EL NUEVO MAESTRO DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE ALABAMA RETA A SUS MÚSICOS Y LOS ENCUENTRA CAPACES DE CREAR UN LEGADO

Por: Edward Ashton | Vía: weldbham.com

Traducción Luis Contreras | Licenciado en Idiomas Modernos, Profesor de la ULA

EL DIRECTOR CARLOS IZCARAY DIRIGE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE ALABAMA. FOTO POR: ARIK SOKOL.

La Orquesta Sinfónica de Alabama se siente como en casa bajo la dirección del recientemente nombrado director musical, el venezolano Carlos Izcaray quien fue ratificado en ese cargo a inicios de este año por el Comité Ejecutivo de la Orquesta Sinfónica de Alabama, pero quien no adoptó el cargo oficialmente hasta el 1ero de septiembre, cuando él y su familia se trasladaron desde Berlín hasta Birmingham.

Izcaray remplazó a Brown, quien se encuentra en Alemania conduciendo el Badisches Staatstheater Karlsruhe, que fue designado por la Orquesta Sinfónica de Alabama como su director musical laureado. Brown dirigió la orquesta con mucho éxito: durante su ejercicio lograron dos prestigiosos premios ASCAP y le dio su primera actuación en el Carnegie Hall. Izcaray comentó que trabaja con esta idea en mente y está tratando conscientemente de retomar todo lo dejado por Brown para edificar un legado duradero para la Orquesta Sinfónica de Alabama.

Izcaray sigue poniendo énfasis en llegar a su nueva comunidad, incluyendo a las personas que no van regularmente a los conciertos – en particular la gente joven. El 15 de septiembre se dirigió a una audiencia en la Escuela de Altamont, la cual contaba con estudiantes, padres y maestros. Consultado sobre qué se necesitaba para atraer a los jóvenes a los asientos del teatro, Izcaray destacó: “un equilibrio entre la cooperación de los padres y también entre la orquesta en sí: tiene que ser abierta e inteligente para acercarse a un público más joven.”

Durante dicho evento mencionó la actuación que la Orquesta Sinfónica de Alabama que dio en colaboración con la banda Wye Roble el 16 de marzo en el marco de su serie Classical Edge, un espectáculo que, según él mismo cuenta,  atrajo una gran cantidad de jóvenes que quizá – de otra manera – no hubieran estado en la sinfonía. La serie Classical Edge, dijo Izcaray, “es donde nos ponemos a prueba a nosotros mismos. … Esta es una de las cosas que me gustan de esta orquesta: no nos limitamos a tocar el repertorio ni las cosas que son fáciles, por el contrario, tocamos cosas que no sabemos. Si no las conocemos entonces nadie las conoce, y eso es parte del proceso, parte del proceso creativo”.

Además recomendó a los estudiantes más jóvenes una mezcla de “disciplina casi militar” – que implica el uso de instrumentos como metrónomos, relojes y, por supuesto, afinadores – y el establecimiento de objetivos claros. Hizo hincapié en la importancia de disfrutar la vida. “Si no me hago tiempo para leer literatura, ver mi juego deportivo favorito, si no me hago tiempo para vivir la vida, entonces no siento que puedo tocar música tan bien o que estoy en una buena posición para dar instrucciones al resto de la orquesta. Este equilibrio es importante; es realmente esencial”.

Este es sólo un ejemplo del compromiso de Izcaray, pero su determinación para incluir al público y convertirlo en fanáticos de la sinfonía es evidente. Una vez que están allí,  él y la orquesta pueden estar seguros que regresarán.

Dos conciertos recientes dentro de la serie EBSCO Masterworks de la Orquesta Sinfónica de Alabama ofrecieron muestras de las diversas cosas que el conjunto  puede hacer. El 9 y 10 de octubre, el concierto fue “Joyce Yang Plays Liszt”, un programa que intercala dos piezas con la pianista surcoreana como solista entre una obertura de Beethoven y una sinfonía de Brahms. El 6 y 7 de noviembre, el encabezado del espectáculo fue grande: “La Novena Sinfonía de Beethoven

El primero de esos espectáculos, el 9 de octubre, fue una muestra tremenda de parte de la Orquesta Sinfónica de Alabama y la solista de piano, Yang. La salva de apertura fue la estruendosa Obertura Coriolano de Ludwig Van Beethoven, una pieza muy animada que oscila desde una tormentosa obertura tono menor a una sección central tranquila en tono mayor; regresando a la intensidad y el drama del tono menor para finalizar.

