Vía: El Universal | Por Simón Villamizar

Hay canciones que simplemente sirven para alegrar el día; esas son las bailables. Hay canciones que despiertan recuerdos que se creían dormidos; esas son las nostálgicas o epifánicas. Hay otras que levantan el espíritu; esas son las iluminadoras. Pero hay unas, dice Teresa Cristina, que sencillamente pueden cambiarte la vida.

Teresa Cristina

Teresa Cristina

Eso fue lo que le sucedió a la cantautora brasileña -que a finales de esta semana aterrizará en Caracas para ofrecer dos conciertos gratuitos: el próximo sábado en la Casa Amarilla de la Cancillería y el lunes 9 de septiembre en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño- con la Samba de Roda del cantautor bahiano António Candeia.

“Era un disco que mi padre siempre escuchaba en la casa y al que mis hermanas y yo no le prestábamos mucha atención, porque pensábamos que aquella música no tenía nada que ver con nosotras. Pero a los 25 años, un amigo me prestó un disco compacto y me dijo que lo escuchara porque era sencillamente maravilloso. La sorpresa fue que aquel disco era el de Candeia que tanto escuchaba mi padre. Y tenía razón: aquella voz era realmente increíble. Aquella música era reveladora. Así que terminé avergonzada con mi padre”, confiesa ella, que comenzó a investigar entonces la vida de António Candeia, a escuchar todos sus discos y, más aún, a tratar de comprender el mensaje que había en sus canciones.

Así fue como conoció a Joao Batista Vargens, el biógrafo de Candeia; a Wilson Moreira, a Velha Guarda, a Casquinha, a Paulinho da Viola, y a toda una generación de grandes sambistas. Sin saberlo, dice ella, aquella música tan particular se le metió de pronto en sus venas como una suerte de religión.

“Cuando escuchaba aquella música -dice- sentía que estaba entrando a un lugar sagrado que merecía todo mi respeto. Todos los músicos que iba conociendo tenían ya una historia riquísima y merecían mi respeto. Me generaban sobre todo un sentimiento de reverencia. Eran personas muy dignas, humildes, bonitas, y que cantaban cosas que me colocaban en otro estado. Por eso creo siempre digo que la samba me hizo mejor persona”.

Y no exagera. En la música de Candeia, confiesa, encontró respuestas para su vida y hasta desahogo para algunas de sus penas. “Por ejemplo: Candeia tiene un discurso de exaltación de la raza negra y yo recuerdo haber llegado a casa cuando pequeña y haber llorado mucho porque en el colegio me ponían los sobrenombres más horrorosos. Me llamaban macaca. Por eso fue que hasta llegué a cuestionarme acerca de por qué hay negros en el mundo, y por qué todos los seres humanos no son del mismo color. El racismo existe en Brasil, aunque no sea una cosa asumida. Existe, y con fuerza. Pero aquella música cambió entonces mi relación conmigo misma. Me sentí más bonita, incluso con coraje. Sí, esa música me cambió mucho”, explica Teresa Cristina, que por aquellos años incluso decidió abandonar sus estudios de literatura inglesa y norteamericana, o mejor, cambiarlos por los de literatura brasileña y portuguesa.

“Leí entonces a (Fernando) Pessoa, a (José) Saramago, a Machado de Assis y a Gilberto de Mello Freyre. Y creo que fue toda esa literatura la que hizo que nacieran en mí las ganas de escribir”, cuenta la cantante brasileña, que ya había pasado a formar parte del grupo de samba Semente, y que entonces comenzó a componer.

“Quería hablar de la vida, de la naturaleza, de mi relación con la samba, de todos esos temas que nunca faltan en el género. Porque es precisamente gracias a la manera cómo esas personas ven la vida, de una manera tan simple, acaso tan humilde, que la samba se ha hecho tan próxima del brasileño. Yo diría que es una simplicidad muy especial, sobre todo comparada con el mundo artístico, en el que la gente es tan vanidosa y está tan preocupada de hablar de sí misma, que hace que la samba sea así, tan próxima a todos”.

Con Paulinho Da Viola grabó sus dos primeros discos -al menos como solista- A música da Paulinho da Viola (volumen 1 y 2). Después vinieron Tiro poeira (2003), Surica (2004), A vida me fez asim (2004), O mundo é meu lugar (2005), que grabó en el Teatro Municipal de Niteroi-Río de Janeiro. Y Delicada (2007), que grabó con Zé Renato, y en el que incluyó canciones propias como Cantar y Delicada, y una versión de Gema, de Caetano Veloso.

Sin contar que este año finalmente planea grabar un disco que tiene pendiente desde sus inicios: con canciones de Candeia. Y el año que viene, advierte, se meterá nuevamente en los estudios para editar uno nuevo con canciones propias.

“Como es la primera vez que voy a Venezuela, y creeme que estoy muy contenta de hacerlo, quiero hacer un resumen de toda mi historia. Supongo que voy a encontrar allá mucha gente que no me conoce, así que lo mejor es llevar también canciones de Paulinho da Viola, de Chico Buarque, y de una cantante que este año cumple treinta años de fallecida, Clara Nunes… Sin olvidar que también separé un bloque con canciones de mi autoría, para que me conozcan mucho mejor”. Canciones que tal vez a alguien, o a muchos, les cambien la vida.