Vía: El Cultural.es | Arrastrados por la nostalgia y el desconsuelo de una industria en ruinas, algunos expertos se han atrevido a firmar el certificado de defunción del jazz. Salen al paso de un demoledor artículo de la revista ‘Salon’ Chano Domínguez, Ramón López, Jorge Pardo y Baldo Martínez, nombres que estos días son actualidad por sus reconocimientos internacionales.

Jazz

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El periodista Scott Timber, habitual columnista y colaborador de la revista norteamericana Salon, acaba de lamentarse de que el jazz se muere por la falta de grandes composiciones, por la ausencia de canciones como las que antaño firmaban Monk y compañía. Ello está motivando que el público de jazz, según Timber, se esté muriendo en paralelo. La reflexión del periodista estadounidense nos emplaza ante una cuestión recurrente en los actuales mentideros jazzísticos, aquella que genera dos claros posicionamientos en torno al jazz de repertorio y el jazz de creación. Entre los defensores más reivindicativos y activos de la primera opción destaca el trompetista Wynton Marsalis, un arqueólogo del género que quiere salvaguardar las esencias más académicas del gremio. Entre los segundos, y sin trasladar el debate a los dominios de la música de vanguardia, bien pudiera destacar el pianista Randy Weston, que ha crecido con los sentimientos y emociones que le ha ido colocando la vida en su teclado.Muchos son los abogados de una y otra causa, pero en el análisis de Timber se diagnostica un error de planteamiento inicial: comparar épocas. Nada tiene que ver la industria jazzística de los años 50 con la de hoy, más allá de la opinión respetable de que a su entender el público y las composiciones de jazz se están muriendo. No se puede cotejar el impacto de una serie concreta de canciones surgidas en esa época jazzística, marcada por un tejido profesional muy pequeño y sin la competencia de la música de The Beatles, con el eco que hoy pueden tener los cientos de miles de temas que nos llegan sin movernos de casa a través de internet.

El ritmo de los gustos

Los hábitos culturales de los consumidores han cambiado al ritmo de la vida, esto es, radicalmente, por lo que no se puede contrastar el éxito de una canción que ayer rivalizaba con otras cuatro más, frente a las numerosas composiciones a las que ahora se tiene acceso. Del mismo modo los gustos han mutado, y si antaño se llevaba el rojo pues ahora se lleva el azul. Es un decir.

El ambiente de pesimismo genera cierta perplejidad entre algunos de los jazzistas españoles que en este tiempo disfrutan las mieles del reconocimiento de audiencias y profesionales de todo el mundo. El saxofonista y flautista Jorge Pardo (Madrid, 1995), al que hace tres semanas la Academia de Jazz de Francia le designaba ‘Mejor músico europeo de 2012′, analiza el debate desde la perspectiva compositora: “Hay algunos muertos en el jazz que siguen vivos, eso es cierto, pero las que mueren son nuestras expectativas acerca de lo que nosotros hemos aprendido que debe ser…, siempre mirando lo que fue y ya no volverá. Recomiendo por la salud de todos eliminar cierta excesiva nostalgia o te verás ahogado en ese sentimiento. También recomendaría pasar más de los llamados pesos pesados del género y mirar por las rendijas, que es donde se aloja la creatividad más chispeante. ¡Y tomarte el pulso, para ver si estás vivo!”.

El pianista Chano Domínguez (Cádiz, 1960), abanderado del jazz español y candidato al ‘Mejor álbum de jazz latino’ a los Grammy (que se entregan el domingo) por Flamenco Sketches (Blue Note), opina de manera similar, situándose más cerca de la renovación del cancionero jazzístico que aboga el mismísimo Sonny Rollins en el mencionado artículo de Timber: “El jazz seguirá vivo mientras haya músicos que lo toquen, aunque pienso que hoy en día, hacerlo de la misma manera que se hacía en el siglo pasado es un error. Beber de esas fuentes es fundamental, pero a partir de ahí hay que aportar nuevos parámetros a ese punto de inspiración. Ahí radica la clave para la evolución de ese estilo”.

Este ‘darwinismo’ jazzístico está avalado por la práctica totalidad de los jazzistas modernos, desde Joe Lovano a Pat Metheny. Hoy las composiciones se multiplican cada día en plataformas online, por lo que la fertilidad creativa de los artistas de jazz está muy lejos de la extinción. Aun así, el jazz es una de las músicas más respetuosas con su memoria, sin necesidad de entrar en contradicciones. Así lo entiende Ramón López (Alicante, 1961), baterista y percusionista solicitadísimo fuera de nuestras fronteras, condecorado ‘Caballero de las Artes y las Ciencias’ por el gobierno francés en 2008: “Hay que inspirarse en los grandes, estudiar a los clásicos, pero también vivir experiencias de hoy en día, en todas las formas y lenguajes que tiene el jazz. Eso te enriquece y desde luego eso es indispensable para estimular la creatividad”.

El contrabajista Baldo Martínez El Ferrol, 1959), que acaba de firmar con Universal el disco Sonidos de la tierra junto al saxofonista italiano Carlo Actis Dato y estos días prepara gira con su Cuarteto Europa, apunta a una crisis más profunda: “Vivimos en una época excesivamente consumista y que va a una velocidad excesiva. Casi no hay espacio para la reflexión ni tiempo para asimilar las cosas que se nos presentan. Pero el jazz no se muere, ni mucho menos, el jazz no es pasado: siempre fue y es futuro, una revolución permanente”. El periodista y traductor de literatura jazzística Ferrán Esteve intenta poner igualmente un punto de mesura a tanta campanada agorera: “El jazz, como ha ocurrido siempre, goza de una extraordinaria mala salud de hierro. El cancionero americano tuvo su peso en la popularización del jazz entre el público, pero los tiempos han cambiado y su lugar hoy lo ocupan las músicas populares del momento”. La pregunta es: ¿se ha perdido algo con este cambio? “Lógicamente. Se quedan cosas por el camino, pero lo hacen para ceder su lugar a otras, y no hay que olvidar que, lo que no sobrevive nunca desaparece del todo, porque ha dejado una huella en el artista, que incorporará a su obra lo que realmente considere esencial”.

La proliferación de músicos y festivales de jazz en Europa son un claro síntoma de que el género interesa, más allá de los efectos de la crisis. Y de otro de los grandes males de nuestro jazz, la falta de pedagogía, tal y como señala Miguel Martín, director del Heineken Jazzaldia de San Sebastián: “La mejoría pasa por una generalización de la educación musical”. Y por lo que respecta al jazz patrio, la situación nunca fue mejor, lo cual no significa que no le quede mucho por mejorar. La actualidad de Chano Domínguez y Jorge Pardo dan buena muestra de la excelencia del género en España. ¡Ah! y en ambos casos, los reconocimientos llegan por su talento compositor… Aquí el jazz está vivito y coleando.