Vía: centrotampa.com | Juan Carlos Chávez

En algún momento de su vida María Antúnez estudió Ingeniería, siguiendo el consejo de sus padres. Sacaba buenas notas pero los libros y salones universitarios no pudieron vencer su pasión por el canto, algo que llamó su atención a una edad tan temprana como a los ocho años.

Antúnez, uruguaya de 30 años, fue becada para estudiar en la Universidad de Charleston y el Programa de Jóvenes Artistas ‘Domingo-Cafritz’, de la Ópera Nacional de Washington DC.

Con el tiempo se hizo soprano y voz fundamental en el circuito lírico mundial, presentándose en escenarios como el Kennedy Center, en Washington DC, el Centro Nacional de Artes Escénicas, de Beijing (China), y el Teatro Bolshoi, en Moscú (Rusia).

En 2011 Antúnez ganó el concurso de la Ópera del Metropolitan, en Nueva York, y el Operalia, en Moscú. Recientemente trabajó bajo la dirección del tenor y director español, Plácido Domingo, en el estreno mundial de la ópera Dulce Rosa, de Lee Holdrige. A mediados de febrero se presentó con la Ópera de Sarasota interpretando el rol de la condesa Rosinna de Almaviva, en las Bodas de Fígaro.

CENTRO Tampa habló telefónicamente con Antúnez, quien desde Sarasota nos contó sobre su trabajo y actividades.

CENTRO Tampa: No muchas personas saben que hace menos de seis meses fuiste madre por primera vez. ¿Cómo balanceas tus obligaciones de carácter personal y profesional?
María Antúnez: Definitivamente ser madre es otra experiencia, pero es una experiencia que representa un desafío porque eres cantante de ópera y hay un calendario a seguir. Mi esposo, Martín Nusspaumer, es tenor, y ambos estamos muy involucrados en esto. Pero el canto es mi pasión y no podría, no me veo, haciendo otra cosa.

CT: ¿Cómo te decidiste a ser soprano? ¿Hablamos de un proceso de adaptación, una casualidad de la vida o una herencia artística?
MA: Una determinación temprana. Mi decisión ocurrió cuando era una niña. Siempre me cuentan mis padres que, en lugar de estar jugando con muñecas, prefería estar cantando y bailando. Un día me preguntaron si quería tomar clases de canto y me sentí maravillada. Eso fue a los 8 años de edad. No empecé con ópera, pero experimenté con música de cámara en diferentes idiomas, como alemán, italiano y francés. Eso fue lo que me abrió otro mundo, porque en mi familia realmente no hay artistas.

CT: ¿Qué tan complejo es ser artista en Latinoamérica y, particularmente, soprano?
MA: No es precisamente una de las ideas más brillantes que se te puedan ocurrir por todos los obstáculos y dificultades que se presentan en el camino; pero cuando haces las cosas con pasión y dedicación, lo cambias todo.

CT: ¿Cuál fue el despegue de tu carrera a escala internacional?
MA: Definitivamente el concurso en el Metropolitan me abrió las puertas porque considero que estableció el comienzo de lo grande. Se presentaron 2,000 concursantes. Es una competencia muy difícil pero lo logré. Luego me invitaron a Washington y fue entonces cuando conocí a Plácido Domingo. En general diría que las cosas se han ido dando de a poco. Desde niña hice muchos recitales y cantaba a nivel local. En Estados Unidos fue otra cosa, pero lo que más despertó la curiosidad de la gente y la opinión pública fue el concurso del Metropolitan.

CT: ¿Cómo ha sido trabajar con Plácido Domingo?
MA: Desde el primer día que le canté, como prueba, pensé que me iba a morir de los nervios porque uno lo admira como artista y cantante. Plácido Domingo es un referente obligado y tenerlo frente a mí, trabajando conmigo, fue apoteósico. Es una persona como los grandes, pero muy sencilla. Hicimos incluso zarzuela, una de mis pasiones.

CT: ¿Con qué idioma te sientes más a gusto como soprano? Hago esta pregunta porque no hace mucho interpretaste música de cámara en chino.
MA: El italiano, sin duda alguna, es el mejor amigo de la voz para cantar. La experiencia en China fue otra cosa y surgió precisamente después del concurso del Metropolitan, en Nueva York. Recuerdo que estuve estudiando durante un mes en Beijing para cantar en mandarín. Los músicos chinos son estupendos. Todo el circuito artístico y musical en China es muy bueno. El público responde y lo hace de gran manera. Luego volví a cantar en mandarín durante un festival chino en Washington DC. Fue una presentación especial porque no habían muchas sopranos que pudiesen cantar en mandarín.

CT: ¿Las sopranos y los tenores se han ido adaptando a los nuevos tiempos? ¿Consideras que están más cerca de la gente?
MA: En otras épocas hablábamos de la prima donna como algo que estaba en otra dimensión, pero eso ya pasó. Hoy en día somos gente con los pies en la tierra y nos ajustamos a la situación. La misma vida moderna ha hecho que esto cambiase.

CT:¿Dónde queda esa cuota de ego que caracteriza a los artistas?
MA: Es parte de la personalidad de uno. Pero ya no funciona como antes.