El maestro italiano encargado de dirigir el Concierto de Año Nuevo ha vivido situaciones incómodas con orquestas y se ha enfrentado a las críticas por la influencia de su mujer e hija.

Vía: www.revistavanityfair.es |Por MÓNICA PARGA

Riccardo Muti es de Molfetta, una localidad del sureste de Italia, pero en realidad nació en Nápoles. Su madre, una auténtica napolitana, tenía tanto orgullo de su ciudad natal que cada vez que se iba a poner de parto cogía un tren hasta allí, daba a luz al bebé, y un par de días después volvía a Molfetta, donde vivía toda la familia.

La personalidad de Muti se asemeja un poco a la de aquella madre con fuertes convicciones. El director de orquesta al frente del último Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena, que este año cumple su 77ª edición, es a sus 76 años una de las batutas más legendarias de la música. Como todo artista en la cumbre –y además napolitano–, Muti, actual director musical de la Chicago Symphony Orchestra, nunca ha hecho las cosas a medias.

Es la quinta ocasión en la que el maestro italiano dirige el popular evento del Musikverein, y la primera desde 2004, cuando decidió dejar esta cita anual.  “La nueva directiva de la Filarmónica de Viena me ha insistido, y aquí estoy”, dijo el viernes en declaraciones a los medios. El concierto, que han dirigido en el pasado figuras como Daniel Barenboim o Zubin Mehta, vuelve a Muti.

GÉNESIS DEL GENIO

Mi odio hacia el solfeo fue tan fuerte que no aprendí nada en los primeros tres meses. Mi cerebro rechazaba el mínimo rastro de información y se negó a aprender ni una sola cosa”, reveló.

Muti no siempre tuvo tanta pasión por la música. Fue su padre quien decidió que todos sus hijos debían estudiar este arte y les dio a escoger un instrumento. Muti, que entonces tenía siete años, pasó del tema, así que sus padres eligieron por él: el día de San Nicolás (nuestros ‘Reyes Magos’) le regalaron un violín. “Me decepcioné muchísimo al ver que no me habían obsequiado con un juguete”, recordaba el director de orquesta en su autobiografía. “Pero ahí estaba, ante mis ojos, la señal de que algo terrible me aguardaba, de que algo horrible iba a dar comienzo”. ¿Qué ocurrió? Pues que lo matricularon en clases de solfeo. “Mi odio hacia el solfeo fue tan fuerte que no aprendí nada en los primeros tres meses. Mi cerebro rechazaba el mínimo rastro de información y se negó a aprender ni una sola cosa”, reveló.

Su falta de interés era tal, que la profesora le aconsejó a su padre que tirara la toalla. Estaban a punto de sacarlo de la escuela, cuando de repente su madre, para sorpresa de todos, sugirió que continuara un mes más. Nadie sabe por qué. Al día siguiente, “delante de mi profesora, empecé a reconocer todas las notas rápidamente e incluso con acierto. Así que finalmente pude avanzar en el solfeo y empezar a tocar el violín de verdad”. Muti dio comienzo a un ascenso imparable hacia la cumbre de la música. En 1950 tocó el Concierto en La Mayor de Vivaldi delante de 300 seminaristas del pontífice y apareció reseñado en el periódico local.

Pasó por el Liceo Classico, se graduó en piano con diploma cum laude en el Conservatorio San Pietro a Majella y completó los estudios de composición y dirección de orquesta en el Conservatorio Giuseppe Verdi de Milán. Entre los setenta y noventa dirigió óperas y conciertos para las instituciones más respetadas del mundo, entre ellos la Filarmónica de Londres, la filarmónica de la Scala, donde fue director principal, y la orquesta de Filadelfia. Ha triunfado en la Filarmónica de Viena, la Filarmónica de Berlín y la de Nueva York… la lista es larga.

