Vía: www.trumpetland.com | respiración · jordi albert

Respira con el diafragma. La mayoría de nosotros hemos escuchado —o hemos dicho— esta frase alguna vez como instrucción para realizar una correcta respiración. O alguna de sus múltiples variantes: respira con el estómago, respira abajo, respira relajado, respira ahí —señalando con el dedo—, respira con la panza y otras joyas de nuestro particular vocabulario de músicos de viento. Podemos sustituir respira por: infla, llena o carga, y tendremos sinónimos de órdenes verbales para activar este proceso crucial en la práctica de nuestros instrumentos.

La frase respira con el diafragma se utiliza habitualmente para hablar de la respiración en sí misma, aunque se refiere exclusivamente a una ‘zona’ de la respiración. Es el diafragma, el más famoso e importante de los músculos, el que acaba acaparando toda la atención. Por eso no es de extrañar que, aunque la respiración se componga de muchos otros elementos, el primer apellido que se nos venga a la mente sea diafragmática.

Por favor, realiza una respiración diafragmática. En serio, por favor, ayúdame a seguir con este artículo y realiza una respiración diafragmática tan profunda como puedas.

Casi estoy seguro de que tú y yo hemos hecho una respiración al menos un poco diferente.

Ahora, por favor, vuelve a respirar diafragmáticamente a la cuenta de tres: Unoooo, doooos, ¡y tres! ¡Vamos!

¿Ya respiraste?

Bien, si eres parte de la estadística —que he obtenido haciendo ejercicios similares hasta ahora— estoy prácticamente seguro que la acción que realizaste voluntariamente fue la de inspirar (y todavía tienes el aire). Y es que solemos llamar respiración a la primera parte del ciclo respiratorio, que en realidad se llama inspiración. Esto es, técnicamente, tan erróneo como si alguien hubiera soplado a la cuenta de tres. No me dejarán mentir: por respirar nos referimos mayoritariamente al proceso por el cual adquirimos el aire, aunque muchos sabemos que el nombre correcto para este procedimiento esinspirar.

Se habla mucho más de la inspiración que de la espiración, hasta el extremo de relacionar el término respiración exclusivamente con la inspiración. Y esto puede deberse a que domina la idea de que inspirar es un proceso crucial para la creación del sonido. “Si respiras bien tocarás bien” (y al pensarlo relacionamos respiración con inspiración, ¿no es así?). Lo que sucede sincrónicamente mientras sonamos es la espiración, y de ahí provienen muchísimas otras frases como “el aire lo es todo”, “el aire es el motor”, etc. Ambas acciones son parte del ciclo. Pero, aún así, a la orden de respirar inspiramos.

La respiración es un ciclo. Un ciclo de inspiración y espiración. Como ciclo, debemos comprender la interacción que ambas acciones tienen entre sí. ¿Qué es antes, el huevo o la gallina? ¿Has sentido alguna vez mientras estás tocando esa necesidad de sacar el aire antes de volver a inspirar? Un ‘agobio’ constante, el aire que nos molesta. Eso es porque soplamos de forma deficiente, y ese soplo afecta a la siguiente respiración, lo que afecta al siguiente soplo, en un círculo (ciclo) vicioso. Estoy convencido que afecta tanto cómo inspiro en cómo soplo (y creo el sonido) como a la inversa. ¡Uf! Con todas estas cosas parece que no sé respirar aunque llevo toda la vida respirando.

Se comprende que a leer música debemos a aprender, pero ¿a respirar? ¿No se supone que sabemos respirar?
No, respirar para tocar el instrumento es algo muy diferente. Se debe enseñar como algo especial, ¿no? Bueno, ya no lo tengo claro.

En lo puramente didáctico ¿es realmente efectiva esta orden verbal? ¿Se activa la respiración correcta al tratar de ejecutarla? He visto tocar y enseñar a muchos trompetistas realmente excelentes. Muchos de ellos incluyen esta misma frase en su didáctica. Pero cuando realizamos una observación minuciosa —de lo que se manifiesta externamente como movimiento resultado del proceso de respiración— me sorprendo al observar que parece que estos excelentes trompetistas están haciendo cosas diferentes, a pesar de decir las mismas frases.

