Vía: www.lasprovincias.es/ CARMEN VELASCO | VALENCIA

Fabio Biondi, codirector musical del auditorio, considera que el coliseo ha de pasar página: «Respeto la historia del teatro, pero Schmidt es el pasado»

Fabio Biondi (Palermo, 1961) ultima su mudanza a Valencia. Se ha trasladado a una vivienda de la Gran Vía Marqués del Turia. Quiere estar presente en la ciudad donde, si nada se tuerce, trabajará por periodo de cuatro años. Tratará de compatibilizar la codirección musical del Palau de les Arts con sus responsabilidades al frente de Europa Galante y la Sinfónica de Stavanger.

-Su primer trabajo en Les Arts pasa por las audiciones de la orquesta. ¿Cómo están discurriendo?

-Muy bien. Me choca el nivel medio-alto de los candidatos, pero estoy muy sorprendido con la calidad superalta de los músicos de la orquesta.

-Usted no conoce la formación de Les Arts…

-No, no la conozco. No puedo definir ni valorar la orquesta en su conjunto. He oído a los músicos de forma individual y tienen un nivel sorprendente. Trabajaré con ellos por primera vez el 9 de octubre para el recital ‘El violín en el Siglo de las Luces’.

-¿Qué supone para un director de su perfil dirigir una formación de ópera moderna?

-Ya he trabajado antes con orquestas modernas, no supone ningún problema ni estrés añadido. Respetaré la personalidad de la orquesta, pero quiero demostrar que puede acercarse a una ópera de Händel con la misma legitimidad. La legitimidad de una interpretación no pasa por los instrumentos, sino por trabajo, lenguaje y estudio. Ampliar la capacidad de la orquesta y emplearla para cualquier repertorio será increíble. No me limitaré al barroco o al clásico, sino que abordaré títulos románticos porque respecto a Donetizzi, Bellini y Rossini se pueden llevar a cabo interpretaciones alternativas. La música antigua nos ha enseñado la búsqueda perpetua de nuevas claves para poder renovar y huir del dogmatismo.

-¿No es arriesgado ser titular de una orquesta con la que no ha trabajado y sólo conoce por referencias de terceros?

-No. En la carrera de un músico, como en la de una orquesta, hay momentos en que se necesita aventura, pasar página y adentrarse en nuevos retos. La música es el escenario de la comunicación. Gracias a ella conocemos gente y producimos espectáculos para tener nuevo público, es una especie de ‘refreshing’.

-Ha mencionado la expresión pasar página. ¿Usted viene a Les Arts para tal fin?

-Sí, en el terreno musical, pero no en el sentido de borrar lo que ha pasado anteriormente en la institución. Por respeto a los trabajadores del teatro y sin conocer a los interlocutores de la anterior etapa, no me acercaré al pasado del coliseo.

-¿Les Arts necesita nuevo público para sobrevivir?

-Sí. La supervivencia del coliseo pasa por dos objetivos. El primero, abrirse más al público de Valencia a través de una programación familiar donde todos se sientan parte del proyecto porque el problema de la música clásica es la élite. Debemos coger la mano de los ciudadanos, cuantos más mejor, y decirles: “Ven, mira el teatro. Les Arts es tuyo. No es mío”. El segundo objetivo pasa por mantener la máxima calidad de la orquesta y la ópera, pero añadiremos una programación curiosa e interesante que traiga a Valencia público internacional que sólo encuentre aquí nuestro repertorio. Podría ser un gol extraordinario.

-El coliseo depende del presupuesto económico y de las grandes batutas, pero ¿el público de Valencia es el que salvará a Les Arts?

-Sí, así es. Hay que hacer de la cultura y de la ópera el pan cotidiano, pero esto implica desarrollar una mentalidad para que la ciudadanía se sienta orgullosa de Les Arts. El coliseo, como otros auditorios del mundo, ha recurrido a los grandes maestros y a la presencia de cantantes muy importantes. Les Arts caminaba por una gran avenida llena de negocios y de tiendas de alta gama, pero ahora ha de mantener ese nivel aunque ha de discurrir por la calle principal de la ciudad, esa donde se reúnen los ciudadanos de cualquier clase. Es evidente que se necesita dinero para la ópera porque es importante tener presupuesto, pero sobre todo es esencial desarrollar ideas. Les Arts debe ser un contenedor cultural donde pasen millones de cosas. De nada sirve que miles de personas fotografíen el edificio si dentro está vacío. Entiendo mi presencia en Les Arts, no sólo para tocar y dirigir, sino para tener una relación con el mundo cultural valenciano.

