Vía: www.salta21.com | José Mario Carrer

“…es un placer volver anualmente a Salta” – dijo Izcaray a este crítico. Trajo nuevamente su profundidad conceptual, su vasto conocimiento del repertorio, su precisión indicativa. Morán, muy aplaudida, satisfizo plenamente las exigencias virtuosísticas de una partitura casi impiadosa por su rítmica y sus pasajes extensos y complicados.

 

Salta, viernes 24 de julio de 2015. Teatro Provincial. Solista: Karina Morán (fagot). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Honorario Maestro Felipe Izcaray. Concertino para fagot y orquesta op. Nº 49 (*) de Egène Bozza (1920-1991). Vocalise y Sinfonía nº 2 en mi menor op. 27 ambas de Sergei Rachmaninov (1873-1943). (*) Estreno en América Latina.

En una breve conversación con el ilustre maestro, me dijo. “He dirigido y sigo haciéndolo en muchas partes y confieso que me asombra llegar puntualmente a los ensayos y encontrarme con músicos o grupos de ellos trabajando las obras del repertorio del concierto a tocar. Esto solo significa amor a la música, amor a su labor, amor al destinatario o sea al oyente, además de ser poco frecuente; la circunstancia no solamente significa lo que le digo sino que me motiva aún más, en la conducción de una orquesta que ayudé a formar y a desarrollar en sus primeros seis años de vida; para mí que es un placer volver anualmente a Salta”.

La “Vocalise” de Rachmaninov es una página cargada de encanto, lirismo y hasta tierna. Es una melodía famosa ejecutada por una infinita cantidad de combinaciones instrumentales y esta amplitud la coloca casi como si fuera un “lied” escrito por un ruso. La transcripción para orquesta, aún requiriendo un tempo más lento, como el decidido por el director, no pierde esas características.

Luego llegó el estreno latinoamericano del Concertino para fagot y orquesta reducida que desde hace tres años intentaba concretar el maestro con la solista de esta noche, la pequeña y a la vez notable Karina Morán. Felizmente ambos pudieron y entonces se pudo conocer una página cargada de matices, intensidades, fraseos, timbres que brinda el instrumento solista y que el autor encontró con un lenguaje moderno que contiene fuertes trazos jazzísticos. Morán, muy aplaudida, satisfizo plenamente las exigencias virtuosísticas de una partitura casi impiadosa por su rítmica y sus pasajes extensos y complicados. Excelente entonces el dúo solista-director.

Rachmaninov, gran pianista de sus tiempos, a la sazón recuperado sicológicamente del fracaso de su primera sinfonía, acallado el éxito de su segundo concierto para piano, emprendió la escritura de una de sus obras más perfectas y transparentes: su monumental segunda sinfonía que en Salta ya la había hecho (2010) el actual titular de la orquesta. Es un gran trabajo porque parte de una fantástica orquestación que debe haber hecho pensar a más de uno que el autor era el continuador de las ideas armónicas y sonoras de Tchaikovsky con el agregado de que en esta sinfonía se muestra como un romántico pleno y vital. Es una sinfonía de una hora de duración. ¿Por qué? Pues porque el director Izcaray decidió presentarla como fue escrita o sea sin los cortes y eliminaciones que el mismo Rachmaninov hizo en su momento, tal vez por presiones de la crítica, una prueba más sobre lo que digo siempre: la verdad del crítico nunca es la verdad absoluta. Su inicio es ciertamente sombrío en la cuerda grave hasta que de a poco va apareciendo su desbordante lirismo que suena como contenido en su apasionado lenguaje. El “adagio”, está allí como si los movimientos, precedente,“allegro molto” y final “allegro vivace”, necesitaran un tramo de tranquila y melodiosa línea. Esos dos movimientos son de gran exigencia física e intelectual para conductor y conducidos. Y aquí es oportuno señalar la magnífica preparación previa de ambos.

El maestro Izcaray, en su esperada visita anual, generalmente para esta época del año, no sorprendió. Trajo nuevamente su profundidad conceptual, su vasto conocimiento del repertorio, su precisión indicativa, la Música -con mayúsculas- que anida en su intelecto, su comprensiva transmisión al músico de cómo debe hacerse tal o cual pasaje o momento sonoro. Estoy más que satisfecho con el actual titular de la orquesta que, al decir del maestro visitante, consiguió con perseverante trabajo el elevado nivel orquestal. Es más, si no fuera por el actual conductor, no sé qué hubiera pasado con una agrupación sinfónica que gracias al maestro Izcaray llegó a ser nombrada la mejor del país por mis colegas de la Asociación de Críticos Musicales Argentinos y gracias al actual director estuvo ternada este año para similar distinción.. Por cierto, no todo depende del conductor sino también del patrimonio cualitativo de todos los músicos. El público lo siente y de allí el aforo de un 95% que supongo se repetirá el próximo 31.