Unos respiran “un poco más arriba” y veo claramente como se mueve su pecho, y otros por el contrario“más abajo”, observando el movimiento en su abdomen. Pero todos tocan excelente. Refiriéndose a las mismas frases, parece que hacen cosas diferentes.

Por otro lado hay a quienes se les observa el movimiento notorio en la parte superior del torso. “Respira con el diafragma” o “abajo” parece un concepto que no cuadra para nada. En sus clases indican“respiran arriba” o “en el pecho”. Otros hablan de la zona intercostal, y, finalmente, hoy por hoy, es fácil encontrar profesores que hablan de la respiración completa. Todos esos grandes maestros, repito, todos, tocan excelente.

Ya todos juntos, lo más sorpresivo es observar, en quienes dicen hacer cosas diferentes, procesos respiratorios muy similares.

Por lo que parece, ni todos nombramos el concepto de “la respiración correcta” de la misma forma, ni hay una única —y mágica— manera de respirar. Lo representamos con frases similares —e incluso iguales— pero parece que ese proceso lo realizamos, al menos, un poco diferente unos de otros.

Lo mismo nos pasó a nosotros cuando hicimos el experimento inicial de “respirar con el diafragma”. Fue en función de lo que ya sabíamos la manera en que reaccionamos ante la indicación. Cada uno de nosotros realizamos una respiración al menos un poco diferente.

Como ya comenté anteriormente, en el capítulo dedicado a la sensaciones [se refiere al apartado anterior en el libro del que está extraído este artículo], al representar con palabras aquello que percibimos cuando realizamos un procedimiento motriz, es tan fácil acercarnos a un vocabulario común como expresar verbalmente cosas muy diferentes. O bien recurrimos a aquello que ya escuchamos para representar nuestras sensaciones o bien, al focalizarnos en alguna parte del procedimiento, comenzamos a buscar maneras de expresar estas particularidades.

Es por todo ello que parece que las frases e ideas tampoco no son del todo fiables a la hora de trabajar con la respiración.

¿Y el conocimiento? ¿Cuánto nos ayuda en realidad todo lo que sabemos sobre la respiración? Propondré otro experimento que hace mucho que me gusta practicar en clase.

Pon el dedo índice de tu mano izquierda donde creas que está el diafragma. Toma el tiempo necesario. Ahora, el índice de la otra mano indicando este mismo músculo en otra zona del cuerpo.
Sí, es un músculo. Quizá algunos no lo supieran, al menos a mí me pasó (me enteré bastante tarde de esto).
Probablemente tendrás tus dedos poco más arriba del ombligo. Y quizá estén en línea recta o en un mismo punto.

Hago esta suposición tras unos cuantos años de investigación. La gran mayoría de los trompetistas (más del 95%) localizan el diafragma en la parte frontal de su cuerpo y al menos 3 cm. más debajo de su posición real. Más del 60% de los trompetistas entrevistados lo ubican mucho más cercano al obligo que de su posición real. Más de la mitad pensaban que era un solo punto en el cuerpo, y casi un 45% de los trompetistas pensaban que era“el lugar donde entraba el aire”.
(* Nota: Estos datos se obtuvieron entre 2007 y el momento de la edición del libro, cuando el uso del Internet en Latinoamérica no estaba tan generalizado como ahora).

Quizá no descubra nada nuevo para algunos, perodebo decir que ahí no está el diafragma, y que así no es el diafragma. El diafragma está tan cerca de nuestro cuello como de nuestro ombligo. El diafragma es un músculo. Se contrae y se relaja, junto a otros grupos de músculos, para provocar el ingreso de aire con una carga alta de oxígeno (O2) y la expulsión del dióxido de carbono (CO2), y así provocar la otra respiración, la celular, y conseguir el milagro de la vida. A veces se nos olvida, pero la respiración no sirve sólo para tocar la trompeta: sobre todo sirve para sobrevivir. Pero de eso hablaremos un poco más tarde.

