El programa liderado por el maestro José Antonio Abreu sigue multiplicándose por el mundo. En esta oportunidad, Grecia se suma a los más de 50 países que han decidido impulsar la inclusión y desarrollo social de niños y jóvenes a través de la música.


Prensa FundaMusical Bolívar

El Sistema Grecia inició su primera etapa con la convicción de influir en la inclusión social de miles de niños y jóvenes que se encuentran en los campos de refugiados instalados por todo el país. Anis Barnat, un jóven profesional francés ligado al mundo de la música académica internacional, es quien lidera el proyecto que, además, contó con la visita de la maestra venezolana Lourdes Sánchez, como parte del proceso de iniciación del programa.

Luego de una estadía de dos meses como voluntario en un campo de refugiados, y motivado por la filosofía de inclusión a través de la música del maestro Abreu, Barnat decidió emprender este proyecto. Durante su residencia en el campo notó la ausencia de la música como parte de las actividades que realizaban. “Sé todo lo positivo de El Sistema en Venezuela y lo que podría desarrollar en los niños, como estructura y como espacio de desarrollo personal. He visto que muchos niños necesitan una mejor educación, por eso pensé en llevar El Sistema a Grecia”.

Barnat, conocedor del modelo musical venezolano, solicitó la colaboración a dos de sus miembros más cercanos y con mayor experiencia. La maestra Lourdes Sánchez y el músico Ángel Linares, quienes inmediatamente se interesaron por la propuesta y se unieron a la iniciativa brindando todo el apoyo para asentar el proyecto.

La maestra Sánchez, directora de la Coral Nacional Juvenil Simón Bolívar, fue invitada por Barnat a los campos de refugiados en Grecia una vez que comenzó esta primera etapa, con el fin de mostrar a todos los voluntarios la filosofía de El Sistema. “En un principio la idea era que trabajara solo con los profesores, pero le dije a Anis que también quería trabajar con los niños porque así podía medir la respuesta de estas comunidades, entendiendo sus culturas”, dijo la maestra.

Sánchez, a quien le emociona el trabajo de campo, sobre todo con los niños, aseguró que se sintió muy honrada con la invitación. Pero esta misión se presentaba como un nuevo reto: era su primera vez en ese país y con niños y jóvenes que llegan a Grecia huyendo de la guerra.

Barnat, por su parte, comentó que adaptar el proyecto a los campos de refugiados ha requerido de un arduo esfuerzo, puesto que estos niños y jóvenes han pasado por momentos muy duros en sus vidas y, en algunos casos, no tienen quien se haga cargo de ellos. “La disciplina es el primer trabajo, entender las reglas, respetar el silencio, a los maestros y a los otros niños es fundamental”.

Muchas han sido las personas y organizaciones que han decidido unirse a esta iniciativa. Dimitra Raftopoulou es la directora y manager de El Sistema Grecia; junto a ella, Sophie Lamprou, co-fundadora de Impact Hub Athens, ambas griegas, y la italiana Elisa Sologni, de Hilti Foundation, han decidido impulsar el proyecto. En el área musical, cuentan con el apoyo de profesores griegos del Conservatorio de Atenas. Los voluntarios son, en su mayoría, de la Organization Earth y de la Hope School Skaramagas Organization.

Durante la visita a Grecia, la maestra Sánchez tuvo la oportunidad de trabajar en los tres sitios de Atenas donde se desarrolla el proyecto: los campos de Skaramagas y Lavrio, y un lugar neutro en el centro de la ciudad con sede en el Impact Hub Athens. “Justo una semana antes de mi llegada comenzó el trabajo en Skaramagas, fue el campo donde empezó el proyecto de la mano de una profesora del conservatorio. Es un campo muy difícil porque está cerca del mar. Allí lo que queda es un viejo astillero, containers de barcos y muchas cajas gigantes prefabricadas. Ese es el lugar donde viven alrededor de cuatro mil personas”, comentó Sánchez.

En este campo se escuchan cuatro idiomas diferentes, además del griego. Personas de Pakistán, Siria y países de África, con hábitos y costumbres diferentes, conviven día tras día en sus refugios a la espera de ser ubicados dentro o fuera de este país. “Inventamos un lenguaje de señas para crear un canal de comunicación, aunque generalmente teníamos algún voluntario de traductor. Pero cuando no tenía, captaba mejor su atención a través de las señas y recursos corporales”.

La maestra Sánchez explica que los niños y jóvenes no están escolarizados y solo conocen lo que ven todos los días, lo que amerita mayor dedicación en el proceso de enseñanza. “Los maestros del conservatorio asisten e insisten mucho, tratando de implementar la disciplina, porque es muy fuerte. Es lo más difícil”.

Otro de los campos visitados por Sánchez fue el de Lavrio, ubicado a dos horas del centro de Atenas. Aquí las familias están ubicadas en un antiguo club de verano con pequeñas cabañas. Cuenta que vio más disposición de los niños, quienes ya han sido incorporados a las escuelas. “Me sentí como si estuviera visitando un caserío de nuestro país, allí sientes la presencia de la familia”.

El tercer lugar donde comenzaron las actividades fue en la sede de Impact Hub Atenas. Esta organización cede sus espacios los domingos para que se realicen los ensayos. La maestra venezolana cuenta que recordó el primer día en cualquier núcleo del país. “Veías llegar al niño con sus padres, abuelos, hermanos y hasta sus perros. Hicimos la clase con todos ellos para involucrarlos y que se enamoraran del proyecto para que al siguiente domingo estuviesen de nuevo allí”.

Uno de los momentos que Sánchez recuerda de manera especial fue el día en que un joven pakistaní les contó que tocaba el piano y lo invitaron a la clase. “Cuando comenzó a tocar todo el mundo comenzó a cantar. Fue un momento muy bonito. Creo que eso es muy importante, acercarnos a ellos a través de su propia música”.

Como parte de los logros de El Sistema Grecia, la maestra Sánchez señala el trabajo para que los niños se identifiquen y se involucren con el proyecto “Hay niños que necesitan mucho afecto, que llegan a la clase y te abrazan y te dan mucho amor, y no te sueltan el resto del día. Hacemos que se sientan queridos, que puedan jugar, cantar y disfrutar la música. Lograr esto sería un gran paso para el Sistema Grecia”, aseguró.

El impacto social que se busca crear a través de El Sistema Grecia esperan sea determinante para todas las comunidades que conviven en los campos de refugiados. Barnat explicó que en esta primera etapa se busca dar confianza a los niños y jóvenes. “Queremos que se relacionen y conozcan a niños de los demás campos, que entiendan que juntos pueden hacer milagros”.

El líder del proyecto aseguró sentirse con mucha responsabilidad y, al mismo tiempo, con el compromiso de hacer todo lo que esté a su alcance para estos niños y su educación. El próximo año, como parte de la siguiente etapa, planean desarrollar la iniciativa en más campos de refugiados de ese país, y en lugares neutros para los niños de menos recursos en Grecia.