Rumbo a los 65 años, Felipe Izcaray muestra un semblante radiante bajo el sol de su tierra, rodeado de niños y niñas como Director Artístico del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Carora, Estado Lara, en una etapa de vida que le da gran satisfacción. En esta tercera entrega, Venezuela Sinfónica como noticiero digital líder dedicado exclusivamente al mundo sinfónico de nuestro país, conversa sobre sus apreciaciones de la música en Venezuela, sus recuerdos y sus gustos, así como también explora la relación entre música y familia.

Evelyn Navas Abdulkadir, Entrevista Exclusiva para Venezuela Sinfónica.

A su regreso de Salta, Argentina, Felipe Izcaray se establece en Porlamar, como titular de la Orquesta Sinfónica del Estado Nueva Esparta. Tras cuatro años allí, emprende nuevo rumbo hacia su terruño y allí reside hasta el sol de hoy como Director Artístico del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles en Carora.

En la conversación surge el nombre del Maestro José Antonio Abreu, y viene a sus memorias los comentarios que hacía el Maestro Vicente Emilio Sojo: “De mis alumnos de composición, Abreu era el de mayor talento para lo que estuviera relacionado con el contrapunto y el dominio de las formas musicales”. Solía alabar su oído melódico y harmónico. Lo conocía por excelentes referencias: “En 1968 un memorable discurso de José Antonio en el Congreso Nacional, en el cual era diputado por el Uslarismo, convenció al parlamento para quintuplicar el presupuesto de la Orquesta Sinfónica Venezuela, y permitir asignar salarios decentes a sus integrantes. Lo conocí personalmente cantando para él en un concierto de la OSV en el que participó el Orfeón Universitario de la UCV, del cual yo era miembro y subdirector. Fue una bella experiencia. Comencé a notar el interés y el acercamiento de Abreu hacia los jóvenes músicos. Recuerdo el asesoramiento que le dio a un cuarteto de flautas dulces que integraban unos amigos. Desde que comenzó su labor al frente de la Orquesta Juvenil Juan José Landaeta apoyé decididamente la idea y el proyecto. Si bien en lo personal nunca he estado entre los más allegados al Maestro, en lo profesional siempre no ha habido otra cosa que no sea reconocimiento y respeto mutuo”.

Su apoyo al Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles, El Sistema como se le conoce, ha sido siempre sincero, trabajando en él. “Desde 1979, cuando dirigí por primera vez a la Orquesta juvenil de Lara he estado siempre disponible para colaborar en calidad de titular o invitado en todos los niveles del sistema. He sido ‘apagafuegos’ en lugares donde había conflictos, y el haberlos solucionado me ha llenado de satisfacción, porque es un grano de arena en medio de una gran empresa musical y social de mi país. No verás mi nombre en los libros que se han escrito sobre El Sistema porque mi participación en el organismo ha sido más bien de bajo perfil, pero siempre he estado ahí, dispuesto a trabajar por los niños, que son lo que realmente importa”.

Sobre su relación con Abreu comenta que: “No siempre ha sido fácil. En el plano personal, hace unos años él estaba enojado conmigo (sin razón, te lo aseguro), y cuando se enteró de una crisis de salud de un hijo recién nacido, que no tuvo un final feliz, José Antonio demostró un lado muy especial de su personalidad y tomó algunas decisiones para beneficiarme y ayudar a mi familia, cosa que le agradeceré mientras yo viva. En el plano profesional, al principio de los 80 yo fui quien más veces dirigió la Orquesta Simón Bolívar después de José Antonio. Ese fue un entrenamiento insustituible que yo necesité y obtuve sin condiciones. En una oportunidad, y por esa época, alguien le comentó que le había sorprendido cómo dirigí un concierto, y Abreu le contestó “Yo sé en manos de quien entrego la república”. En esos dos planos está dibujada mi relación con el Maestro Abreu”.

