Vía: Literanova | Por Hugo Álvarez Pifano

Sinfónica infantil y juvenil de Maracaibo

Sinfónica infantil y juvenil de Maracaibo

Rosita del Castillo fue una soprano ligera de coloratura, con un timbre de voz muy interesante, esto es, límpido, aterciopelado, corpóreo, más aún, para decirlo en la brevedad de una sola palabra que le haga justicia: bello. Lucía bastante hábil en el canto de coloratura, con el que exhibía en propiedad sus escalas, trinos, arpegios, rubatos, staccatti y todos los ornamentos del canto de coloratura. Su repertorio incluía en especial, los roles de Violeta en “La Traviata”, Gilda en “Rigoletto” y el paje Oscar en “Un Baile de Máscaras”, de G. Verdi; el papel protagónico de “Lucia de Lammermoor” y Norina en “Don Pasquale”, de G. Donizetti; Lauretta en “Gianni Schicchi” de G. Puccini; y Barbarita en “Doña Bárbara” de Caroline Lloyd, con textos de Isaac Chocrón.

1.- El concierto más importante de toda su carrera
Es mejor que yo diga en seguida, que sin lugar a dudas su actuación más significativa y memorable fue su concierto en el Carnegie Hall de Nueva York, el 23 de noviembre de 1981, con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo dirigida por Eduardo Rahn, en esa ocasión interpretó el “Concierto en fa menor para soprano de coloratura y orquesta” de Reinhold Gliere. Se trata de una pieza en que la cantante realiza un vocalizo sin palabras que cubre casi enteramente los dos movimientos de la pieza, como ocurre para citar dos ejemplos ilustrativos, en la “vocalise” de Rachmaninof y en la famosa “cantinella” de la “Bachiana brasileira Nº 5” de Heitor Villalobos. En esa oportunidad la crítica estadounidense fue muy generosa para la intérprete y para la orquesta, The New York Times conceptuó a la cantante como “excepcional” y a la orquesta en términos de “la mejor de Suramérica” (1). Es oportuno señalar, que eran tiempos distintos a los actuales, en que nunca se gastaron, por parte del gobierno venezolano, miles o millones de dólares en promocionar a corredores de autos de Fórmula 1, que no ganan carreras, a mantener de por vida a deportistas de especialidades que no tienen tradición en nuestro país y a músicos mediocres, que más bien parecen payasos de circo, antes que dignos y respetables representantes de la cultura venezolana. El programa incluyó también “Tupac Amaru” de Alfredo del Mónaco (Premier en Nueva York); “El sombrero de tres picos” de Manuel de Falla; y “Sinfonía Nº 1” de Johannes Brahms.

Mtra Rosita del_Castillo

Mtra Rosita del_Castillo

2.- Su papel de mayor prestancia
El papel protagónico de “La Traviata” de G. Verdi, fue su rol de mayor lucimiento, en el que hacía gala de una bella presencia escénica y los mejores atributos de su voz. Detengámonos un poco en esta ópera: Dicen los conocedores del expresivo mundo de las flores, que es la Camelia entre todas ellas la que se marchita con mayor rapidez. Su vida efímera tiene la duración de un puñado de horas. Cuentan entonces, que “La Dama de las Camelias” era llamada así porque solía decir a sus amantes, después de haber compartido una primera noche: -toma esta flor y regresa de nuevo conmigo cuando se haya marchitado. Al entregarles una Camelia, se hacía evidente que su avidez era tan desmesurada, que no les permitía un corto tiempo de recuperación, determinado por la perecedera vida de la flor.

Verdi la llamó la “traviata” que en italiano significa la extraviada y la concibió como una de esas frágiles flores sedientas de vida y capaz de generar una irradiante luz propia con la que encendía a sus enamorados, una inaprensible cortesana marcada indeleblemente por su pasado, que mantuvo siempre viva la esperanza de un gran amor a fin de ser redimida. Pero esta Violeta Valéri, tan asediada por todos los hombres de Paris del segundo tercio del 1800 y siempre denostada por la disertación moral de los mismos que la procuraban, es un personaje que deja al final a todo el mundo con un nudo en la garganta, pues Verdi como los grandes dramaturgos griegos arrastra por igual a culpables e inocentes, cuando el arrepentimiento y el amor llegan demasiado tarde y todo termina en renuncia y muerte. Violeta Valéri es también transformada por obra de la música de Verdi en un personaje cautivador y al mismo tiempo conmovedor, cuando el maestro la trae a la vida por medio de coloraturas brillantes, melodías cristalinas, líneas musicales flexibles y fuertes tonos dramáticos.

