Mª JOSÉ LAGUNA MILLÁN* | Vía: www.porexperiencia.com/

La opinión mayoritaria es que la profesión de músico de orquesta reúne todos los ingredientes para ser calificada como un trabajo bueno o muy bueno: se realiza un tipo de actividad que a vista del público conlleva la realización personal, es un trabajo que se ejecuta fácilmente sin gran esfuerzo físico o mental, es vocacional e implica un disfrute constante de la música, además de la gratificación del público en los conciertos.

Sin embargo, si nos acercamos un poco más al mundo sinfónico y lo hacemos desde la óptica de la salud laboral, esta percepción se diluye como un espejismo. Desgraciadamente, no es glamour todo lo que lo rodea. Este tipo de trabajo, y concretamente en las condiciones en que éste se presta en la actualidad, compromete la salud física y psíquica de los que lo realizan.

La Secretaría de Salud Laboral de la Federación de Servicios a la Ciudanía de CCOO (FSC) encargó la realización de un estudio de condiciones de trabajo y salud del colectivo de músicos que ha sacado a la luz una situación injusta y desconocida. A lo largo de esta investigación, que ha sido posible gracias a la estrecha colaboración de la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas (AMPOS), se ha podido constatar que los músicos de orquesta están en clara des – ventaja en relación a otros trabajadores por cuenta ajena de otros sectores, ya que sufren condiciones de trabajo que son claramente dañinas para su salud. Por ejemplo, están expuestos a ruido en dosis muy por encima de los valores límite de exposición. De forma habitual se sobrepasan los valores límite de exposición en sus valores pico: 140 decibelios C. Sólo se dispone de protección auditiva personal en el 37% de los casos y de protecciones colectivas en el 17%. Los lugares de trabajo no son adecuados para la actividad que se desarrolla (espacio insuficiente, bajos niveles y mala calidad de la luz, mala acústica de las salas de ensayo, los lugares de descanso no reúnen los requisitos necesarios para el tipo de actividad, etc.). Los tiempos de trabajo son asociales y dificultan de forma importante la conciliación de la vida laboral y personal. El volumen y distribución de repertorios son lesivos para la salud de los músicos.

A esto se une que las dolencias que sufren a causa del trabajo no son reconocidas sistemáticamente como relacionadas con el trabajo, ya sean en forma de accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, no existe una vigilancia de la salud acorde a las tareas que se realizan, que implican movimiento repetitivo, carga postural, audiometrías, etc., y no existe formación e información respecto a los riesgos a los que están expuestos de forma generalizada.

Características de la tarea

De la investigación realizada se deduce que el trabajo musical en las orquestas es muy exigente, tanto desde el punto de vista físico como del psíquico y emocional. El músico pone a disposición de la organización todo su capital humano, formado a lo largo de muchos años de adiestramiento, con un nivel alto de esfuerzo e implicación personal.

La orquesta, como organización, demanda de los músicos todo el conocimiento que éstos poseen, con la idea implícita de que los músicos son una fuerza de trabajo, que se compra en términos monetarios, sin considerarlos como recursos humanos. De ahí la inexistencia de inversiones en lo “humano” (formación, mejoras de las condiciones de trabajo). La realidad es que son considerados como meros ejecutores de sonidos.

La orquesta se apropia de los conocimientos de los músicos y de su salud. A cambio, los músicos en la mayoría de las orquestas ponen los medios de producción, contribuyendo algunas orquestas sólo en la amortización del instrumento.

Los músicos son considerados como piezas fácilmente intercambiables –existe mucha oferta en el mercado– y si enferman, las orquestas externalizan el riesgo a la sociedad sin que hasta ahora rindan cuentas por ello. La orquesta no asume riesgo alguno, es un mero intermediario del talento de otros que pone a disposición del director de orquesta. Los músicos presentan un alto grado de compromiso con su trabajo, es vocacional y se sienten músicos, pero manifiestan un bajo grado de compromiso con la orquesta como organización derivado, precisamente, de la escasa consideración que la orquesta tiene con ellos como personas.