Al nacer El Sistema, Felipe Izcaray aprovecha la oportunidad para incorporar a Carora en este movimiento musical juvenil: “Al mismo tiempo que estaba naciendo la orquesta juvenil, se estaba formando una orquesta de niños en Carora, mi pueblo natal, gracias a la llegada de tres docentes musicales chilenos. Uno de ellos era luthier y construyó violines y cellos con madera de Carora. Recuerdo que le llevé a José Antonio Abreu un violín sin barnizar para que viera lo que se estaba haciendo en Carora, y se apareció allá en un lapso de dos días. Desde entonces, Carora se integró al flamante sistema como uno de los núcleos iniciales”.

José Antonio Abreu en un ensayo de la Orquesta Infantil de Carora.

José Antonio Abreu en un ensayo de la Orquesta Infantil de Carora.

Nuestra música, lo clásico y lo contemporáneo

Para Felipe Izcaray es difícil catalogar sus gustos por la música académica. Ha dirigido un repertorio rico y extenso: “Es una pregunta más difícil de lo que parece. Son tantos los elementos que me atraen a la música académica, habiendo crecido escuchando a mi padre tocar Chopin, Beethoven y Bach, o como miembro de los coros en los que canté y me llené de vida, el poder místico que se siente cuando uno por primera vez levanta la mano, la baja y se producen esos maravillosos sonidos… es muy profundo como para describirlo en pocas palabras. Siempre digo que un acorde de Sol mayor me abrió la puerta de la música. Asistí como oyente a un ensayo público del entonces incipiente Orfeón Carora, una especie de muestra de lo que se estaba forjando. Lo primero que cantaron fue ‘La Primavera’ de Moisés Moleiro, y ese primer acorde de Sol Mayor, precedido por un Re unísono fue como el comienzo de ‘Encuentros Cercanos del Tercer Tipo’ de Spielberg, un crescendo de pianísimo y un acorde que fue un mazazo, por no decir un coñazo, en mi árida adolescencia. Sin haber cumplido los 14 años, ya sabía lo que quería ser. Al día siguiente ya estaba rogándole a Juan Martínez Herrera que me aceptara en el coro con mi voz cambiante, con mis gallos. Fui tan insistente que Juan no pudo con mi testarudez, y fui fundador de ese glorioso coro que cambió mi ciudad y mi vida. Por eso no sé cómo hablar de qué me atrae de la música, porque es una vivencia, más que una atracción. Con la música latinoamericana me une algo que me llegó a través de los coros. Tenemos compositores tan meritorios como los de otros lares, con idiosincrasias propias de sus regiones. ¿Por qué entonces no darles el puesto que se merecen en los repertorios de coros y orquestas?”.

El Orfeón Carora en una de sus primeros conciertos en 1964.

El Orfeón Carora en una de sus primeros conciertos en 1964.

Al hablar de los compositores venezolanos, la labia del maestro Izcaray se extiende y el listado crece. Más allá de la preferencia, está el gran cariño que siente por lo que se conoce como ‘Escuela de Santa Capilla’. Así que casi con vehemencia nombra: Antonio Estévez con Cantata Criolla y Concierto para Orquesta. Evencio Castellanos con Santa Cruz de Pacairigua y El Río de las Siete Estrellas. Gonzalo Castellanos Yumar con Suite Caraqueña y Antelación e Imitación Fugaz. Modesta Bor con Obertura Sinfónica y Genocidio. Inocente Carreño con Margariteña y Suite No. 1. Antonio Lauro con Giros Negroides y Concierto para Guitarra. Juan Bautista Plaza con Vigilia, Fuga Criolla y Las Horas y José Antonio Calcaño con Obertura ‘Miranda en Rusia’. Y en cuanto a nombrar madrigales y arreglos corales tan característicos de nuestros compositores, dice que no terminaría nunca. Eso expresa mucho de la gran calidad de nuestros músicos: “Tendría que comenzar por la ya mencionada ‘La Primavera’ de Moleiro, y seguir con Canción Otoñal de Sojo, Mata del Anima Sola de Estévez, Aprended Flores de mí de Víctor Guillermo Ramos, El Santiguao de Federico Ruiz, Rosas Frescas de Juan Bautista Plaza, Balada del Granado Verde de Eduardo Plaza, Evohé de Calcaño, Madrigal de José Antonio Abreu, Al Mar Anochecido de Gonzalo Castellanos… ¡Y pare usted de contar!”.

