Una visita al cine, a los seis años, cambió el rumbo de la vida de José Carreras. Sus padres lo llevaron a ver la película El gran Caruso (1951) de Richard Thorpe. Mario Lanza, el tenor y actor que interpreta a Caruso, lamenta en el filme que el hombre no tiene la voz, sino que la voz tiene al hombre.

Vía: www.nacion.com | POR CARLOS SOTO CAMPOS

Me enviaron a un conservatorio a los 7 años y ahí aprendí canto, música y piano, siempre con la idea de convertirme en un cantante, no un pianista o un instrumentalista, sino un cantante

Sería fácil atribuirle al destino ese momento en que Carreras escuchó esa frase, pero él tiene otros santos: la disciplina y la determinación. Sin estos, el joven Josep Carreras, de Barcelona, no estaría sentado en una sala de reuniones en Costa Rica, contando la historia de sus más de 50 años de trayectoria.

Me enviaron a un Conservatorio a los 7 años y ahí aprendí canto, música y piano, siempre con la idea de convertirme en un cantante, no un pianista o un instrumentalista, sino un cantante. Tuve la suerte de que las cosas funcionaron como lo planeamos”, afirma contento, como si aún sintiera alivio de que sus padres accedieran.

Carreras, hoy de 70 años, no habla de suertes o destinos, sino de planes. Entre los más recientes, está el retiro. “Tarde o temprano hay que asimilar la realidad, ¿no?”, le dijo a The New York Times hace dos semanas.

¿Será un retiro de esos que se suspenden? “No cantaré en más de dos años”. En el 2019 no se volverá a oír esta voz en un escenario, ese es el plan.

La voz de Carreras en entrevista es tan imponente como la que tiene en el escenario. Viva conversó con él sobre su trayectoria, un recuento que el tenor agradeció, en medio de esta gira de despedida.


–Cuando estudiaba en el conservatorio, ¿soñaba con convertirse en un referente de la música lírica?

Si uno sueña, debe soñar a lo grande, y yo me imaginaba en el teatro de mi hogar, el Liceu de Barcelona; evidentemente, en el Teatro alla Scala de Milán, en los grandes teatros de la ópera en Europa.

“Como le digo, yo he tenido suerte en mi trayectoria, porque a los 27 pude cantar en la Scala, el Covent Garden y el Metropolitan (Opera House) y junto a grandes directores como Zubin Mehta. Eso me parece muy importante; esos momentos hacen que la carrera de un joven cantante se acelere”.

–La única pausa evidente que ha tenido fue cuando se trató la leucemia. Uno podría decir que después de esto usted volvió con más fuerza, su carrera tuvo un segundo impulso…

Sí, tras once meses en hospitales, resistiendo toda la quimioterapia que un cuerpo puede aguantar y todos los tratamientos que se pueden imaginar hacía falta determinación, y ese segundo impulso –como usted lo llama–, se debió a que entendí que el canto era en lo que quería aprovechar mi vida. Quería disfrutar cada momento y lo hice intensamente, aún disfruto mucho cada momento.

–¿Aumentaron los cuidados tras su regreso?

Pues al inicio, sí, uno hace caso a los doctores y trata de seguir los procesos para asegurarse que todo siga bien, pero luego fácilmente cae en otros… Otras costumbres que quizá no eran las mejores. En un ritmo tan acelerado, es fácil volver a lo que ya se conoce.

–La unión de los Tres Tenores aceleró su carrera nuevamente. ¿Fue una forma de seguir soñando en grande?

Eso ocurrió en el año 1989. Una de las personas responsables por los actos que iban junto al Campeonato Mundial del Fútbol de Italia en 1990 me dijo, ‘José, ¿por qué no organizamos un concierto con los cantantes más importantes del momento? Unos 20 o 30 tenores, bajos, sopranos’. Y yo dije, ‘esto es fántástico, pero te voy a proponer otra cosa. ¿Por qué no hacer un concierto con tres tenores? Es algo que no se ha visto y puede despertar más interés por el público’.

En aquel momento contacté a mis colegas –Luciano y Plácido–, y los dos se adherieron a la idea y con la determinación y el coraje de poner este concierto en el lugar y el momento adecuado, logramos hacer algo muy exitoso”.

–Ese momento marcó un despertar en la ópera como fenómeno de masas…

Sí y esto lo digo sin arrogancia, espero no me interprete mal: fue un fenómeno social. Muchas personas nos vieron en la televisión y luego compraron los discos (se han venido más de 10 millones de copias y tiene el Récord Guiness al álbum de música clásica mejor vendido en la historia). Muchas de estas personas no estaban familiarizadas con la ópera, pero estos conciertos en los que cantábamos juntos algunos medleys (popurríes) se volvieron muy populares.

“Claro que no era como ir a ver la ópera, pero sí creó una forma en la que mucha gente se pudo acercar a toda esa música. Era algo inesperado, pero finalmente contribuyó a la vida de la ópera. Éramos tres cantantes con distintas voces, distintas figuras y distintas formas de ver la vida, pero juntos creábamos en el escenario algo nuevo, y teníamos verdadera unidad”.

–¿Cómo era compartir el espacio de camerino con personalidades tan fuertes?

Compartimos escenario, no camerino, ¡no se pase! (risas) Es solo una broma tonta, no me haga caso. Sobre lo que significó compartir, yo puedo hablar por mí y creo que en este caso puedo hablar por los tres: yo amo la música, el canto y tengo el mayor aprecio por quien tenga el talento para hacerlo. Ellos también, cada uno nos admirábamos por nuestras propias capacidades y eso al final fue lo más importante, que nos llevamos una experiencia única y solo aumentó el aprecio mutuo

Claro que no era como ir a ver la ópera, pero sí creó una forma en la que mucha gente se pudo acercar a toda esa música. Era algo inesperado, pero finalmente contribuyó a la vida de la ópera.

–¿Podría suceder una cosa así en el 2017? ¿Tenemos los cantantes?

Creo que ese fue un momento particular. Cantantes, se me ocurre que debe haber tres o más de tres que podrían cantar todo eso, claro que sí; no quisiera decirle nombres, pero estoy seguro de que los hay, podrían cantar las canciones, pero lograr eso, no lo sé.

“Juntar a tres personas en un escenario capaces de entenderse, capaces de comprender lo que significa cantar al lado de otros cantantes de ese nivel, no es fácil. No sería nada sencillo repetir esta aventura nuestra”.

–¿Cuál es el ingrediente que faltaría para emular aquella aventura? El ingrediente más difícil de conseguir…

Nosotros estábamos convencidos de lo que queríamos y determinados a hacerlo. Podía salir bien o salir mal, pero afortunadamente salió bien. Teníamos esta fuerza e ilusión de juntarnos y yo creo eso que era más importante que tener los instrumentos o los tres tenores. Esa determinación y esa disciplina las considero fundamentales.

“Juntar a tres personas en un escenario capaces de entenderse, capaces de comprender lo que significa cantar al lado de otros cantantes de ese nivel, no es fácil. No sería nada sencillo repetir esta aventura nuestra”.