El venezolano acaba de recibir un “premio extraordinario” en el Concurso de Canto Tenor Viñas, consistente en un contrato con cinco casas de ópera de Suiza.

Por Várvara Rangel Hill @varvis  | ESPECIAL PARA @vzlasinfonica

La agenda artística del contratenor está llena para los próximos meses con presentaciones en varias ciudades del viejo continente

Un venezolano llegó a la final y fue reconocido en el prestigioso Concurso de Canto Tenor Viñas, en Barcelona, España, a finales del pasado mes de enero. Este es uno de los cinco festivales de canto lírico más importantes del mundo. El merideño Rodrigo Sosa Dal Pozzo destacó entre más de 500 concursantes y estuvo en la última parte del certamen, en la que se disputaron los premios un total de 16 cantantes de diferentes países.

El criollo de cabellos rojizos se llevó un “premio extraordinario”, que consiste en un contrato con cinco casas de ópera de Suiza. Nada mal para el contratenor que lucha desde hace más de 10 años por hacer que su nombre brille entre las marquesinas  y los programas, en fin, para ser reconocido por el público europeo.

Sosa Dal Pozzo cruzó el océano Atlántico desde su Mérida natal para conseguir sus sueños en la música. Por ahora, está radicado entre Estocolmo y Ginebra, desde donde ve con nostalgia a la “pequeña Venecia”. Los próximos meses el artista cumplirá con presentaciones como solista y en roles principales en varias ciudades europeas.

-¿Cómo llegó a este concurso?

-El concurso lo conocía desde que me mudé a Barcelona (España), hace unos 11 años, estudiaba dirección, no canto, y había una amiga de mi escuela que estudiaba canto y participó en el concurso. Luego conocí a otra chica que también participó, así que lo tenía en la lista de espera y este año me atreví a hacerlo. Alguna vez me dije que tenía que ir a ese concurso.

-¿Cuál fue el momento más emocionante de la competencia?

-Sin duda, es haber cantado la final en el teatro Liceu de Barcelona. Para mí fue una sorpresa porque no había ensayado. Los demás concursantes estuvieron el día anterior y habían hecho un ensayo y tuvieron tiempo de hacer una prueba acústica del teatro. Eso no lo pude hacer porque el día anterior estuve en Estocolmo, tenía un concierto después de la final y ensayo un día antes. Así que el día de la competencia tuve que volar dos veces por la mañana para llegar a Barcelona justo a tiempo. Suerte que ensayé con el pianista antes de comenzar el concurso. Y para hacerlo corto, lo más bonito fue entrar al escenario del Liceu, sin tener idea de cómo era estar ahí. Puede sonar tonto, pero era una atmósfera muy bonita, el público fue muy agradecido, aplaudió mucho y tuvo mucha receptividad. Este público estuvo emocionado y curioso.

-En 2017 participó en varios concursos ¿Por qué? ¿Qué busca?

-Tener una carrera como cantante. No es fácil que la gente se dé cuenta de que existes. Puedes hacer audiciones constantemente para casas de ópera, directores, agencias, pero en las audiciones no hay público, solo el jurado, los potenciales contratantes y no público que quiera escuchar a cantantes nuevos. Esto es lo que me parece interesante de los concursos, el hecho de que a uno lo graban, le hacen un vídeo. Gran parte del guión es el material audiovisual que he podido usar para postularme para trabajos, audiciones, me lo han dado los concursos.

“Ya no soy tan joven, tengo 28 años, y como contratenor la carrera es bastante corta. La voz no dura toda la vida, es muy diferente un bajo barítono, que a los 70 años puede cantar Scarpia, pero uno como contratenor, con 50 años no hay quien te quiera ver en el escenario. Así que la carrera hay que comenzarla temprano y no voy a decir que voy tarde pero casi. Estoy en los concursos justamente para darme a conocer y para establecer un cierto estatus en mi perfil que me permita optar a mejores trabajos”, explicó.