Es tanto su amor por la música venezolana, que estando en Salta, Argentina, como director titular de la Orquesta de Salta, aprovechó para proyectar a nuestros compositores en aquellos lares: “¡Claro, por supuesto! En mis seis años como titular de la Orquesta Sinfónica de Salta se interpretaron varias obras venezolanas, desde las más conocidas hasta algunas más recientes, como por ejemplo ‘Introducción y Mambo Caprichoso’ de Luis Ochoa, interpretada por 4 guitarristas jóvenes salteños con nuestra orquesta. Para muestra, cito dos artículos que aparecieron en diarios de Buenos Aires a raíz de nuestro concierto en el Teatro Colón en 2002, sobre la obra ‘Santa Cruz de Pacairigua’ de Evencio Castellanos”.

“…Sin embargo, todo resultó aún más brillante y significativo al escucharse el poema sinfónico ‘Santa Cruz de Pacairigua’, del venezolano Evencio Castellanos, un creador fascinante por esta obra, merecedor de ser apreciado con mayor frecuencia, cuya partitura es una catarata de inspiración y de originales ideas sonoras sumamente agradables”.

Juan Carlos Montero, LA NACIÓN

Interpretaron, además, ‘Santa Cruz de Pacairigua’ de Evencio Castellanos, recopilador y hábil orquestador polirrítmico y bitonal; en su obra se destacó el típico vals venezolano, tambores aborígenes y hasta la interpolación inteligente de algún canto gregoriano”.

Abel López Iturbe, AMBITO FINANCIERO

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Para Felipe Izcaray es fácil retroceder en el tiempo y acordarse –cuenta con una memoria prodigiosa y una colección de datos históricos fascinantes- de sus tiempos de formación. Él es producto de una constante búsqueda, de una amalgama de conocimientos en muy variadas artes, que van más allá de la música y esa es una lección que los jóvenes músicos de hoy deberían tomar en cuenta, para ser más integrales. Nos cuenta el maestro: “Mi materia favorita en secundaria fue Educación Artística, en 2º Y 4º Año. Mi profesor fue el entonces sacerdote escolapio Pedro Zazpe, quien también era músico, buen pianista, y colaboró con el Orfeón Carora. Tenía una fabulosa colección de diapositivas de obras de arte y con ellas puede viajar por museos y ciudades de otros continentes. Mi imaginación hiperquinética me llevó a apreciar la arquitectura griega (dórico, jónico, corintio), a tal punto de que en las películas como Alejandro Magno, Jasón y los Argonautas, o Elena de Troya me esforzaba por identificar los capiteles de las columnas. Mi preferencia por la arquitectura continuó con las catedrales góticas. Pero hay un viraje hacia la pintura cuando llegamos a los impresionistas. Fui cautivado por la brumosa catedral de Monet que inspiró a Debussy para su ‘Catedral Sumergida’, por los puntos de Seurat, por las putas de Toulouse-Lautrec, las bailarinas de Degas, las estrellas de Van Gogh y las impresiones de nuestro propio Reverón. Tuve también excelentes profesores de Literatura y Filosofía en bachillerato. Fui miembro de la primera promoción de Humanidades de Carora, y por eso mi preferencia por esas disciplinas. Sin embargo, cuando se habla de las artes, me confieso un apasionado del séptimo, del cine. Crecí pudiendo ver películas en ambientes parecidos a ‘Cinema Paradiso’, aunque sin curas censores. Cuando llegué a Caracas a estudiar en la universidad ya había visto buen cine, incluyendo películas que comprendí años después de haberlas visto, como ‘El Silencio’ de Bergman. La Caracas de los años 60 era el paraíso del cinéfilo, y así lo aproveché”.

Monet: La catedral de Rouen, inspiradora de “La Catedral Sumergida” de Debussy.

Monet: La catedral de Rouen, inspiradora de “La Catedral Sumergida” de Debussy.

 

Un libro favorito

En mi género favorito, que es el cuento, un poco conocido libro de Truman Capote, ‘Música para Camaleones’. Su narrativa es impecable, y me fascinó especialmente una semblanza que hace, en un cuento, de Marilyn Monroe. En el género de novela me voy con las de Herrera Luque, sobre todo ‘En la Casa del Pez que Escupe el Agua’, y también ‘La Trepadora’ de Gallegos, una historia definitivamente adelantada a su época, retrato de una defensa de los derechos de la mujer que ni se soñaba.