Es una especie de bóveda (o paracaídas) que está debajo de los pulmones y que los aleja de otros órganos del abdomen, separando la cavidad torácica de la cavidad abdominal. Los pulmones no miden mucho más de un palmo y medio —así que el diafragma no puede estar tan lejos— y desde luego que no llegan al ombligo. Pensé durante mucho tiempo que los pulmones eran bastante más largos. ¡Claro! Yo veía como se movía mi abdomen, se inflaba mi panza; casi hasta ahí debían llegar mis pulmones. Y ahora sé que en el abdomen no hay aire. Bueno, ahí están, entre otros órganos, los intestinos, que solamente tienen aire cuando la digestión no ha sido muy exitosa, y ese aire no sirve precisamente para tocar la trompeta. Y, desde luego, lo de respirar con el estómago… sólo nos puede llevar a más aire en los intestinos.

Los maravillosos pulmones, esos sí que nos permiten almacenar el aire para tocar la trompeta. Los vimos en muchos dibujos de los libros de primaria y secundaria. Yo incluso llegué a ver unos pulmones de gallina en una clase de ciencias naturales, fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi bachillerato (un poco rara e incluso asquerosa, pero enriquecedora). Observar cómo se inflaban al soplarle —no parece agradable, pero sí, lo hice— y se vaciaban solos significó una importante revelación en mi proceso de aprendizaje de la trompeta.

Y, si no lo sabes ya, te preguntarás: ¿Dónde está el famoso diafragma? Bien, si puedes localizar la parte inferior del esternón, encontrarás la bóveda del diafragma en la parte frontal del cuerpo. En los extremos de nuestras undécima y duodécima costillas se soporta dicha bóveda, formando finalmente la forma de paracaídas. Así que es normal que localizaras sensorialmente un punto medio de esa bóveda unos pocos centímetros debajo del esternón.

Ahora sabemos un poco más de cómo es el diafragma, pero si repitiéramos el experimento inicial —ese de ‘respirar’ a la cuenta de tres— casi estoy seguro de que haríamos exactamente lo mismo. A pesar de toda la explicación y el dibujo, parece que el conocimiento desde el punto de vista cognitivo tampoco es fiable a la hora de realizar un procedimiento. Son mil veces más fuertes nuestros hábitos relacionados con esas órdenes verbales que el nuevo conocimiento.

Por otro lado, podemos comenzar a estudiar la respiración con todas estas ideas, los dibujos, los vídeos de Internet y un largo etcétera de ‘compañeros inseparables’. Y, aún así, los hábitos serán casi siempre más fuertes que las nuevas propuestas. Sobre todo si tenemos en cuenta que solemos estudiar un momento la respiración (con suerte unos 10 minutos) pero después, durante el estudio, parece que se nos olvida todo, y en consecuencia nuestros hábitos dominan por un tiempo mucho mayor que el que estudiamos controladamente. Y ese pequeño tiempo que controlamos, ¿qué es lo que en realidad estamos estudiando?

Ni qué decir de todo lo que sabemos. Sabemos demasiado de cómo se debe respirar. A veces son órdenes confusas e incluso contradictorias. No me gustaría que este texto fuera una más. Espero que puedas seguir hasta el final.

Respirar es un programa motriz que el ser humano posee desde su nacimiento. De hecho, inspiramos por primera vez durante el alumbramiento —después de ese azote mítico de las películas—, y daremos nuestro último suspiro —o soplo en la trompeta, depende de lo oníricos que nos pongamos— antes de morir. Respirar ya sabemos. Ahora estamos respirando, y ni siquiera pensamos en nada relacionado con la respiración. Si tuviéramos que activar todos los procesos de la respiración voluntariamente estaríamos todos más que muertos.

Es por eso que, además de los hábitos y el nuevo conocimiento, hay algo que determina mucho más nuestra capacidad para usar la respiración: nuestra condición humana y la participación del ciclo respiratorio en ella. Como dije antes, respiramos sobre todo para sobrevivir. Esta respiración posee, en el cuerpo humano, unas características específicas que la permiten y, por tanto, la condicionan.

