elperiodico.com | Rosa Massagué

No vamos a descubrir ahora la existencia del ‘star-system’ en el mundo de la ópera. Farinelli y Broschi sabían un rato de eso. Lo mismo que, muchos años después, un ladrillero veronés llamado Giovanni Battista Meneghini, o Herbert von Karajan o Los Tres Tenores. La obsesiva atención mediática de nuestros días que la tecnología hace posible da un nuevo impulso al divismo.

Jonas Kaufmann

Jonas Kaufmann

Una buena muestra de ello se ha visto esta semana en el teatro del Liceu con los recitales de dos grandísimos cantantes, Nina Stemme y Jonas Kaufmann. La soprano sueca cantó ante un teatro que daba pena, con la mitad del aforo vacío.

Por el contrario, para la actuación del tenor de moda las entradas estaban agotadas desde hacía meses y el teatro habilitó un espacio en el escenario para acomodar a más espectadores (sean bienvenidos unos ingresos extra que buena falta le hacen al teatro).

Nadie duda de la extraordinaria calidad artística de la cantante. Hoy es la Isolde de referencia, pero también es una gran Brünnhilde, continuadora de la tradición de las grandes sopranos wagnerianas procedentes de los países nórdicos (Kirsten Flagstad o Birgit Nilsson). En Barcelona la recordamos por su estremecedora Salomé en el 2009 y una Jenufa hace casi una década.

El teatro de La Rambla, con su enorme sala, no es el auditorio más adecuado para los recitales y las más de las veces en que se programa uno se ven numerosos huecos aquí y allá. Si además se trata de un recital de ‘lied’, un género además menospreciado y ridiculizado por quien ha ejercido durante décadas de guía crítico de una parte notable de la afición liceísta, los vacíos son más numerosos.

Stemme cantó ‘lieder’ de Schumann, Mahler, Wagner y canciones de Kurt Weill. Kaufmann también hizo ‘lieder’. En su caso, ‘Winterreise’ (‘Viaje de invierno’), de Franz Schubert, ciclo de canciones sobre poemas de Wilhelm Müller, que el propio compositor describió como “escalofriante”.

¿Por qué esa diferencia en la recepción de uno y otro cantante? Al margen de cuestiones menores como el calendario (Stemme cantó el lunes y Kaufmann lo hizo el viernes), lo que de verdad marca la diferencia es el ‘star-system’ mencionado al inicio.

Si comparamos la actividad de una y otro en los estudios de grabación podremos encontrar la clave. Desde el 2010, la soprano sueca ha grabado Wagner –dos ‘Walküre’ (una de ellas con Kaufmann), ‘Tannhäuser’, ‘Tristan und Isolde’–, y ‘Fidelio’, de Beethoven, también con Kaufmann. Se ha mantenido dentro del terreno acotado de la ópera alemana.

Por el contrario, en el mismo periodo de tiempo el tenor ha grabado, además de los citados con Stemme, discos de contenido tan distinto como verismo, ‘Carmen’, Verdi y ahora el ciclo de Schubert. El recital del Liceu era en realidad el inicio de la campaña de promoción de este último CD.

La capacidad que tienen las compañías discográficas para ‘vender’ a un un artista es enorme. A esto se llama márqueting. La grabación siempre va destinada a un público más amplio que el de los asistentes al teatro e implica la creación de una imagen, alimentada por los medios de comunicación, más allá de las cualidades artísticas que en el caso del alemán están fuera de toda duda. También en este caso, su físico ayuda un montón a crear esta imagen.

No se entienda lo escrito hasta aquí sobre el tenor como una crítica. Kaufmann está haciendo una carrera muy parecida a la de Plácido Domingo, de quien muchos le consideran el sucesor, con repertorio alemán, francés e italiano. La única diferencia reside en que el joven alemán la está haciendo a marcha acelerada.

Mientras el público que acudimos al recital de Stemme íbamos a escuchar su voz, en el caso del tenor, había dos públicos distintos que es lo que lleva aparejado el ser un artista mediático. Había quienes iban a escuchar a Kaufmann cantando ‘Winterreise’ acompañado al piano por Helmut Deutsch, y quienes iban a ver a Kaufmann, porque es el cantante del momento y el que agota siempre las localidades.

Las vecinas que tenía al lado, por ejemplo. Solo cuando ya llevaban un buen rato sentadas decidieron abrir el escueto programa para ver qué iba a cantar. Y luego, al final se indignaron porque el tenor no ofrecía una propina. ¿Cómo se puede hacer un bis después de un ciclo como el de Schubert que nos desnuda el alma?

Kaufmann es un cantante mediático. Stemme es una cantante y punto. Esta es la diferencia entre dos de los realmente grandes.