Libro que lee actualmente

‘70 Años de Humor en Venezuela’, de Roberto Echeto (curador). También ‘Purgatorio’  de Tomás Eloy Martínez.

Música que escucha hoy

En CD: Swing con Son, el homenaje a Billo de El Trabuco Venezolano de Alberto Naranjo, la mejor orquesta ‘Big Band’ de salsa que jamás ha existido. En Cassette: estoy revisando mis viejas grabaciones para escoger cuáles digitalizo a MP3, y me he encontrado con varias versiones sorprendentemente satisfactorias de mi propio pasado, como por ejemplo la Water Music de Handel con la Filarmónica de Caracas, la 5ª. Sinfonía de Shostakovich con la OSMC, 5ª de Prokofiev con la OSV, y Scheherezade de Ravel con Morella Muñoz y la OSMC. Sigo escarbando.  

Su canción favorita de todos los tiempos

Ha cambiado con el correr de los años. A los 7 años canté en un programa de aficionados en Radio Carora el bolero ‘El Mar y el Cielo’ del integrante de Los Panchos Julito Rodríguez. Canciones van y vienen, y en estos momentos la favorita creo que es ‘Blackbird’ de Paul McCartney y los Beatles, del famoso ‘Álbum Blanco’.

La música, un arte que cautiva con sacrificios

Felipe Izcaray medita cuando se le pregunta sobre qué tanto de suerte y de empeño ha tenido para alcanzar el éxito. Así es cómo relaciona que la música no ha sido un camino fácil, sus propios estándares de vida le han determinado la senda, siempre marcado por una ética de vida y una exigencia personal que a veces no redunda en dinero: “Estoy consciente de que para llegar al lugar actual he tenido que sacrificar muchos aspectos de una vida que ha podido ser monetariamente más satisfactoria. Esa imagen del artista forrado de dólares es muy exagerada, sobre todo en nuestros países, en los que el salario se diluye entre los políticos y sus políticas. Mi norte fue siempre ser un músico honesto, conocedor de lo que hace, y eso conlleva el estudio, la preparación. También me he caracterizado por ser muy testarudo con respecto a mis metas, y me frustro demasiado cuando se atraviesan escollos que no tienen nada que ver con el arte, sino más bien con mezquindades. Me satisface que durante toda mi vida las personas que me ayudaron lo hicieron para que me preparara, para que estudiara, no para conseguir cargos ni escalar peldaños. No poseo bienes de fortuna, lo cual podría interpretarse como que no he tenido suerte, pero si reviso mi vida, si veo hacia atrás y examino mi presente, mi conciencia está tranquila, he llevado mi profesión con honestidad y profesionalismo, tengo una familia maravillosa, vivo con el amor de mi vida desde hace casi 45 años, disfruto cada minuto de lo que hago en mi profesión y, mal que bien, vivo una vida digna. Mi mejor recompensa es el respeto y el afecto de los jóvenes y niños a mi cargo, y el amor de los míos”.

La música también le ha dado experiencias muy cautivadoras. Y al evocar, en la memoria surge un recuerdo único, de un momento especial. “En 1977 estuvo en Venezuela el gran director rumano Sergiu Celibidache para un homenaje a Vicente Emilio Sojo. Durante un almuerzo en el que coincidimos después de un concierto que le había disgustado bastante, me atreví a decirle que las grabaciones, si bien no reflejan la realidad genuina, son un mal necesario en sitios como mi pueblo en el que no había ninguna actividad cultural en mi niñez. El me dijo que escuchar música grabada era como hacer el amor con una fotografía de Brigitte Bardot. Mi respuesta fue ‘Ay, Maestro, si le cuento cuantas veces yo he hecho el amor con una fotografía de Brigitte Bardot…’. Entonces se sonrió y me dijo: ‘Usted tiene un concierto en el festival, ¿no? … pues yo voy a ir, porque si le voy a decir cretino tengo que hacerlo con base’. El día del concierto con el Coro de Cámara de Caracas, salí a dirigir en la Sala Ribas y ahí estaba Celibidache, en la misma fila que Antonio Estévez, Antonio Lauro, Modesta Bor y José Vicente Torres. Es la única vez en mi vida en que literalmente me temblaron las piernas. Gracias a Dios, los muchachos respondieron y el concierto fue un éxito. El maestro me vino a saludar, me besó ambas mejillas y me dijo ‘No te hace falta nada’. Al día siguiente en una entrevista para Radio Nacional (cuya grabación poseo, por si alguien tiene dudas o se muestra incrédulo) se expresó muy generosamente sobre mi persona. Ese es un gran recuerdo”.