Luego Yang tomó su asiento en el piano. Los efectos visuales fueron sorprendentes, llevaba un vestido rojo brillante que contrastaba con el telón blanco y negro al fondo de la orquesta. Ella procedió a deslumbrar al público con un despliegue de virtuosismo puro, a veces expresado en calma, pasajes melodiosos, y, a veces – como en la pieza de Liszt, titulada Totentanz – como latigazos mientras sus manos se desvanecían al subir y bajar a las octavas del teclado como un funámbulo. Yang recibió una ovación prolongada.

Por último, la Sinfonía nº 3 en Fa mayor, Op. 90 de Brahms, se hizo con fuerza y autoridad mientras Izcaray realmente asumía su papel con entusiasmo. La sinfonía comenzó en la parte más lenta, con las cuerdas y cuernos combinándose muy bien entre sí. A partir del segundo movimiento se entró en trance: Izcaray a veces se balanceaba con los ojos casi cerrados. El tercer y cuarto movimiento se construyó hasta alcanzar un final triunfante, con el maestro pidiendo más de su conjunto – y obteniéndolo también.

Recientemente, la Orquesta Sinfónica de Alabama llevó a cabo la gran Novena Sinfonía de Beethoven, con dos trabajos menos extensos precediéndola. Blur de Sean Shepherd fue la primera pieza de la noche, para mantener la ya establecida tradición de la Orquesta Sinfónica de Alabama de interpretar obras modernas de compositores jóvenes. Shepard nació en Reno, Nevada, en 1989. Blur es una pieza frenética, no tan preocupada por la armonía tanto como por la innovación inusual en su forma. La pieza podría funcionar lo suficientemente bien como banda sonora para una intensa secuencia de persecución en una película, por nombrar sólo un escenario potencial para ella.

La siguiente fue Stabat Mater del compositor polaco Karol Szymanowski, quien Izcaray describe a la audiencia en su pre-show como “litúrgica” y que es, de hecho, una “meditación sobre la Virgen María que llora al ver a Jesús en la cruz”, de acuerdo con las notas del programa. Dado que la Novena de Beethoven es una sinfonía coral – al menos en el movimiento final – tres coros y cuatro solistas estuvieron presentes para cantar la pieza. (Los tres coros fueron el Coro de la Orquesta Sinfónica de Alabama, el Coro de Concierto de la UAB y el Coro de Conciertos de la Universidad de Montevallo). La Stabat Mater fue muy bien interpretada y cantada, cambiando con gracia de pasajes dramáticos e intensos a secciones de vertiginosas y relajantes armonías vocales.

Por último, la Novena Sinfonía. Beethoven es ampliamente considerado como uno de los mejores compositores que ha existido. No pocos críticos y amantes de la música consideran que ésta es no sólo uno de sus mejores logros sino una de las piezas más importantes de la música en el canon occidental. Contiene el omnipresente “Himno a la Alegría“, escrito originalmente por Friedrich Schiller pero inmortalizado por Beethoven (y ahora el himno oficial de la Unión Europea).

Izcaray pidió mucho a su orquesta: mucha velocidad, mucho volumen, mucho sonido en general. Y ellos lo entregaron todo. La pieza llega a su gran clímax comenzando a la mitad del movimiento final, cuando los contrabajos y violonchelos comenzaron a tocar la melodía del “Himno a la Alegría“, que culminó en una pared imponente de sonido compuesto por todos los instrumentos de la orquesta y todas las voces del coro.

Izcaray parece estar siempre disfrutando, incluso al final de un concierto cuando está claramente agotado, con gotas de sudor en su frente. Después de este concierto se veía como si hubiera estado corriendo un maratón y la gente estaba agradecida.

Una espectadora, Nancy Gardner, cuando se le preguntó su impresión de Izcaray durante el intermedio, respondió: “Creo que es maravilloso. Creo que Birmingham es muy afortunado de contar con él”. Ella y su marido, aunque siendo originarios de Birmingham, han vivido en Dallas durante 40 años, hasta octubre pasado. De igual manera agregó: “tengo que compararlo con el director en Dallas, que es de renombre mundial – Jaap van Zweeden – y creo que se desempeña muy bien, especialmente para ser tan joven”.

Luego de que las últimas notas habían sonado, su marido, Bill Gardner – que no se había preocupado en decir nada en particular durante el intermedio – se volvió y dijo, sin dudarlo, “magnífico – y usted me puede citar en eso”.