Las maestras de Ron Davis Álvarez le decían que era hiperactivo y no les faltaba razón. “No puedo estar mucho tiempo en el mismo lugar. En un día de clases me cambiaba varias veces de pupitre”


Vía: es-us.noticias.yahoo.com | Por Mariángela Velásquez

Esa energía desbordante, lejos de ser un problema, se convirtió en el combustible que ha impulsado la meteórica carrera del profesor de música venezolano de 30 años, nominado recientemente por la Fundación Varkey como uno de los 50 mejores maestros del mundo.

Y es que las palabras aceleradas de Álvarez están impregnadas de un entusiasmo contagioso. Accedió sin ningún reparo a conceder esta entrevista en plena temporada navideña y atendió la video llamada sonriente y despeinado, como si hablara con una vieja amiga, en una muestra de que la notoriedad no ha hecho mella en la llaneza del creador del núcleo del Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles de Venezuela en un orfanato en Groenlandia, en pleno Círculo Polar Ártico, y la Orquesta de los Sueños de Refugiados en Suecia.

La naturalidad para conversar por Skype ha sido forjada por su necesidad de mantenerse conectado con sus alumnos y colegas donde quiera que se encuentre. En la actualidad vive en Gotemburgo, donde dirige una orquesta de jóvenes que han escapado de la guerra o situaciones de extrema violencia en Somalia, Eritrea, Afganistán, Albania y Siria.

Comenzó su educación musical a los 11 años en el núcleo Vicente Sojo de Guatire, una ciudad satélite ubicada a 45 kilómetros al este de la capital venezolana de Caracas, y a los 14 ya impartía clases de violín a músicos más jóvenes.

Su objetivo es utilizar la música como una herramienta de inclusión social que permita a sus estudiantes aprender valores, a ser perseverantes y a lograr las metas que se proponga en la vida. Su inspiración es el Sistema Nacional de Orquestas creado en Venezuela en 1975 por el músico y visionario José Antonio Abreu, quien fundamenta su método pedagógico en el empoderamiento de los niños pobres y excluidos a través de la música, para que se conviertan en ciudadanos globales, abanderados de la paz, la esperanza y la integración.

Su labor de impulsar el fortalecimiento de El Sistema en Suecia es el eje de un documental llamado Pasión, que el cineasta Erik Eger comenzó a rodar desde el primer día del trabajo de Álvarez con la orquesta de refugiados.

Cuando me preparaba para la entrevista, una de tus maestras de la escuela, Amparo Cardona, publicó en Facebook: “Ron Davis Álvarez, mi niño, orgullo de todo Guatire. Orgullo de todas las maestras que te vimos correr por el patio del colegio, qué grande eres, qué alto volaste”. ¿Cómo te sientes antes estas manifestaciones de afecto?

Me alegra que lo que estoy haciendo esté inspirando a otras personas. Me emociona cuando me piden tomarse fotos conmigo. A veces me siento como un héroe pero sé y les hago ver que soy exactamente igual a ellos. Tuve la suerte de tener excelentes maestros, tanta gente hermosa, y la mejor manera de retribuirlo es haciendo lo que hago.

Sólo lamento que ahora no tengo tiempo de responder a todos. A veces me escribe tanta gente por redes sociales que sólo alcanzo a ponerles un “me gusta”, pero a mí me gusta escribir personalmente a todos.