Durante años dirigió de memoria y nunca se llevaba las partituras a los conciertos, hasta que Sviatoslav Richter le señaló la extravagancia del gesto y decidió volver a colocar las hojas en su atril durante las funciones, aunque cada nota esté ya impresa en su cerebro desde hace años.

UNA MUJER LLAMADA CRISTINA MAZZAVILLANI

Un día estaba ensayando con la orquesta cuando una joven desconocida irrumpió en la sala pensando que el ensayo del coro había sido programado en ese aula. “Yo era estudiante, sí, pero en lo alto del podio transmitía la autoridad del ‘maestro”, recordaba Mutti. “Así que con un ademán imperioso, le señalé la puerta para que se fuera“. La joven era Cristina Mazzavillani, quien se convertiría en su mujer en 1969.

Admite que en ocasiones puede parecer “austero” o “severo”, pero que en realidad es mucho más cordial. Para demostrarlo, en su biografía contaba lo siguiente: “Una noche en Milán me encontré con Gigi Proietti y Roberto Benigni en la esquina de via Manzoni y via Montenapoleone y nos contamos algunos chistes; estaban muy sorprendidos de que conociera tantas anécdotas divertidas“.

LA POLÉMICAS

La familia del director ha sido foco de críticas, en concreto, por los influyentes puestos que han acabado desempeñando en el sector. Su esposa, también directora, es la presidenta y directora artística del Ravenna Festival, una importante cita de espectáculos multidisciplinares que inauguró el propio Muti en su primera edición en 1990. Su hijo Domenico dirige la Riccardo Muti Italian Opera Academy, y su hija es la actriz Chiara Muti, con quien ha codirigido alguna representación. Ella a su vez está casada con el pianista David Fray, muy reconocido internacionalmente.

No sería de extrañar de que dos talentos extraordinarios como Riccardo y Cristina saliera otra generación brillante, pero algunos ven una red clientelar a pequeña escala en el dominio de los Muti. Es la opinión de uno de los críticos de música más famosos de Europa. En su último libro, Paolo Isotta, la leyenda del Corriere della Sera, denunciaba que “su viejo amigo, el mejor director del mundo, es el rehén de su familia y de sus inconfesables intereses”, relataba El Mundo.

En una entrevista con el periódico español, Isotta sentenciaba: “Muti es el más grande director de orquesta vivo que hay en este momento. Y sí, ha sido un amigo del alma. Pero ya no lo es (…) Muti hace el ridículo a causa de sus compromisos familiares, es rehén artístico de sus parientes, como cuando confía a su mujer la dirección artística de las óperas que él dirige… Su mujer está al frente de un festival personal, en Rávena, que recibe fuertes subvenciones del Ministerio de Bienes Culturales italiano. Las decisiones y el comportamiento del maestro Muti, empezando por su dimisión como director del teatro de la Ópera de Roma, parece a todas luces que guardan relación con el festival de su mujer y su gestión, con la actividad artística de su hija, de su yerno pianista…”

La dimisión como director de la Ópera de Roma a la que se refiere Isotta tuvo lugar en 2014, en el marco de unas largas protestas sindicales, según detallaron algunos medios, llevadas a cabo por una parte de la orquesta. “No hay serenidad y son demasiados los problemas”, dijo Muti al marcharse.

Unos años antes, en 2005, había roto con la Scala, teatro que dirigía desde 1986. Tuvo que presentar su dimisión “por la hostilidad manifestada de forma evidente por las personas con las que he trabajado durante casi 20 años”, explicó entonces. Muti había despedido a Carlo Fontana, muy apreciado por el resto de los músicos, y aquel gesto de autoridad, entre otras cosas, no fue bien recibido por el teatro, acosado por las deudas. El director Franco Zeffirelli, quien apoyó a los músicos, dijo que Muti se había comportado “como un dictador”. En 2016, tras una década de enfriamiento, Muti regresó a La Scala para representar dos conciertos con la orquesta de Chicago y enterrar el hacha de guerra.