Cuando comenzamos a trabajar con las frases ya citadas en este artículo, alteramos la respiración. Cuando tratamos de respirar aquí o allá, tomamos mucho aire o soplamos con alta compresión, o simplemente levantamos la trompeta —y la disposición musculoesquelética cambia—, alteramos la respiración. Y cuando alteramos la respiración el cuerpo no se siente cómodo. Puede que la incomodidad sea demasiado grande, y entonces el cuerpo suele decidir sobrevivir antes de ser usado por el trompetista.

Un complejo sistema de nervios y glándulas con base de operaciones en el llamado centro respiratorio (CR), situado en el encéfalo, regula dicho proceso. Éste busca un estado de equilibrio entre el oxígeno (O2) y el dióxido de carbono (CO2), que no siempre es sencillo de encontrar cuando toco la trompeta.
Realizo una gran inspiración —a veces muy estresada muscularmente— y paso un buen rato soplando con alta compresión. Mientras estoy soplando con compresión, la respiración celular va ‘a tope’; cuanto más ejercicio muscular haga —por ejemplo, en un agudo—, más producción y acumulación de CO2 que no llega a ser expulsado al ritmo que el cuerpo desearía. ¡Desequilibrio detectado en el centro respiratorio (CR)! Si a eso le añadimos la alta compresión en nuestra cavidad bucal, los mareos están servidos.

El cuerpo elegirá sobrevivir. Te marearás abundantemente para así regresar a un estado de equilibrio.Casi todos hemos sentido esa sensación de agobio con cada nueva respiración en un estudio característico de Arban, y la necesidad de parar, sacar todo el aire y volver a comenzar. Probablemente tenga que ver con acumulaciones de CO2, o también con las disminuciones drásticas en un soplo rápido y abundante.

“Respira natural” se escucha mucho en la enseñanza de la trompeta, y parecería una frase excelente por todo lo dicho hasta ahora. Pero en realidad ¿qué significa natural? Natural significaría en todo caso que se mantuviera el equilibrio antes mencionado. Por eso, tener una respiración agitada también esnatural. Ve a correr durante 20 minutos a tu máximo esfuerzo, y me dirás si no es natural. La respiración se ubicará preferentemente en la zona superior del cuerpo, bloqueando el diafragma, de manera que el intercambio de CO2 y O2 se acelere. Esa autorregulación es lo natural. Por lo mismo,cuando nuestra respiración se agita, y nos mareamos o necesitamos parar, estamos teniendo una respiración igual de natural como la que usamos ahora mismo cuando leemos. Lo que sí es cierto es que esa agitación natural de la respiración no es conveniente para tocar.

Como hemos visto, la respiración está íntimamente ligada al sistema nervioso. Cualquier alteración voluntaria de la respiración va a alterar el sistema nervioso autónomo. Además, la activación de grandes esfuerzos en la respiración activaría a su vez el sistema nervioso simpático (o de alerta), aumentando nuestra frecuencia cardíaca —entre otras reacciones—, y, en consecuencia, se agitaría nuestra respiración. Una inspiración con un gran aspaviento (un esfuerzo grande), dirigida a la zona superior del torso, es más probable que nos acabe molestando, en la medida que activa un estado tenso del cuerpo. Claro que hay trompetistas que respiran así y acabaron tocando muy bien, pero esto es debido a que controlaron una reacción generada por una acción que se podría evitar.

Toma una fuerte y rápida respiración orientada hacia tu pecho, y sostenla. ¿Qué es lo que tu cuerpo cree que va a pasar ahora? ¿Algo bueno o algo malo? Tu cuerpo está percibiendo alerta. Lo haces cuando te dan un susto, por ejemplo.

Y qué decir del soplo. Hemos hablado mucho de la inspiración, pero ¿qué sucede cuando soplamos? Para saberlo podemos hacer un experimento más:

Trata de soplar como si tocaras un agudo. Si tienes la trompeta cerca, tócalo. Y observa cómo realizas el esfuerzo.
Vuélvelo a hacer.