También hay momentos más graciosos y es así como Izcaray apunta por uno muy cómico: “La anécdota más jocoso sucedió en 1983 durante el ballet ‘Cascanueces’ en el Teatro Municipal. En medio de la función, y ante la mirada atónita de bailarines y de la actriz América Alonso, un obrero de limpieza del teatro atravesó el escenario cargando un balde y un coleto. En medio de su caminata, se dio cuenta de que había una función en progreso, miró al público, a los bailarines, a la orquesta, se encogió de hombros… y continuó su caminata hasta el otro extremo como si nada”.

Hoy a punto de cumplir los 65 años el 24 de abril próximo, Felipe Izcaray prefiere dibujar sueños más vinculados con la familia, con el disfrute de sus tres hijos, de los nietos –que se están multiplicando y llenando de cuentos nuevos su anecdotario familiar. “Celebro los triunfos de mis hijos, todos músicos por cierto. Desde las experiencias sencillas o los grandes acontecimientos. Pude estar en ensayos y en una función de la ópera Carmen de Bizet dirigida por mi hijo Carlos en St. Louis, Estados Unidos, con excelentes solistas y la extraordinaria St. Louis Symphony y ver que los músicos golpeaban el piso con sus pies cuando Carlos entraba en los ensayos, y aplaudían en la función, me dio un ataque de orgullo. Ese orgullo también es alimentado por el hecho de que mis tres hijos son excelentes profesionales de la música”. Sin embargo, en lo profesional, aún hay obras que no ha dirigido: “Para eso todavía tengo chance”.

Junto a su esposa Norma Isabel Pinto, crió tres hijos músicos, que despuntan por sí solos en el exterior. Carlos Izcaray Pinto es quien le sigue los pasos como director orquestal. Hoy es el flamante director musical de Alabama Symphony Orchestra, un nombramiento que causó revuelo noticioso en todo el mundo. Es violoncelista, con esposa y dos hijas: “Es director sinfónico y de ópera. Ha incursionado en la composición, y tuve el inmenso placer de dirigir el estreno de su obra ‘Cota Mil’ con la Orquesta Municipal de Caracas hace un par de años”. Luego está Manuel Felipe Izcaray Pinto que es músico intérprete del contrabajo, principal de la sección en la Orquesta Sinfónica de Salta, Argentina: “Vive con su prometida y dos hijos en Salta. Manuel es un inquieto artista siempre en la búsqueda de su espíritu musical. Compone y canta hermosas canciones que se acompaña a sí mismo en diversos instrumentos”. Por último, Samuel Ignacio Izcaray Pinto, quien es músico intérprete de bajo eléctrico y viola: “Actualmente reside con su prometida e hija en Buenos Aires, Argentina, donde cursó estudios en la Escuela de Música de Buenos Aires. Se dedica a la docencia de varios instrumentos y forma parte de la fila de violas de la Orquesta Académica de Buenos Aires”.

Felipe Izcaray está presente en las redes sociales como en Twitter en @fizcaray y en Facebook, donde siempre publica datos, fotografías, vídeos y audios históricos, que el público puede recibir con la ilustración de un gran maestro. Sin embargo, nos advierte que: “Soy afecto a las redes sociales siempre y cuando cumplan un rol informativo y educativo, y no que se usen para difundir mentiras, exageraciones o exclusivamente para hablar pendejadas. Difundir videos históricos, o documentos trascendentales, es una de las más sublimes misiones de estas redes. Poder disfrutar de Stravinsky dirigiendo el ‘Pajaro de Fuego’ te da una perspectiva de cuál era su verdadera concepción de la obra. Difundir tus ideas y criterios para que los  lean tus amigos es un rol pedagógico que esas redes permiten ejercer. En lo que si no he podido avanzar es en el uso de programas de edición musical. Algún día aprendo (risas)”.