-De haber ensayado ¿cree que hubiese alcanzado un premio mayor?

-No, no hubiese tenido ningún tipo de repercusión en mi actuación, porque como se ve en el vídeo el pianista toca muy bien, en ningún momento me perjudicó. Nos conocemos desde hace mucho tiempo, desde cuando vivía en Barcelona y sabía que iba a ser uno de los pianistas oficiales del concurso, me pude encontrar con él antes del concurso, ensayar bastante y desde ese punto de vista no veo ningún inconveniente.

-¿Cree que fue ajustada la decisión del jurado? 

-No tengo la menor duda de que los finalistas eran todos excelentes. Hay opiniones contrarias, quienes creen que quizás sobraba alguno u otro que faltaba. No escuché a todos los cantantes porque me da pánico ponerme a escucharlos, porque son todos tan buenos, que si me fijo no consigo el coraje para hacer un buen desempeño. No puedo dar una respuesta con conocimiento de causa porque tampoco escuché a todos los finalistas, pero por los pocos que escuché, me parece que fue una excelente decisión. A ese nivel, es realmente difícil.

Sosa Dal Pozzo continuó: “Repartir seis premios oficiales entre 16 finalistas, implica que 10 nos quedaríamos sin un premio oficial. Pero lo bueno de este concurso, es que como dan tantos premios extraordinarios es muy difícil que alguien salga con las manos vacías, yo desde luego, no me quedé sin premio, y lo que me dieron es muy interesante, un premio de trabajo, un contrato con cinco casas de ópera en Suiza que trabajan en conjunto para un festival. Esto es muy importante, porque un primer premio no significa que salgas del anonimato y te conviertas en estrella. Lo importante es que a raíz de un concurso a uno le salga trabajo. Digamos, el fin del concurso es eventualmente poder optar a trabajos mejores. Ser finalista de este concurso es una cosa increíble. Hace muchos años que no llegaba un contratenor a la final y éramos, en la primera fase, más de 500 concursantes y  a la final llegamos 16. Eso es ya un mérito increíble”.

-Mencionó que tiene más de una década en Europa ¿Ha sido muy difícil hacer una carrera musical en el viejo continente?

– Sí, llevo más de una década, unos 11 años, y ha sido bien difícil. En Venezuela logré hacer muchas cosas, era asistente de dirección en varios coros, cante como solista en dos grupos de música antigua que había en Mérida –ahora no existen esos grupos-. Hice también un debut como solista con Isabel Palacios. Hice cosas, para alguien de 16 años, bastante importantes y la gente me tenía aprecio, respeto por mi edad. Cuando uno llega a Europa uno se convierte en un cero a la izquierda, porque uno llega a un país, un continente, que no es el de uno a competir con gente que ya la tienen difícil, que son de aquí y además, con muchas otras personas que vienen de otras partes del mundo.

La razón es que si uno quiere hacer carrera en el mundo de la música clásica es algo que solo se puede hacer en Europa, ni siquiera en los Estados Unidos, Canadá ni en los otros países en los que quizás haya plataformas culturales en las que la gente pueda vivir de la música, como en Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Chile, Sudáfrica e incluso de Europa del Este o países asiáticos.  En estos lugares hay personas que se ganan la vida en una orquesta o en un teatro pero no llegan a tener un nombre. El nivel de anonimato ya es muy grande y si se está en Europa es más grande. Para quien quiere hacer carrera es muy importante venir aquí, y se consigue con gente talentosa de muchos sitios, muchos latinos de México, Brasil, colombianos y venezolanos, que son un poco diferentes porque vienen ayudados por el Sistema, cosa que a mí no me sucedió. Así que algunos venezolanos la han tenido un poco más fácil. También hay mucha gente de Corea, que canta muy bien, así como directores, pianistas, violinistas que lo hacen muy bien. De Japón no tanto, pero también, al igual que gente de China, luego vienen todas estas personas de Rusia, la ex Unión Soviética, de Ucrania, de los países bálticos, todos vienen a Europa central a estudiar y hacer carrera. La competencia es muy dura”, abundó.

