emprende una carrera como solista y es al mismo tiempo miembro de la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño.

Johana Muñoz ya está tomando el camino de la docencia. “Yo vi una de nuestras orquestas en la televisión a los cinco años y le dije a mi mamá que eso era lo que quería hacer. Ahora, en el tiempo que tengo enseñando, he aprendido muchísimo”.

Édgar Calderón, chelista de San Juan de los Morros, dice que desde hace diez años la cantera musical de su terruño se ha repotenciado. “Acaba de salir un censo que contabilizó 40.000 coralistas en el estado Guárico”, porque la idea en esa región ha sido siempre que cada orquesta tenga su coro, y por supuesto su ensamble de música criolla.

De las audiciones al mundo

Verónica, Kevin, Johana y Édgar conversan sentados en las butacas de la Sala Anfiteátrica N° 2 del Centro de Acción Social por la Música, ubicada en Quebrada Honda. Dicen que por primera vez se sienten relajados en ese auditorio: “Aquí se hacen casi todas las audiciones de nuestras orquestas. Cuando uno entra en esta sala tiembla. Donde nosotros estamos sentados se sienta el jurado. Esta sala tiene muchas historias”, asegura Calderón. “¿Verdad Kevin?”, y Kevin ríe: “Yo siempre he estado del lado del atril. Ese día hace más frío, el pánico arranca desde el ascensor”.

Unos buscan demostrarle al jurado que tocan mejor y otros abonar a la excelencia. “Se sufre tanto o más que ellos”, interviene Édgar, quien no sólo es músico de la Sinfónica Simón Bolívar, sino profesor. También ha sido jurado de audiciones.

Los venezolanos somos conocidos en todo el mundo por el petróleo, por las misses, por tener extraordinarios peloteros; la generación de ellos cuatro abre una nueva manera de dar a conocer nuestro gentilicio, pisando escenarios que sus propios maestros siguen ambicionando. “Yo jamás pensé que podría pisarlos”, aclara Guerra. “Pero más allá de todo eso, por ejemplo, la semana pasada estuve en Coro en el marco de un festival de violonchelo y le di clases a niños más chamos que yo, lo mismo me pasó en Barinas… Más allá de la inclusión que brinda nuestro Sistema, uno se queda impresionado con la calidad de los ejecutantes. Yo espero que la música me dure toda la vida para ser parte de esa formación”.

Una partitura por escribir

Las revelaciones suelen acrecentarse en la plenitud de los treinta años, pero ello no significa que mujeres y hombres estén claros del destino que quieren escribir para sí mismos. Sin embargo, se tiene más convicción de los caminos que definitivamente no quieren tomarse.

“Queremos seguir transformando la vida de niños y jóvenes, así como ese padre o representante que los acompaña al núcleo; una madre y un padre que en nuestro caso se traduce en un equipo de técnicos y académicos gigantesco, nuestro compromiso con la generación que viene es dotarla de lo mejor que hemos aprendido”, expresa Muñoz.

Veinte años después, Johana Muñoz es responsable de un núcleo. “Quiero tener la oportunidad de que todos los niños puedan vivir lo mismo y que trascienda a sus familias, que refuercen los valores en el hogar”.

Calderón prefiere el título de profesor porque a su juicio maestro hay uno solo. “Tener ese título de maestro es un sacrilegio. Maestro es José Antonio Abreu. Uno vive a través de ellos, de los alumnos, de los compañeros que triunfan a escala mundial. En esta vida uno, en lo personal, quizás no puede lograr algunas de las metas que se plantea, pero entonces queda asegurarse de que se logren a través de los alumnos. Uno vive intensamente los logros de Dudamel o de Payare; ellos representan un orgullo inmenso, igual como si lo hubiese alcanzado yo, pero a través de ellos”

QUIÉN ES QUIEN

Yohana Muñoz 

Inicia su formación musical a la edad de 5 años en el año 1989, en Caracas. Perteneció por más de 12 años a la fila de violines de la Sinfónica Juvenil de Caracas. Hoy día es la Directora del Núcleo Seniat, inaugurado hace apenas cinco meses. Allí gestiona la formación musical de más 90 niños y adolescentes. Se encuentra estudiando tercer semestre de Ciencias Pedagógicas en la Universidad Católica Andrés Bello.

Verónica Balda 

Nacida en una familia de músicos inmigrantes argentinos, se inclinó por el estudio del violín. En 1990 comenzó sus estudios en el Conservatorio de Música José Luis Paz en Maracaibo. Perteneció a la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela, y en el año 2001 se residenció en Caracas para formar parte de la fila de violines de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, que dirige Gustavo Dudamel. Es licenciada en Música, mención Ejecución Instrumental, y actualmente cursa un MBA en el Instituto de Estudios Superiores en Administración.

Édgar Calderón

Es el principal de la fila de violonchelos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. En 1994, con tan sólo 10 años de edad, se interesó por la música y asistió al Núcleo de San Juan de Los Morros, en el estado Guárico. Realizó su primera gira internacional por Estados Unidos en el 95 con la Orquesta Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela. En estos momentos, lidera el Ensamble de Violonchelos Simón Bolívar; es miembro del Cuarteto Roraima, y forma parte de la plantilla de profesores de la Academia Nacional de Violonchelo.

Kevin Guerra

Nació en Caracas en 1991. Ingresó al Núcleo de Montalbán con 6 años de edad. Luego de su formación coral y musical decidió dedicarse al estudio del violonchelo. Actualmente cursa estudios en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), y pertenece a la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño de Venezuela. Debutó como solista en el año 2011, durante la realización del Primer Festival de Jóvenes Solistas, bajo la dirección de Christian Vásquez.