Es el pianista más conocido del mundo y su fama sobrepasa largamente el ambiente de la música erudita. Aquí un perfil y una breve entrevista a Lang Lang.

Vía: La República.pe | Federico de Cárdenas

Entra al salón de embajadores del Country Club vestido de negro y con una actitud distendida que poco tiene que ver con la imagen compuesta que se podría esperar del más célebre pianista clásico actual. Con 30 años, Lang Lang ha difuminado las barreras entre la música popular y el mundo clásico en un decenio de actividad artística. Esta noche, el concertista nacido en Shenyang y con centro en Nueva York debutará en Lima con un exigente programa que comprende cuatro sonatas tempranas de Mozart y las Cuatro Baladas de Chopin. “A su modo, dos innovadores”, explica.

Lang Lang, Piano

Lang Lang, Piano

Embajador artístico del gobierno chino, estrella del sello japonés Sony Classical, representante de Unicef y embajador de marca del Grupo Telefónica, los logros de Lang Lang causan asombro, a tono con la simpatía y la cortesía que pone de manifiesto para atender al periodismo.

El pianista llega al país en la cima de su fama. Pero él se lo toma con calma: “Realmente nunca he sentido que soy el músico clásico más famoso del mundo. Me esfuerzo muchísimo”, nos dijo ayer, horas antes de su concierto en el Gran Teatro Nacional.

Nacido en 1982, Lang Lang es hijo de un músico del ejército que vivió los rigores de la Revolución Cultural. Con estudios desde los tres años, el pianista es producto de la severidad con que su país busca formar talentos, así como de la obsesión de su padre por convertirlo en un genio, según relató en su biografía Un viaje de miles de kilómetros.

Discípulo de Daniel Barenboim, el músico tocó en la apertura de los JJ.OO. de Beijing 2008, en una ceremonia vista por cinco mil millones de personas. Un año después la revista Time lo eligió uno de los 100 personajes más influyentes del planeta y The New Yorker lo calificó de “embajador mundial del piano”. Su biografía fue traducida a 11 idiomas y es protagonista de un documental, The art of being a virtuoso.

Debutó en público a los cinco años, ingresó al Conservatorio de Pekín y a los 15 ganó una beca para estudiar en Filadelfia. Dos años después se consagró al tocar a Tchaikovsky con la Orquesta Sinfónica de Chicago.

Gran estrella del piano, el artista promueve el estudio de la música clásica en niños de todo el mundo a través de su fundación, Lang Lang International Music Foundation. “Las crisis económicas generan en el arte una ruptura, y en ese contexto la música puede hacer que nuestros niños sean más creativos, imaginativos y abiertos hacia el futuro”, dijo ayer.

Ayer en la tarde, en el auditorio de Telefónica, Lang Lang dictó una clase maestra a tres estudiantes del conservatorio y tuvo un reencuentro afectuoso con Gabriel Yat Lian y Alejandra Rivero, ganadores locales del concurso para tocar con él en el festejo de sus 30 años el año pasado en Berlín. En la conferencia de prensa estuvo flanqueado por Álvaro Valdés de Telefónica y Alberto Menacho de TK producciones, empresa organizadora del concierto de esta noche.

Luego del ritual de preguntas y respuestas, el intérprete se sometió con simpatía y paciencia a breves encuentros exclusivos con los periodistas. Aquí una apretada síntesis de nuestras preguntas:

Comenzó su formación con maestros chinos y luego la continuó en Occidente. ¿Qué rescata de esa experiencia?

Creo que soy un cruce del arte chino con el arte occidental. En China hay una tradición de gran rigor en cada especialidad artística. Si quieres destacar en cualquiera de ellas tienes que ser muy disciplinado, practicar durante muchas horas y seguir a la letra lo que te enseñan tus maestros. Tuve la suerte de tenerlos muy buenos en el Conservatorio de Pekín, pero conforme avanzaba en mi formación me di cuenta de que si quería dominar la música occidental tenía que aprenderla en Occidente. Ganar esa beca que me permitió estudiar en Filadelfia fue ideal para completar mis estudios, y mi encuentro con Daniel Barenboim fue decisivo.

Ha citado a Vladimir Horowitz y a Arthur Rubinstein como pianistas que lo han influenciado. ¿En qué momento pudo escucharlos?

En China, donde circulaban discos y videos. Las interpretaciones de Horowitz siempre me parecieron lo más cercanas a la perfección que pudiera imaginar. Recuerdo haber visto un video con Rubinstein tocando, ya muy viejo y fatigado. Creo que entonces tenía cuatro o cinco años, pero fue tan emocionante que me hizo llorar.

¿Hay alguna grabación próxima en su agenda o que se encuentre preparando?

Sí, en unos pocos meses, con la dirección de Simon Rattle, grabaré dos conciertos de Mozart. En lo inmediato, cuando termine esta gira por Sudamérica que acaba en Bogotá, tengo programado un concierto en Nueva York en pocos días, organizado por la Fundación que presido en el Carnegie Hall. Vendrán otros amigos artistas. El objetivo es lograr reunir ingresos por un millón de dólares, que destinaremos a la educación musical escolar.

Leí que en China había cuatro millones de estudiantes de piano. ¿Es el resultado de su Fundación?

No cuatro, ¡50 millones! Por supuesto que no puedo atribuirme ese mérito. Habrá que ver cuántos perseveran y concentrarse en aquellos que manifiesten talento y dedicación. Pero podrían ser varios miles.

¿Tenía alguna referencia del Perú antes de su venida?

Había escuchado hablar de su magnífica gastronomía, que no sé si podré degustar dada la brevedad de mi visita. Y sabía, por supuesto, que era el país de Machu Picchu, que tampoco podré ver esta vez. Pero espero retornar con el único objetivo de hacer una visita a Machu Picchu.

¿Conoce a algunos músicos peruanos?

Sí. Soy buen amigo de Juan Diego Flórez y conozco también al director Miguel Harth Bedoya.