Benny Golson es uno de los artistas más influyentes del jazz de nuestro tiempo.  A sus 87 años, el saxofonista, aún sigue explorando sonidos y llevándolos a diferentes lugares.


Vía: www.elheraldo.co | Por: Leidys Ríos

Benny es uno de dos sobrevivientes de los músicos que hicieron parte de la emblemática foto, ‘Un gran día en Harlem’, en la que 57 de los más reconocidos jazzistas de todos los tiempos se reunieron en Nueva York en el verano de 1958.

En esta ocasión se encuentra en Colombia, por primera vez en su larga carrera, para tocar con su banda Benny Golson Quartet en Barranquijazz. 

Ha escrito más de 400 canciones. ¿Cómo hace para seguir creando música?

Las ideas siguen llegando, si paran no tengo nada. Las ideas vienen de muchas partes, puede ser algo que me ocurrió, que escuché, que olí. También pueden ser mis hijos, mi vida, mi esposa, el amor, un asunto personal. Cosas que sucedieron con Miles Davis o con Dizzy Gillespie. Muchas cosas pueden servir de inspiración y eso sirve para comenzar a escribir. Luego las cosas que salen pueden ser buenas o pueden ser terribles.

Cuando se le ocurre una idea, ¿escucha la música en su cabeza o la escribe en un pentagrama?

Muchas veces son solo ideas, no escribo la canción inmediatamente. A veces la idea se convierte en algo y a veces se queda en nada.

Usted escribió uno de los tributos más reconocidos del Jazz, I remember Clifford, en honor a Clifford Brown. ¿Cómo fue el proceso de escribir esa canción?

Muy triste. Todos lo amaban y era un muy querido amigo. Cuando murió sentí que tenía que escribir algo acerca de él. Murió con tan solo 25 años, era un joven todavía. La escribí porque todos los que lo conocieron lo amaron, era un hombre fascinante.

Ha estado en el Jazz toda su vida. ¿Le nació tocar este género?

Bueno, he estado en el jazz seriamente desde los 22. Cuando tenía 14 mi madre me regaló mi primer saxofón pero no sabía nada al respecto. El jazz me nació porque lo escuché y me encantó y por eso decidí que quería hacer parte del género.

Usted tiene una trayectoria de más de 60 años, ¿hubo alguna época que disfrutó más que las demás?

Si claro, en Nueva York en 1958. En ese tiempo tocaba con Art Blakey and the jazz messengers. En el tiempo de la foto de ‘Un gran día en Harlem’ nadie sabía quién era, era el nuevo en la ciudad. Solo conocía a 3 o 4  personalmente a los demás solo los admiraba por su música. Eventualmente llegué a conocerlos a todos.

Escuché que alguna vez se le ocurrió una canción mientras dormía.

Sí, me pasaba seguido que mientras soñaba se me ocurrían canciones pero siempre se me olvidaba la melodía a la mañana siguiente. Una noche dije, me voy a despertar y voy a escribirla. Me levanté y la anoté rápidamente en un pedazo de papel y me volví a dormir. A la mañana siguiente la vi y pensé, esto lo he escuchado antes. Era Stardust de John Coltrane. (risas)

Usted fue amigo de John Coltrane desde su niñez. ¿Qué recuerdos tiene de esta época?

Recuerdo cuando éramos adolescentes y practicábamos en la sala de mi casa. Los vecinos nos querían matar, era terrible. Pero con el tiempo mejoramos y la banda local de jazz con 15 otros músicos nos invitaron a tocar con ellos. Pensábamos que éramos los mejores porque ya no estábamos en la sala de mi casa sino en frente de público. Pero poco tiempo después nos sacaron de la banda, creó que no éramos tan buenos como pensábamos.

¿Cómo es el proceso de componer música para películas?

Es muy emocionante. Es una experiencia diferente que estar de pie tocando un solo en un concierto. Es un sentimiento de satisfacción de otro mundo. Tocar el instrumento es una cosa, escribir música es otra. Es como tener dos esposas.

Usted tocó el órgano de Johann Sebastián Bach. ¿Cómo fue esa experiencia?

Si, en Leipzig. Fue una experiencia única. Estuve allí con un organista de Ámsterdam que tocaba música clásica pero también jazz, entonces estábamos ahí los dos. De ese día recuerdo el sonido, sentí que las paredes iban a colapsar cada vez que tocaba una nota. El órgano estaba sobre una plataforma muy alta, y debajo, en el piso esta la tumba de Johann Sebastian Bach. Mientras tocaba lo único que podía hacer era mirar a su tumba e imaginarme que estaría pensando.

Muchos músicos de jazz dedican su vida al arte. ¿Por qué cree usted que tantas figuras del Jazz piensan en la música por sobre las recompensas que puedan salir de ella?

En la vida del jazzista existen dos etapas. Cuando eres joven, no tienes mucho de qué preocuparte porque tienes a tus padres respaldándote, entonces tu única preocupación es la música. Pero cuando te conviertes en un hombre, y tienes esposa e hijos tienes que repensar el dinero porque tus hijos no saben qué es el blues y el si bemol, lo único que les interesa es si hay comida en su plato en la mañana.