Una gran cantidad de trompetistas tenemos —o teníamos— otro mito similar al de “respirar con el diafragma”: la idea del apoyo o de “apoyar el diafragma”. Podríamos hacer un símil para el acto de la espiración con todo lo dicho hasta ahora sobre la inspiración, pero prefiero comentarlo desde mi experiencia personal de aprendizaje.

Siempre lo pensé así, tal cual: apoyar (en el sentido de hacer fuerza hacia abajo).
De donde yo vengo, se enseñaba a “hacer fuerza, como cuando vas al…” (ya sabes dónde). Y, claro, si apretamos abajo, el aire sale hacia…

Bueno, ahora en serio. Seguramente puedes sentir, con este ejercicio de pensar en tocar los agudos, una fuerza en los abdominales que generalmente se dirige en esfuerzo hacia la zona inferior de los abdominales. Si pones una mano en la parte superior de la ingle la podrás sentir. Incluso muchos ejercemos un pequeño golpe en forma de contracción abrupta. No es de extrañar que la hernia inguinalo abdominal sea un padecimiento habitual en los trompetistas.

Es por todo esto que yo utilizo el concepto de ampliación de la respiración del estado relajado del cuerpo. Es decir: usar la respiración que estás teniendo en este momento que lees, y ampliarla para tocar el instrumento. Lógicamente, se debe ampliar tanto en la inspiración como la espiración para que sea eficiente en la práctica instrumental.

Esta decisión es deliberada y no casual. La respiración que tenemos en este momento está sostenida sobre un estado del sistema nervioso propio de las actividades en las que nuestro cuerpo se encuentra relajado. Cuanto más se acerque a la respiración que usamos para tocar el instrumento a la que tenemos ahora, más probable será mantenernos en este estado (tranquilos, sin alerta).

En este momento, la inspiración no suena, no da grandes golpes, y para soplar no hacemos fuerza con nuestros abdominales inferiores. Un leve movimiento nos mantiene vivos, y está regulado por nuestro ¡centro respiratorio (CR)! Podemos ampliar esto y mantenernos en este estado mental y nervioso.

Ahora, lo más importante: elimino la idea de respirar —igual a inspirar—, que está cargada de hábitos y preconcepciones, y la sustituyo por la sensación de dejar entrar el aire. Como ya intuirás, por lo comentado en los capítulos anteriores, no lo trato como una idea sino como unasensación.
Ahora comentaré el ejercicio, pero antes es muy importante que recuerdes esto: vamos a comenzar a elaborar un ciclo en el que dejaremos entrar el aire y dejaremos salir el aire.

Para ello, me gusta ir hacia donde el cuerpo está yendo en este momento. El cuerpo tiene un mecanismo para que el aire entre solo mientras estás leyendo. Se trata de que la propia espiración genera un ‘vacío’ que, junto a la presión que los grupos musculares ejercen, provoca que la reacción sea la entrada del aire. Cuando el cuerpo ha inspirado, genera una compresión que provoca la espiración.

Podemos hacer un sencillo ejercicio que te ayudará a sentir esta inspiración, y a ampliarla y hacerla voluntaria sin alterarla.
Trata de poner la posición del cuerpo que obtuvimos en los ejercicios del capítulo anterior. Vacía todo el aire de tus pulmones, poniendo la boca como para pronunciar la ‘U’. Vacía todo el aire y no respires. Sentirás una leve tensión en tu abdomen. Haz fuerza con tus abdominales. No tan fuerte. Ahora muerde tu dedo meñique y relaja el abdomen poco a poco. Verás que el aire comienza a entrar solo. Ahora sigue inspirando mientras sigues relajando el abdomen. Cuando ya no entre más aire, sigue inspirando; te sentirás lleno de aire. Ésta es nuestra segunda sensación de referencia (que se uniría necesariamente a la obtenida en los ejercicios anteriores de la posición del cuerpo): la llamaremos
dejar entrar el aire.
Ahora simplemente deja de inspirar y el aire comenzará a salir.

Dejar entrar y salir el aire, igual que ahora que estás leyendo.