Los músicos han aprendido a mercadearse, incluso los clásicos como el pianista chino Lang Lang. La finalidad es atraer al público, vincular lo académico con lo comercial. “La publicidad puede crear espejismos que tarde o temprano se diluyen. No me importa tanto que Lang Lang sea una figura mediática, siempre y cuando se suba al escenario toque bien y respete a los compositores. Richard Clayderman en su momento fue muy famoso por sus ojitos azules, pero como pianista era casi que a nivel de ‘Los pollitos dicen’. Los video-clips crearon falsos ídolos a base de cuerpazos y contorsiones que si dejan de ‘sonar’ un par de meses son fácilmente olvidados. Ella Fitzgerald, Janis Joplin y Los Beatles hacían lo que hacían sin aspavientos y son eternos. Cito al animador Bill Maher para ilustrar: “The Rolling Stones still rock… Justin Bieber sucks!”. Herbert von Karajan y Leonard Bernstein fueron campeones en el uso de los medios y de la TV en pro de la difusión de la música. Bernstein con su ‘Music for the Young’ llevó la música a millones de jóvenes en todo el mundo con explicaciones sencillas y accesibles. Ese mercadeo, publicidad e imagen cuenta con mi apoyo”.

Los jóvenes y el futuro musical de nuestro país

Con mucho afecto Felipe Izcaray recuerda a un gran maestro: Emil Friedman. “Yo siempre me he identificado con los jóvenes. Una de mis más sublimes experiencias fue trabajar con el Maestro Emil Friedman en su colegio. Es una de las mejores orquestas que he dirigido, y contaba con el aprecio de los niños, orquesta y coro”.

Es un ferviente admirador de la juventud: “Con satisfacción puedo decir que entre mis mejores amigos están antiguos alumnos de orquestas y coros juveniles. En El Sistema he tenido experiencias increíbles, y puedo citar la actual, la que estoy viviendo en mi tierra natal larense. Siento que mi labor aquí cuenta con el aprecio de los niños, jóvenes y sus representantes. Eso no se logra repartiendo caramelos, sino con demostrarles que ellos son artistas y que pueden llegar lejos”.

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Ensayos de la Cantata Criolla de Antonio Estévez para el Concierto del XX Aniversario de El Sistema en 1995.

Ensayos de la Cantata Criolla de Antonio Estévez para el Concierto del XX Aniversario de El Sistema en 1995.

A eso se suma mi experiencia de tantos años con las orquestas banderas de El Sistema, la cual ha sido siempre estupenda. Siento que cuando yo pido, ellos dan. Siempre me agradecen el aprendizaje que intento infundirles, con obras que no conocen, o explicaciones sencillas de las que ya conocen”.

Felipe Izcaray

Durante su estadía en Margarita como director titular de la Orquesta Sinfónica de Nueva Esparta, el contacto con los talentos juveniles, le reafirmó un área de vida que le gusta mucho: “Además de las buenas experiencias que podría mencionar en Margarita, creo que la más trascendente es la docente, el descubrimiento de nuevos valores de la dirección, entre ellos mi alumno José Ángel Salazar, quien ya está dando que hablar a nivel nacional e internacional, y con quien mantengo una relación docente y personal muy positiva”.

