Todos los directores, por razones aparentemente inexplicables, enfrentan problemas con ciertos compositores e incluso pueden llegar a necesitar varios años para llegar a un acuerdo con sus estilos o caracteres. Leonard Bernstein, al inicio de su carrera, luchó para lograr una interpretación convincente de Mozart pero luego, sin embargo, se convirtió en un gran experto. Esa-Pekka Salonen no era muy avezado con Beethoven cuando llegó por primera vez a Los Ángeles, aun así hoy en día es uno de los más distinguidos y enérgicos intérpretes de estas sinfonías.

Vía: www.latimes.com | Por Mark Swed, Music Critic | | Traducido por Luis Contreras | Licenciado en Idiomas Modernos | Profesor de la ULA | Agradecidos con Carlos Luengo

Es difícil decir por qué Gustavo Dudamel ha luchado con Gershwin. Dada la habilidad de Dudamel para la música americana, él es capaz de conseguir el estilo y el lenguaje musical. Él puede hacer los ritmos. Él tiene toda la técnica en el mundo. Además, demostró ser un entusiasta por el trabajo de Gershwin cuando, en 2011, dirigió una gala Gershwin con la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles, acompañado por el pianista de jazz Herbie Hancock. Fue una noche con dificultades y poco convincente.  

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El jueves, con la participación de la grandiosa solista Yuja Wang presentando junto con Dudamel la pieza Rhapsody in Blue en el Hollywood Bowl, todo cambió a lo grande. Esta fue una asombrosa presentación de Gershwin que quedará para el libro de historias del Bowl, libro cuyos capítulos están dedicados a los intérpretes de los grandes compositores – y donde se encuentran el mismo Gershwin, Oscar Levant, Leonard Bernstein y Michael Tilson Thomas. 

El programa estaba dedicado a Gershwin y Ravel. Ellos eran amigos. Gershwin aprendió mucho sobre la orquesta y la forma de este compositor francés, 23 años mayor que él, mientras que Ravel abrazó la naturalidad de Gershwin. Las piezas Concierto para piano en sol mayor y Boléro, interpretadas durante esa noche, están entre sus obras jazzísticas más exitosas.

Fue un espectáculo estival. Esta calurosa noche comenzó con Catfish Row, una suite sinfónica de cinco movimientos pertenecientes a la obra Porgy and Bess de Gershwin. Un vibrante banjo, un piano vertical que le daba un toque a taberna y un solo de violín – emotivamente interpretado por Martin Chalifour – suscitó un sinfín de emociones con Summertime. Dudamel mantuvo el swing durante la explosiva interpretación de la orquesta, resultado que se debe más a la composición que a un director. La orquestación es exigente y con un drama complejo, pero nada de esto hizo dudar a Dudamel. Sin lugar a dudas, un Porgy and Bess podría perfectamente ser parte de su repertorio en el futuro.

Si Gershwin torpemente intentó un modelo orquestal raveliano con Catfish Row, Ravel acertó un estilo jazzístico francés con su Concierto para piano en sol mayor. Esta es una especialidad de Wang. Ella, usando una de sus características faldas coloridas, ofreció una espectacular y destellante presentación. Ella hizo del lento movimiento un elegante blues. Dudamel estuvo atento a cada capricho suyo.

Pero los destellos no volaron hasta después del descanso con el Rhapsody in Blue. Podríamos luchar por siempre para definir si esta es una pieza de jazz o un concierto clásico. Gershwin tenía ambas cosas, escribiéndola originalmente para la banda de Paul Whiteman, interpretándola en el Carnegie Hall, y luego adaptándola para alcanzar una orquesta sinfónica más tradicional. El enfoque moderno es hacer que una orquesta sinfónica sea adecuada y meritoria del jazz.

Con una enorme orquesta llenando el escenario del Bowl, Dudamel encontró un balance ideal entre dos mundos. Además consiguió en Wang una pianista capaz de fusionarlos con una extraordinaria astucia. No puedo decir que era evidente que la pianista china sería una intérprete de Gershwin tan persuasiva. Ciertamente ayudó el hecho de haber tenido como maestro a Tilson Thomas. Por otra parte esta es una de aquellas relaciones entre compositor e intérprete que simplemente funcionan de manera natural.

Ella vistió el papel cambiando su atuendo a una reluciente falda corta azul y unos peligrosamente aguzados tacones altos, pareciendo un desastre ergonómico al momento de usar los pedales. Situación que de muy buena manera logró superar. Para toda la atención que atrae Wang, ella es una persona impasible. Quizá ese sea su “secreto Gershwin”, además de su infalible técnica y musicalidad.

Ella interpretó, por un largo rato, algunos pasajes jazzísticos con la misma despreocupación con la que Gershwin tocaba el piano. Ella coqueteó con las teclas durante los pasajes líricos. Las cámaras de video se dejaron llevar por sus fascinantes expresiones faciales, mostrando y enfocando su traviesa satisfacción al lograr aquellos pasajes virtuosos, más que por el fabuloso trabajo que realizaba con sus manos.

Todo lo que se proyectaba en las pantallas semejaba más una brillante sesión fotográfica sobre moda, pero en el escenario del Bowl sucedía algo mucho menos trivial que se amplificaba a través del sistema de sonido. Wang y Dudamel, juntos, exploraron cada nota de Rhapsody in Blue en búsqueda de algo sorprendentemente fresco.

La numerosa orquesta, en manos de Dudamel, fue tanto un juguete como una herramienta. Dudamel logró mostrar grandeza, sin embargo evitó cualquier sensación de jazz abrumador al dirigir a una gran orquesta de forma tenue. Esta presentación no fue tan distinta a su singular West Side Story, una fusión entre Broadway y ópera, en sus noches anteriores en el Bowl. Wang es la intérprete de Gershwin que Dudamel siempre necesitó y éste le respondió intensificando y magnificando sus explosivas insinuaciones.

Cuando se trató de pasar las páginas de las partituras en el Ipad de Wang para su regreso, la Toccatina de Nikolai Kapustin, Dudamel levantó sus manos para permitir que Chalifour lo hiciera.

Por otro lado, Boléro siempre ha pertenecido a Dudamel, y la presentación del jueves fue un estudio en desarrollo, desde la quietud hasta el éxtasis. La Orquesta Filarmónica de Los Ángeles ofreció una serie de solos gloriosamente agradables, pero la sensación fue de un largo e ininterrumpido crescendo. Los colores y el volumen cambian, pero el camino es seguro a medida que una pieza se convierte en una ruta para la constancia en un ambiente de certidumbre.