La gloriosamente pesimista Tosca de Dudamel: una acusación al atractivo del fascismo

En su trama está la heroína más vehemente, Tosca, la diva que intenta vivir por el arte bajo la tiranía de la Roma napoleónica. Cavaradossi, pintor y revolucionario, es su más heroico personaje para un tenor. Scarpia, el lascivo tirano, jamás muestra ningún punto a su favor. Sin embargo, Tosca necesita ser algo más. La ópera termina tan mal que hace que Puccini se cuestione, con pesimismo, si el sacrificio político tiene algún significado ante el fascismo. Es por ello que depende del director darle algún sentido a esta ópera.

Vía: www.latimes.com | Por Mark Swed, Music Critic | Traducido por Luis Contreras | Licenciado en Idiomas Modernos | Profesor de la ULA | Agradecidos con Carlos Luengo

En la noche del domingo, en el Hollywood Bowl, Gustavo Dudamel contó con un excelente reparto de convincentes cantantes con magníficas voces que le sirvió de inspiración en su primera interpretación de esta pieza de Puccini. Desde el inicio hasta el final, esta Tosca fue de Dudamel.

Dudamel ya había estado en contacto con las grabaciones de Tosca de Herbert von Karajan junto con la Filarmónica de Viena y luego con la Filarmónica de Berlín. La presentación de la primera contó con una de las mejores Toscas de todos los tiempos, interpretada por Leontyne Price – siendo este su debut operístico – no obstante fue la opulencia orquestal, el amplio ritmo de Karajan, la delicada riqueza apreciada en todos los niveles y los colores lo que convirtió esta gloriosa grabación del 1962 en un verdadero clásico. Estas son también las principales atracciones de la posterior presentación de la orquestalmente incomparable Filarmónica de Berlín.

En ambos casos, Karajan reveló cómo la orquesta, durante la interpretación de Tosca, es una fuerza dominante superior a cualquier individuo, sea bueno o malo. Cuando esto sucede, Tosca va más allá de una ópera “desgastada y poco sorprendente” – como famosamente, o de forma infame, la apodó el musicólogo Joseph Kerman – para convertirse en una contundente acusación sobre el atractivo del fascismo.

El domingo, la Tosca de Dudamel comprobó que el estilo de Karajan fue asombroso. Esa misma semana, Dudamel – en modo Leonard Bernstein – fue intérprete de las asombrosas presentaciones de West Side Story y Rhapsody in Blue en el Hollywood Bowl. Aun así, con su Tosca, Dudamel sorprendentemente dio un giro inesperado con la interpretación de las piezas de Bernstein, el más grande rival de Karajan.

Fue además sorprendente porque no podríamos esperar más del Hollywood Bowl. La puesta en escena de una ópera con la limitada agenda de ensayos como la que permite el Bowl para una única presentación, representa sólo una pequeña parte de la preparación y tiempo que requiere una producción en una casa operística. El enérgico sistema de amplificación del anfiteatro, que durante esa noche fue tanto impresionante como fuerte, añade su propio carácter. Los micrófonos realzaron todas las voces por igual. El balance orquestal fue artificial.

Nuevamente, tal vez sí deberíamos exigir más de las óperas en el Bowl. Las voces amplificadas permiten la entrega de los matices que se pierden en una casa operística. Los solos de chelo y clarinete sobresalieron con una prominencia fuera de lo común en el último acto, creando una especialmente conmovedora atmósfera musical.

Es aquí donde Karajan entra en materia. Obviamente Dudamel no tiene el lujo de la perfección para realizar una grabación y, expansivo como es él, difícilmente puede imitar los tempos de Karajan compás a compás. Sin embargo, Dudamel fue un completo apoyo para las grandes voces presentes, especialmente con Julianna Di Giacomo y Russell Thomas interpretando a Tosca y Cavaradossi, respectivamente. Aunque Dudamel, de igual manera, mostró poco interés por el impacto dramático.

Más bien, la Tosca de Dudamel – al igual que la de Karajan – se convirtió en la inevitabilidad del imperecedero atractivo del fascismo. Los exuberantes acompañamientos orquestales produjeron un telón de fondo para la banalidad del mal y él tenía el elenco perfecto para ello.

Esta también fue la primera Tosca para Di Giacomo, quien se ha convertido en una de las cantantes favoritas de Dudamel. La soprano de Santa Mónica estuvo en su Requiem de Verdi, en las presentaciones de la Sinfonía n.° 8 de Mahler y quien, además, protagonizó la presentación de I Pagliacci en el Bowl hace dos años. Una vez más, su interpretación fue emocionantemente poderosa y dramática, siendo la más eficaz cuando se trata de representar la vulnerabilidad de Tosca. Ella terminó Vissi d’arte cubierta en lágrimas, no enfadada. Thomas, quien interpretó a Lazarus en la presentación de Dudamel The Gospel According to the Other Mary de John Adams, estuvo de igual manera asombroso con un gran poder vocal sin excesos.

Pero el factor dramático fundamental fue el experimentado bajo-barítono Falk Struckmann, cuya personificación de Scarpia estuvo llena de maldad banal. Él pudo haber sido un empresario para quien los favores sexuales pudieran significar sólo un simple tema de expectativa para un hombre de su estatus. Al final, sin embargo, parecía un personaje vulnerable, cuyo apuñalamiento por parte de Tosca no semejaba un acto de autodefensa sino como un suceso predestinado. Cada uno de ellos, héroes o villanos, se vieron envueltos por el mismo sistema corrupto, el de una orquesta que cautiva todo lo que toca con su exuberancia melódica.

La presentación no tuvo debilidades. El innovador Angelotti de Andrew Craig Brown, el retumbante Sacristán de Valeriano Lanchas, el escalofriante Spoletta interpretado por Keith Jameson y el joven soprano Grant Anderson como el Pastor añadieron excelentes toques musicales, al igual como lo hicieron las siempre confiables Master Chorale y Los Angeles Children’s Chorus. Aún, al final, Tosca perteneció a Dudamel, quien hasta ahora ha convertido al Bowl en un inusual centro de interés periodístico.