José Angel Salazar Marín y Felipe Izcaray

Cuando Felipe Izcaray habla de la potencialidad de nuestra Venezuela musical, nos explica “Viene de la esencia de cómo se combinaron en nuestro país los tres ancestros musicales de los que hablaba Antonio Estévez: el indígena, el europeo y el africano. Nuestra música es variada, avasallante, triste, alegre, melancólica, esperanzadora, rítmica como una complicada trama del ¾ y 6/8, estática y monódica como una tonada de ordeño, picarona como una guasa caraqueña y elegante como un pasillo andino, y afrocaribeña como nuestra salsa que es buenísima. Tenemos músicos populares que trascienden. Desde que Elionel Belasco y Aldemaro Romero tumbaron muros en los grandes mercados, nuestra música se hizo sentir. Si usted va a Japón y canta ‘Moliendo Café’, le van a decir con entusiasmo ‘¡Coji Rumba!’ (Coffee Rumba), porque en los 60 Edith Salcedo la popularizó de tal manera que ellos creen que es una canción japonesa. Por muchos años la música de Venezuela tuvo dos embajadores en el plano de la música académica: el compositor Antonio Lauro y el guitarrista Alirio Díaz. Lo curioso es que Lauro se da a conocer por esa simbiosis entre lo popular y lo universal que desarrollaron nuestros compositores gracias a la guía del Maestro Vicente Emilio Sojo. El compositor venezolano nunca se avergonzó u ocultó sus raíces populares, así como no se sintió aminorado por cantar en el Orfeón Lamas o integrar la Orquesta Sinfónica Venezuela”.

También a nivel coral: “Hoy en día se da el fenómeno de que nuestros coros y orquestas han demostrado con éxito su versatilidad en Europa, Asia y Norteamérica. Los coros se cansan de ganar concurso tras concurso, en un exitoso camino allanado por la Schola Cantorum en Arezzo en 1974, y las orquestas de El Sistema se han encargado de conquistar grandes teatros y sellos disqueros con su propio Beethoven, Tchaikovsky, Bernstein, Stravinsky y Mahler, al mismo tiempo que sorprenden con Estévez, Carreño y Castellanos. En el plano de la música popular, no existe una orquesta de salsa que le llegue por las patas en calidad de músicos y de arreglos que el Trabuco Venezolano. Nuestro Oscar de León se llevó la Salsa a su casa, y para no extenderme, los repetidos Grammys para nuestros intérpretes hablan por sí solos”.

Así que con tanto éxito, los jóvenes músicos tienen retos por enfrentar y el maestro Izcaray solamente dice: “Que siempre sientan qué les falta. Que estudien y aprendan toda su vida, que como dijo un sabio ancestral, un humilde ordeñador que consolaba a un músico que se lamentaba de tener que trabajar de administrador en una finca aunque no era su profesión: No se aflija, Bachiller, que lo que se aprende no ocupa espacio”. Así que cultivarse en diferentes aspectos, conocer de las Bellas Artes y ser ciudadanos integrales, también le aporta al músico un toque distintivo.

Una batuta inquieta

Este año se vislumbra muy activo para Izcaray y ya tiene una agenda comprometida: “Con motivo de los 50 años de la Casa de la Cultura de Carora realizamos diversas actividades celebratorias este año, entre ellos un Festival Beethoven, con todas las sinfonías y conciertos del Maestro de Bonn. Dos conciertos en Salta a mitad de año con uno dedicado a Rachmaninoff que incluye su monumental segunda sinfonía y otro dedicado a la música de Latinoamérica. Recientes conciertos exitosos en Caracas, entre ellos el reciente 84 aniversario de la OSV hacen vislumbrar nuevas invitaciones a corto y mediano plazo”.

Felipe Izcaray ha dirigido un extenso repertorio de obras y sobre todo de Ópera. Así que es fácil hablar sobre el tema: “Hace unos días leí una frase que decía ‘La ópera es un tenor y una soprano queriendo hacer el amor, pero se los impide un barítono’ –risas. En serio, coincido con mi amigo y colega Carlos Riazuelo, quien una vez me comentó que la Ópera era una representación de la vida en cámara lenta. En efecto, la puesta en escena de la ópera debe prever que el canto le resta la movilidad y velocidad a los eventos. Sólo en los recitativos barrocos y clásicos se resume esa velocidad natural. El plano físico también es especial en la ópera. La primera ópera que vi en vivo fue una Traviata que hizo Montserrat Caballé en el Aula Magna de la UCV, y a mis 17 años me causó risa el que aquella enorme mujer estaba padeciendo de tuberculosis, además de que tardaba un mundo en morir, cosa que hace con una enorme exclamación con un agudo superlativo. Recientemente, dirigí una ópera venezolana en la que heroína comienza a morir en el segundo acto, pero no expira sino a la mitad del tercero. Pero eso es lo delicioso de la ópera, como la música permite que se pueda extender la acción y todavía mantiene la autenticidad del libreto”.