No existe correspondencia entre lo que se les exige, que es la perfección, y las grandes deficiencias que se dan en las condiciones físicas de trabajo y su organización. Por todo ello se concluye que la estructura que presentan las orquestas sinfónicas es ineficaz y dañina para la salud de los músicos.

A modo de conclusión, decir que sólo una parte de los problemas de salud que presentan los músicos es achacable a la práctica del instrumento musical en sí. Otros factores son de origen organizativo y se han hecho visibles en este trabajo. Exponerlos desde su origen o causa –estructura de la empresa– debe permitir que los problemas de salud de los músicos no permanezcan ocultos para aquellos que se supone tienen la obligación de solucionarlos: las empresas para las que trabajan.

De ahí que la estructura de la empresa y la organización del trabajo sean claves para la generación de los riesgos y los daños que sufren las personas que lo realizan. Pero también la empresa es clave –y está obligada por la ley– en la eliminación de los mismos en su origen, mediante las mejoras y cambios necesarios en las condiciones y organización del trabajo. Ese es el objetivo de FSC CCOO al realizar y presentar este estudio, y debe ser también el objetivo de todos los agentes implicados.

* Mª José Laguna Millán es técnica superior en Prevención de Riesgos Laborales.

Los músicos opinan

ANTONIO MUÑOZ LOBATÓN*
El Teatro Maestranza de Sevilla acogió, los días 15 y 16 de abril pasados, el I Simpósium sobre la salud laboral de los músicos de orquestas sinfónicas organizado por CCOO y que contó con la colaboración de la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas (AMPOS). Un encuentro que ha conseguido reunir a músicos de 21 orquestas españolas, mutuas, expertos en salud laboral, derecho del trabajo, medicina, psicología, gerencias de las orquestas o el profesorado de los conservatorios. Juan Carlos Pérez Calleja, tuba y presidente del comité de empresa de la Sinfónica de Sevilla, confirma el papel preponderante de la figura del director de orquesta: “En nuestra orquesta la figura del “maestro” es decisiva y no admite debate sobre cuántos músicos mete en el foso para una ópera, por ejemplo, y no se cumple normalmente la normativa de espacios de trabajo. Nunca tenemos los dos metros reglamentarios y demasiadas veces ni siquiera la mitad”.

Una opinión que comparte Juan Carlos Chornet, flauta y presidente del comité de empresa de la Orquesta Ciudad de Granada: “Los directores de orquesta no tienen formación en prevención de riesgos laborales y eso se nota. Es difícil llegar a acuerdos con ellos porque sólo se ciñen al aspecto musical y no ven si sus decisiones afectan o no a la salud de los músicos. En nuestra orquesta, hace tres años la decisión de un director de acercar demasiado el coro a la orquesta provocó que una violinista haya estado dos años sin tocar por una hiperacusia y aún sigue con bastantes molestias”.

Con respecto al reconocimiento de las enfermedades profesionales, Iciar Múgica, violinista y delegada de prevención en la Sinfónica de Euskadi, ha tenido que pelear duro para conseguir el reconocimiento de varias hipoacusias, que Mutualia se negaba a reconocer como causadas por el trabajo de músico. “Han llegado a decir que trabajamos una media de 1 hora 35 minutos al día con ruido. Hemos demostrado en los juzgados que la exposición diaria al ruido incluye ensayos de orquesta, conciertos y estudio individual, siendo nuestra jornada de 40 horas semanales, recogida en el convenio colectivo”. Asier Arabolaza, presidente de la Sinfónica de Bilbao, también asiente sobre “lo difícil que es que la mutua te reconozca que una tendinitis que te aparece, sea consecuencia del movimiento repetitivo de un violinista o de una viola. Generalmente el músico se lo callaba. Ahora, desde que CCOO está apoyándonos, están aflorando casos y si seguimos así pronto las estadísticas tendrán que recoger que la accidentalidad de los músicos es demasiado alta”.

Francisco Bernal, secretario de Salud Laboral de la Federación de Servicios a la Ciudadanía de CCOO, señala la importancia del trabajo realizado: “Nuestro objetivo es que los músicos tengan los mismos derechos que el resto de trabajadores y trabajadoras. Y si siguen organizándose en CCOO, terminaremos consiguiéndolo”.