Por Pablo Kohan  | Para LA NACION

Basta escuchar a Plácido Domingo o a cualquier cantante lírico haciendo tangos o boleros para entender que las buenas voces y los estilos interpretativos son dos cuestiones diferentes y que las primeras cualidades, de por sí, no se traducen, necesariamente, en productos musicales de excelencia. Cuando Daniel Barenboim, sin máculas de ningún tipo, tocó y registró “A fuego lento”, más valoramos la inmensa capacidad musical de Horacio Salgán. Para contradecir esas suposiciones, casi siempre justificadas, que prescriben que debemos sospechar de los resultados artísticos de un artista académico que se aventura en el campo de la música popular, han aparecido dos compactos de música popular de altísimo nivel a cargo de dos cantantes formadas, precisamente, en la lírica. Susanna Moncayo se aventura en el tango y Annelise Skovmand, en el folklore. Y sus álbumes están muy bien realizados y, justamente, muy bien cantados.

Moncayo y Vila, complemento perfecto. Foto: Alejandra Lopez

Moncayo y Vila, complemento perfecto. Foto: Alejandra Lopez

El CD de Moncayo se llama Tangos de cámara, una definición exacta, inapelable. Acompañada por un quinteto de cuerdas y con arreglos de muy alta elaboración de Diego Vila -una verdadera antología de sofisticación armónica y de impecables entramados contrapuntísticos- la mezzosoprano se desprovee de vibratos innecesarios y de lecturas mozartianas o verdianas para cantar tangos. Así de sencillo. Tangos de cámara podrá entusiasmar en diferente medida porque su búsqueda de gran refinamiento musical evade los sonidos habituales del género, situación que se potencia ante la ausencia de un bandoneón. Pero el decir de Moncayo y sus intenciones son absolutamente tangueros. Y sobre cuestiones de gusto, que de eso podrían tratarse las objeciones, no hay discusiones, ni posibles ni válidas.

Skovmand, que con el gran guitarrista Pablo González Jazey, conforman, desde hace años, el muy logrado dúo Rosa Incaica, se apartó, en esta ocasión, del repertorio académico argentino en el cual se ha desenvuelto con suma pericia. En Norte, el título del compacto, Annelise, una soprano danesa afincada desde hace tiempo en nuestro país, se aparta de su feliz derrotero por la cancionística de Guastavino, Ginastera y otros nacionalistas argentinos para adentrarse, con una soltura llamativa y una dicción impecable, por entre gatos, chacareras, zambas y vidalas, algunas tradicionales, otras más recientes. Pero no todo es su canto ya que Norte está atravesado por la mano maestra y el oficio del tucumano González Jazey y de otros músicos de larga historia en la música folklórica. Por lo demás, para sorprender aún más, en el compacto aparecen, con interpretaciones mucho más nativistas que rockeras, canciones de Fito Páez y Charly García. El empuje vocal e instrumental de “La alabanza” y el arreglo vocal de “Vidala para mi sombra2 son, sencillamente, dos perlas auténticas.

Si la lectura es la pertinente y si las intenciones toman en cuenta los estilos interpretativos propios de la música popular, los líricos pueden indagar por fuera de Rossini o Puccini. Moncayo y Skovmand lo demuestran. Acercarse para constatar, oír para disfrutar.