Como es sabido por los amantes del canto lírico, en Venezuela hemos tenido notables sopranos que han destacado en la interpretación de este rol: Fedora Alemán fue una Violeta de exquisita belleza, que unió a su voz de gran pureza en los agudos, una total comprensión del personaje en interpretación y estilo. Violeta Alemán igual que la Violeta original se caracterizaba por un impactante atractivo físico y añadía un gran poder vocal y brillantez en las coloraturas. Reyna Calanche destacó por el fuerte sentimiento que imprimía a este personaje, su musicalidad y su gran sentido de ritmo en el seguimiento del vals, del que está impregnado toda esta ópera. Cabe recordar que cada vez que Violeta rememora su pasado lo hace en ritmo de vals, igualmente el famoso Brindise es también un gran vals. En tiempos recientes, la soprano venezolana que se ha manifestado como una verdadera revelación en este personaje ha sido Mariana Ortiz, una soprano lírica de impactante presencia escénica, poseedora de una bellísima voz, muy bien colocada, la cual hace correr con extrema facilidad por todo el teatro. Hace gala de un timbre luminoso y puro, así mismo, sus agudos son firmes y nítidos, casi exentos de “vibrato”. Su registro medio es sonoro y timbrado, no tanto así su registro grave. Cuando ataca los pasajes de agilidad suele hacerlo con admirable limpieza, pues posee un efectivo dominio del canto de coloratura.

Rosita del Castillo fue una Violeta bella, fresca y de ágiles coloraturas en una notable extensión vocal. Con respecto a la interpretación de Rosita del Castillo en el rol que nos ocupa, Oscar Mago destacó: “Rosita del Castillo, en el papel de Violeta, tuvo momentos de brillante relevancia, especialmente cuando la música le brinda la ocasión de ejecutar un canto tenido, en donde el fraseo delicado, el control del fiato y la belleza de su media voz, pueden destacarse, tal como sucedió en Dite a la giovine y el Addio del passato, los cuales fueron memorables. Se observa cierta necesidad por parte de la cantante de desarrollar aún más el squillo de su voz, ya que no siempre logra una impostación completa; así como la versatilidad dramática, la cual es requerida en este difícil personaje cuya caracterización exige una evolución de su psicología, desde la frivolidad máxima, pasando por la femineidad genuina, hasta el dramatismo exigente en voluminosita vocal más exuberante” (2).

Mtra. Rosita del Castillo

Mtra. Rosita del Castillo

3.- Su rol de más grata recordación
Barbarita, en la ópera venezolana “Doña Bárbara”. Una de sus actuaciones memorables fue el papel de Barbarita, esto es Doña Bárbara cuando era joven, en la ópera venezolana “Doña Bárbara” de Caroline Lloyd, con orquestación de Herszy Key y libreto de Isaac Chocrón, sobre la novela de Rómulo Gallegos. Con el Coro y la Orquesta Sinfónica Nacional de la Ópera bajo la dirección de Carlos Mendoza. Un reparto integrado por Morella Muñoz en el papel protagónico, Ramón Iriarte (Santos Luzardo), Eduardo Melgar (Asdrúbal), Pedro Liendo (Mujiquita), Julio César Mármol (Juan Primito), Manuela Bosco (Genoveva), William Rodríguez (Maríanieves), José Castro (Rafael), Alejandro Milic (Taita), Darío Ramírez (Carmelito), Jacinto Cabrera (Capitán), Luis Pardi (Ño Pernalete) y el actor Rafael Briceño (Lorenzo Barquero). Es notable por su lirismo y romántica emotividad el dúo de Barbarita y Asdrúbal Con cara de hambre y ropa de mendigo. De esta versión histórica grabada en Caracas en 1967 existe un CD, editado bajo el cuidado de Leopoldo Márquez Muñoz-Tebar (Pololo) por la Compañía de Ópera Alfredo Sadel, con folleto, notas y revisión musicológica de Felipe Sangiorgi.

