El compositor alemán Georg Philipp Telemann, es uno de los músicos más destacados del siglo XVIII.


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De una familia de tradición clerical, en la que había ciertos antecedentes musicales, nació en la ciudad de Magdeburgo, el día 14 de marzo de 1681.

Georg Philipp era tenido por músico moderno, capaz de atraer a la juventud universitaria y, en efecto, para él la fuga y el contrapunto habían dejado de ser los fundamentos de la música.

Prefería la melodía, un estilo más ligero y más simple.

Esa es la razón por la que sólo apreciase a Bach como director y gran virtuoso del teclado, pero no como compositor.

La vida del músico barroco alemán es tan variopinta y apasionante que bien podría ser factible de acabar formando parte de una historia en celuloide.

Tan prolífico que nunca fue capaz de contar el número de sus composiciones, viajó mucho, absorbiendo diferentes estudios musicales e incorporándolos a sus propias composiciones.

Constituye una buena muestra de la música de su tiempo, pues sintetiza el contrapunto alemán y el concierto italianizante, así como la danza francesa (suite) y la ópera de Lully.

Su actividad como director y compositor, estrechamente vinculada a la sociedad cortesana de la época, eclipsó en buena medida los nombres de J. S. Bach y Haendel, hasta el extremo de que éste se fue a Inglaterra; pese a ello, ambos músicos profesaban por Telemann una sincera amistad y admiración.

En su tiempo fue un músico incluso con mejor prensa que el admirable señor Bach, un amigo de verdad pero también un formidable competidor al que superar, y aunque jamás tuvo la experiencia de una formación musical bajo la sombra protectora de un maestro merecedor de tal nombre, Telemann tuvo tiempo a pesar de las circunstancias no muy propicias a lanzarse con salvaje ahínco al desarrollo acumulativo de actividades varias.

Casi todo lo que conocemos del amigo Telemman lo sabemos a través de él, lo que no suele ser una fuente en exceso fiable.

Entre los años 1718 y 1739 nuestro compositor escribió la friolera de tres autobiografías en las que contaba los detalles más relevantes de su juventud y su madurez.

Por ejemplo, Telemann estudió Derecho y Letras en la Universidad de Leizpig, aunque a partir del año 1702, cuando contaba ya con más de treinta años, encaminó sus intereses creativos y profesionales a todo lo que estuviera relacionado con la música, llegando a fundar en la vieja ciudad alemana una orquesta, el todavía célebre Collegium Musicum.

No tuvo que pasar mucho tiempo para que lo nombraran director de la Ópera de Leizpig, más que relevante espaldarazo a su carrera que le restó, digámoslo con suavidad, el caluroso cariño de no pocos compañeros de profesión y actividad.

Entre los años 1705 y 1755 la vida de Telemann fue un no parar entre distintas ciudades europeas mientras escribía textos diversos y escribía diversa música: en ese periodo nuestro personaje fue maestro de capilla del conde Von Promnitz, director de la música en la ciudad de Francfort, director de las cinco principales iglesias y Cantor en el Johanneum de Hamburgo.

Finalizado el año 1755 Telemann ya sólo escribió música de marcado carácter religioso, y cuando murió, la fortuna juega así sus bazas, le sucedió en los puestos de la ciudad de Hamburgo su ahijado, es decir, uno de los hijos de su principal contrincante, vamos, el bueno de Carl Philipp Emmanuel Bach.

Telemann escribió bastante para el teatro, fue un teórico musical de renombre, fundó el primer diario especializado en música de toda la historia y también fue el impulsor decisivo del primer concierto de carácter público que tuvo lugar en Alemania.

La cantidad de piezas de música de cámara que escribió es prácticamente incontable, tal es así que incluso él mismo, ante la tarea de contarlas y catalogarlas, puso pies en polvorosa.

Telemann fue un músico cien por cien alemán, lo que tampoco fue un muy real impedimento para que conociese y practicase las formas de composición propias de las modas francesas e italianas, logrando aunar a lo largo de su obra, al menos de alguna manera, las tres clases distintas de estilos o modos compositivos.

En este preciso sentido, en un año tan alejado de nuestros días como 1770, ya el entonces conocido crítico Ch. D. Ebelling escribió que Telemann supo aportar a los alemanes la alegría y la naturalidad en sus melodías.

Muy anciano, aquejado de una dolorosa enfermedad de pecho, Telemann falleció en Hamburgo el día 25 de junio del año 1767.