Una lista de preferencias empieza a brotar: “De Verdi El trovador, Otello, Traviata y Falstaff. De Puccini La Boheme y Tosca, de Strauss Salomé, de Mozart el tríptico de Da Ponte y La Flauta Mágica, De Monteverdi Orfeo. De Bizet Carmen, De Wagner Tristan e Isolda y Parsifal, entre otras. Mi sueño de dirigir Carmen se vio colmado cuando mi hijo Carlos dirigió en St. Louis la ópera completa, con la magnífica Sinfónica de esa ciudad y unos solistas estupendos. Me proyecté en su éxito”.

Me dolió mucho el que una vez se me dijo que iba a dirigir Las Valquirias, y cuando ya me la tenía estudiada (y reitero, REALMENTE ESTUDIADA) me enteré que habían decidido que la dirigiera un desconocido director, dizque porque era alemán y porque venía de Bayreuth. ¿Se imagina si le hubieran dicho eso a Toscanini o a Barenboim? El director, no malo, pero sí del montón entre asistentes y asistentes, hizo su trabajo con la ayuda de un excelente preparador que también vino de Bayreuth, pero estoy seguro de que al menos lo hubiera hecho bien. En ese caso, lo que más me dolió fue que quienes tomaron esa decisión lo hicieron después de haberme felicitado entusiastamente por mi dirección en el estreno en Venezuela de Die Zauberflöte ‘La Flauta Mágica’ de Mozart. Nótese que es tan alemana –o austríaca si nos ponemos finos- como Valquirias”.

Hoy se entristece que en un momento en que hay voces preciosas en Venezuela se haga tan poca ópera: “Actualmente se podrían hacer óperas en Venezuela sin tener que traer cantantes extranjeros. Pero entonces no se hacen, y los cantantes se tienen que conformar con cantar arias de vez en cuando, o competir por lo poco que hay”.

Sobre el género de la zarzuela en nuestro país, tan apreciado, Izcaray expresa que “en el fondo nunca dejamos de ser españoles. No hay sino que acercarse al mediodía por La Candelaria para ver todas esas tascas llenas. La música española siempre le fascinó al venezolano. Por eso Billo y Los Melódicos siempre iniciaban sus sets con un pasodoble. La Zarzuela es parte de esa identificación con la Madre Patria”.

El Sol Mayor de Carora llamó de nuevo

Estando en Margarita, no fue suficiente la calidez de la Isla o el atractivo paisaje. Algo ya tramaba el corazón de Felipe Izcaray y los recuerdos de haberse sentido apreciado y bienvenido cuando dirigía la Orquesta Juvenil de Carora pesaron más, cuando recibió la llamada de su terruño para que volviera: “El talento musical del caroreño es indiscutible, así que siempre está presente la idea de que si quien puede enseñar y liderar mete los pies en el barro y decide ‘echarle pichón’, puede hacer la diferencia. Aquí tengo familia muy querida, me siento en casa, y estoy combinando viejas con nuevas amistades, sobre todo con los jóvenes. Tengo más de un año trabajando con la Orquesta Regional Juvenil ‘Pedro León Torres’, y cito al Dr. Abreu: ‘Se ha hecho mucho, pero hay mucho por hacer’. Poder programar Tchaikovsky 4 y 2, Dvorak 9, Beethoven 5, Shostakovich 9 y Beethoven 8, es un logro evidente. Hay que solucionar cosas básicas, como la fluidez de los instructores de afuera, que sea un trabajo constante; hay que completar el orgánico de instrumentos y hay que solucionar el problema de los muchachos que se van. El imán de Barquisimeto es potente y las oportunidades de carreras universitarias en Carora son limitadas. Pero aquí estamos, trabajando firmemente para mejorar el movimiento. El entusiasmo sobre lo que yo llamo mis niños es genuino. Como dicen en Argentina, ¡Son divinos! Yo los quiero y ellos me quieren. Así se puede llegar más lejos”.

Con 4 niños de la orquesta de Carora

Con 4 niños de la orquesta de Carora

Fiesta sorpresa el día de mi cumpleaños.

Fiesta sorpresa el día de mi cumpleaños.

En pleno concierto

En pleno concierto