4.- Notas biográficas
Rosita del Castillo en su vida cotidiana conformó a una artista muy involucrada con el movimiento musical venezolano. Es sobrina de Moisés Moleiro, un compositor llanero de amplio respiro venezolanista y libre imaginación como el viento en la sabana de su Zaraza nativa, quien escribió básicamente obras que nacen del piano y allí mismo encuentran plena expresión y composiciones para voz con acompañamiento de piano. Es hermana de José Francisco del Castillo, uno de los más notables violinistas de toda América, virtuoso y pródigo de expresividad musical. Está casada con el tenor Eduardo Melgar Viamonte, quien cantó muy a menudo con ella durante la década de los setenta. Su hija, Josefina Melgar es una destacada pianista con acertadas presentaciones en los Estados Unidos de América, donde ha fijado su residencia. Su prima, Carmencita Moleiro, es también una pianista talentosa, ampliamente conocida en nuestro país. Estamos, como puede verse, en presencia de una artista que irradia musicalidad por los cuatro costados.
Rosa Josefina del Castillo Moleiro nació en Caracas, el 22 de abril de 1941. Inició sus estudios de canto en su ciudad natal, en la Academia de Música bajo la guía de Carmen Teresa Arévalo de Hurtado. Posteriormente, continúa en la Escuela Nacional de Ópera con Primo Casale. Más tarde, viaja a los Estados Unidos de América donde ingresa a la Julliard School of Music en la ciudad de Nueva York.

5.- Muchas más óperas de su repertorio
5, a.- Otro papel que ella cantaba con una voz llena de colorido y desbordante agilidad, era Oscar en “Un Baile de Máscaras” de G. Verdi. A este propósito, nuevamente Oscar Mago comentó en su columna de música ya citada; “Rosita del Castillo realizó un Oscar seguro, libre en escena y en voz. Su técnica se reveló efectiva en todos los registros, además de precisa musicalmente y al servicio de ese don natural de trasmitir que ella posee” (3).
5, b.- Se recuerda también con agrado su interpretación de Norina, en la ópera “Don Pasquale” de G. Donizetti, al lado del célebre bajo bufo italiano Fernando Corena, en el papel protagónico, Luis Contreras como Ernesto, Julio Cesar Mármol en el rol de Malatesta y Alfredo Izquierdo como Il Notaro. En una puesta en escena del Teatro Municipal de Caracas de fecha 31 de marzo de 1968.
5, c.- Con el patrocinio del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, el 23 de julio de 1965 el Maestro Primo Casale llevó a cabo el montaje de un espectáculo titulado “Momentos Estelares de la Ópera”, en el Teatro Municipal de Caracas. Los integrantes de la Escuela Nacional de Ópera, fundada por Casale diez años atrás, participaron en diversos actos de cuatro óperas: “La Traviata” y “El Trovador” de G. Verdi, “Madame Butterfly” y “La Boheme” de G. Puccini; y, “El Barbero de Sevilla” de G. Rossini. Rosita del Castillo tuvo a su cargo el papel de Violeta Valery en la primera de las óperas mencionadas. Formaron también parte del elenco Eduardo Melgar (Alfredo Germont), Carmen Colombo (Flora), David Díaz (Gastón), José Montenegro (Barón Douphol), Rafael Salom Rojas (Marchese D’Obigny) y Boris Serdoz (Doctor Grenvil).

Mtra. Rosita del Castillo

Mtra. Rosita del Castillo

5, d.- El 21 de mayo de 1972, en la 3ª función de “Rigoletto” de G. Verdi en el Teatro Municipal de Caracas, canta el papel de Gilda, la acompañaron Cornell Mac Neil (Rigoletto), Michele Molese (El Duque), Aurora Cipriani (Magdalena), Eftimios Michalopoulos (Sparafucile), Eugene Green (Monterone), Aurora Badas (Giovanna), José Montenegro (Marullo), Alfredo Izquierdo (Ceprano), Conchita Ormaechea (La Condesa) y Bernard Fitch (Borsa). Conductor Michelangelo Veltri y Director de Escena Giancarlo Del Monaco.