-Tiende puentes al conservatorio y al Palau de la Música. ¿Cómo se va a materializar?

-Desde el nombramiento de Davide Livermore han cambiado las relaciones entre las instituciones musicales de la ciudad. Del pasado no puedo hablar, pero sí he trabajado mucho en el Palau de la Música y siempre me ha resultado absurdo ese enfrentamiento con Les Arts y ese corte total de comunicación. El Palau de la Música, donde actúo en marzo, es una fuerza cultural de la ciudad y está en el proyecto, todavía no sé en qué forma, cogernos de las manos. Lo que sí hemos hecho es comunicarnos la programación para no solaparnos y nos coordinaremos para dar más oportunidades de repertorio al público.

-Con la anterior intendencia, la relación de los Palaus era diferente. ¿Usted tuvo relación con Helga Schmidt?

-No. Me consta que tenía admiración por mí, pero pensaba que por mi presencia sistemática en el Palau de la Música estaba fuera de Les Arts. Esta forma sectaria de ver los artistas como propiedad es una limitación porque la música no es de nadie. Nuestra obligación como músicos es servir al público, no a las instituciones ni a la política. Me resultó particularmente triste que el Centro de Perfeccionamiento estrenara ‘Narciso’ en el Festival de Música Antigua de Innsbruck de 2014, donde yo dirigí dos funciones, y en Valencia el director de orquesta fuera otra persona. Respeto la historia del coliseo, pero Helga Schmidt es el pasado.

-¿Cuánto ha pesado su relación con Livermore para que le nombrara, junto con Roberto Abbado, director musical de Les Arts?

-Hemos trabajado juntos en varias óperas y hemos congeniado en sentido artístico. La idea de Livermore de abrir el teatro a un repertorio nuevo es afín a mi perfil. No se nombra a amigos, sino a profesionales para sacar adelante los proyectos.

-El intendente pensó en usted y en Roberto Abbado para Les Arts. ¿Había trabajado antes con el maestro?

-No, no lo conocía. Formamos un triunvirato (ríe) y unimos nuestras fuerzas para conseguir objetivos comunes. Yo no me quiero poner ninguna medalla como director musical, vengo a servir a Les Arts. Me siento siervo de la música. Con Abbado hemos hablado muchísimo de la orientación futura y del repertorio.

-El Palau de les Arts se hizo fuerte con Zubin Mehta y Lorin Maazel. Diez años después, Abbado y usted son las batutas titulares. ¿Son equiparables? ¿Teme las comparaciones?

-Maazel y Mehta son dos grandísimos de la música. Ambos son el espejo de una generación que está cambiando. Está transformándose la fisionomía de los artistas y el mercado también lo marca. La figura y la personalidad de los músicos de ahora empieza a ser totalmente distinta. Los teatros solicitan artistas perpetuamente informados, en busca de innovación y con repertorios amplios… Abbado y yo no somos comparables a Maazel y Mehta porque somos distintos en las ideas y en capacidad. Se nos ha elegido a nosotros porque hay un cambio de mentalidad en lo que Livemore pretende para Les Arts. No haremos en el coliseo lo que ya hicieron ambos maestros en el pasado.

-Llega al Palau de les Arts en un momento complicado. Se está formando nuevo gobierno, como resultado de las elecciones, y la situación presupuestaria es limitada. ¿Valoró estas condiciones?

-La cuestión económica no frenó mi decisión y, como la mayoría de los músicos, soy apolítico, aunque puedo tener ciertas empatías ideológicas y lo que ha pasado en las elecciones va en mi misma dirección. Los movimientos políticos de Europa, como los de Grecia, Italia o España, tienen en su base en el deseo de las personas de cambiar las cosas. Espero que los políticos tengan en cuenta que la cultura es una prioridad y puede funcionar como motor de transformación. En Valencia el giro político ha sido importante y es momento de ver cuál es la prioridad de los gobernantes. No lo digo por defender el sitio donde trabajo, pero sí es una oportunidad para ver si hay interés en dar contenido a Les Arts.

-Conoce mejor el Palau de la Música que Les Arts. Es amigo de Ramón Almazán, que tras el cambio político abandona su cargo. ¿Le ha dado algún consejo para su estancia en Valencia?

-No, porque no he podido quedar aún con él. Le tengo cariño por haber compartido numerosas experiencias, pero también porque es un gran conocedor de la música. Espero que el nuevo gobierno municipal ponga a un responsable competente en el Palau de la Música. Resulta triste que la política prescinda de un profesional tan competente como él y con tantos años de bagaje cultural. Es de justicia decirlo.