Si no se tiene la energía para competir y darse a conocer es muy difícil que se llegue a tener un nombre. No quiere decir que todo el mundo deba convertirse en un Pavarotti, una María Callas, un Toscanini, pero se puede tener un nombre mínimamente reconocido para no tener que estar todo el tiempo pidiendo trabajo sino que el trabajo te llegue a ti”, puntualizó Sosa Dal Pozzo.

-¿Cuál sería la cúspide de su carrera?

-Aspiro a que la gente me conozca lo suficiente para que se me ofrezcan trabajos sin tener que estar todo el tiempo presentándome a audiciones y dándome a conocer toda mi vida. Me gustaría cantar mucho, cantar en todos lados. No me interesa solo la ópera, me gustaría cantar oratorios, conciertos e interpretar esa otra parte de cantante lírico que no requiere que uno se aprenda un papel de memoria, que uno esté casado con una misma ópera durante seis, siete, ocho semanas. Que pueda ir uno con partituras sobre el escenario, dos o tres días de ensayo, para dar una o dos presentaciones. Esto es algo que me gusta mucho, por el hecho de que uno le da la cara al público. Haciendo ópera uno siempre está maquillado, con trajes, no es uno sino un personaje que uno interpreta, entonces la gente no me recuerda como Rodrigo sino como el chamo que hizo a tal personaje.  

-¿Qué otra disciplina artística o musical combina con el canto lírico?

-La dirección, que la tengo un poco de lado en este momento porque el canto me parece más urgente. Me interesa eventualmente volver a la dirección y me encantaría poder trabajar sobre todo con coros profesionales y también con orquestas, aunque tengo poca experiencia con la dirección de orquestas. Viendo hacia al futuro, habrá un momento en que cante menos y dirija más. Y cuando esté mayor, me dedicaré a la dirección y a la composición que tengo muy olvidada.

-¿Cuáles son sus próximos proyectos?

-Por primera vez en mi vida puedo decir que tengo los próximos meses ocupados. Entre otras cosas cantaré Apolo, en Los Amores de Apolo y Dafne, en un festival de música antigua de Austria; haré por primera vez el rol de Atole en la L’incoronazione di Poppea, de Monteverdi, versión concierto, en Alemania; y antes de eso tengo La pasión según San Juan, de un compositor sueco, Sven-David Sandström, escrita para cuarteto de cuerdas, coro mixto, contratenor y barítono solista, que hace a Jesús y el contratenor a San Juan, que interpretaré yo. La estrenamos en Estocolmo el año pasado y la vamos a repetir este 2018 en marzo y en septiembre, en un simposio de música eclesiástica, en Suecia. Como solista haré también mi primera Misa en si menor, de Bach, en Estocolmo; haré La pasión de Jesucristo, de Caldara, en el rol de Pietro, versión operística; y tengo otras cosas por confirmar. También haré mi primer Mesías, como solista en las islas Feroe, en diciembre. Esto es lo más resaltante.

-¿Desde cuando no viene y canta en Venezuela? ¿Le gustaría hacerlo?

-Después de irme de Venezuela solo he ido dos veces, en mayo de 2008 para cantar el Réquiem de Mozart, que se hizo en Mérida, me invitaron a cantar de solista y estuve solo 10 días. La segunda vez fue en 2010, se casaba una prima y le organicé la música para la boda, junté un coro con amigos coralistas míos, los dirigí e hice la música para la boda. Desde entonces no he regresado y desde luego que me encantaría volver, cantar y dirigir, pero desde luego, este no es el mejor momento para regresar. Me gustaría que la situación del país mejorara. No veo que me mude a Venezuela muy pronto, pero si por mi fuera estaría allí bastante a menudo.