5, e.- El 26 de mayo de 1972, participó en el montaje de “Gianni Schicchi” de G. Puccini en el Teatro Municipal de Caracas, en el rol de Lauretta, junto a Giuseppe Taddei en el papel protagónico, Manuel Pérez (Rinuccio), Aurora Cipriani (Zita), Danilo van der Hahn (Simone), Andrea Drago (Gherardo), Conchita Ormaechea (Nella), Gabriel Alfonso (Betto), José Montenegro (Marco), Alfredo Berri (Spinellochio) y Micky Correra (Ciesca). Conductor Primo Casale y Director de Escena Giancarlo Del Mónaco.

5, f.- Del 9 al 12 de marzo de 1974, tuvo lugar en el Teatro Bellas Artes de Maracaibo, un montaje en forma de concierto de la ópera “Lucia de Lammermoor” de G. Donizetti, con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo y la Coral Filarmónica, bajo la dirección de Eduardo Rahn. El elenco de cantantes venezolanos estuvo integrado por Rosita del Castillo (Lucia de Lammermoor), Eduardo Melgar (Edgardo), Yunis Zujur (Enrico), Michael Burt (Raimondo), Nestor Cárdenas (Arturo) y Lia Araujo (Alisa).

5, g.-El 23 y 25 de enero de 1981, tomó parte en el montaje de “Un Baile de Máscaras” de G. Verdi en el Teatro Municipal de Caracas, con la Orquesta Sinfónica Municipal y el Coro de la Fundación Teresa Carreño dirigido por Giuseppe Morelli. Rosita del Castillo cantó el rol de Oscar, junto a Veriano Luchetti (Ricardo), Silvia Sass (Amelia), Antonio Salvadori (Renato), Stella Silva (Ulrica), Louis Lebhers (Samuel), Eric Halfvorson (Tomás), Yunis Zujur (Silvano), Julio Daantje (Un Juez) y Abraham Casanova (Un Lacayo) (4)

5, h.- El 19 de marzo de 1981, tuvo a su cargo el papel protagónico de “La Traviata” de G. Verdi en el Teatro de la Ópera de Maracay. En esa ocasión la acompañaron Vittorio Terranova (Alfredo), Yunis Zujur (Giorgio Germont), Aurora Cipriani (Flora Bervoix), José Montenegro (Barón Duphol), Abraham Casanova (Gastón), Camilo Serrano (Marques Dobigny), Elizabeth Almenar (Annina) y Julio Daantje (Giuseppe). Orquesta del Teatro de la Ópera de Maracay bajo la dirección de V. Giannini.

5, i.- A mediados de la década de los ochenta, participó en el Teatro de la Ópera de Maracay en un montaje de “El Barbero de Sevilla” de G. Rossini, con la Orquesta Filarmónica de Caracas dirigida por Aldemaro Romero. Fue precisamente ésta, la única oportunidad en que el maestro Romero dirigió una ópera en Venezuela. El reparto estuvo integrado por el tenor puertorriqueño Tony Barasorda (Conde de Almaviva) Rosita del Castillo (Rossina) Cayito Aponte (Don Bártolo) y William Alvarado (Don Basilio).

5, j.- El 22 de febrero de 1990, la Compañía Nacional de Arte Lírico Alfredo Sadel realizó en el Teatro Teresa Carreño un concierto de apertura que tuvo por nombre “El Arte de la Ópera”, con la Orquesta Sinfónica Venezuela dirigida por Alfredo Rugeles. Rosita del Castillo interpretó Il dolce suono…Ardon gli incensi de la ópera “Lucia de Lammermoor” de G. Donizetti.

6.- Labor como docente en la formación de nuevos cantantes
Rosita del Castillo fue una cantante cuyas dotes vocales y encantadora presencia escénica, aunadas a su espíritu de trabajo y disciplina, han servido de ejemplo a un sinnúmero de jóvenes que bajo su guía se encaminaron a seguir una carrera como cantantes líricas, entre varias destacan las guayanesas Katiuska Rodríguez y Adriana Yépez, la falconiana Ana Lucrecia García y las caraqueñas Cecilia Gómez y Betzabeth Talavera.

Murió en Caracas el 23 de noviembre de 2004.