En la madrugada del 26 de marzo de 2010 falleció en la Ciudad de Miami el Maestro Carlos Piantini. Había nacido en el barrio San Carlos en la Ciudad de Santo Domingo, el 9 de mayo de 1927. Hijo de Alberto Julio Piantini Morales y Marina Espinal Maceo, comenzó sus estudios musicales a muy temprana edad con la maestra Josefita Heredia quien le inició en el solfeo, y poco después tomó sus primeras clases de violín con el profesor Guillermo Jiménez.Con diez años de edad, el 9 de mayo de 1937, se presentó en un recital al que asistió lo más granado de la sociedad dominicana de la época. Sus interpretaciones le valieron entusiastas aplausos y los primeros elogios de Enrique de Marchena Dujarric, uno de los críticos más importantes del ámbito cultural de entonces, quien en mayo de 1937 publicó en el Listín Diario lo siguiente:

Carlos Piantini

Carlos Piantini


Carlos Alberto, hombrecito en ciernes, artista temperamental, tiene un sentido rítmico como pocos grandes pueden tenerlo o adquirirlo a fuerza de método. […] Luego reúne otras dos condiciones esencialísimas para triunfar: su tono, fuerte, afinadísimo para su poca edad, su alcance de posiciones; y luego, la más difícil aún, como es la de no temer al público y ejecutar ante él con absoluta naturalidad y despejo.

[…] Carlos Alberto Piantini […] está predestinado a convertirse en luminaria de nuestra cultura pudiendo ser con el tiempo, y siempre y cuando salga a cursar estudios fuera del país, uno o tal vez el más grande violinista que haya producido la República.

En 1939 Piantini comenzó a tomar clases con Willy Kleinberg, un gran pedagogo que había sido Concertino de la Orquesta Sinfónica de Viena y Director de la Sinfónica de Breslau. En 1941, cuando se fundó la Orquesta Sinfónica Nacional, Carlos Piantini conformó la plantilla de los fundadores de la institución. También tomó clases de violín con el Maestro Emil Friedman, otro gran maestro europeo que se radicó temporalmente en el país.

Ya en 1943 Piantini comenzó a hacer recitales con mucha mayor complejidad artística y técnica. Durante ese año se presentó en cuatro conciertos con obras de Bach, Handel, Kreisler, Beethoven y Sarasate, acompañado al piano por Julio Alberto Hernández. Entonces, Eugenio Fernández Granell –eminente crítico musical de la época y quien se convertiría en el último pintor surrealista español- publicó en La Nación sus criterios:

El programa que interpretó el joven instrumentista es de los que sólo, quien esté bien dotado para el arte puede remontar con brío y lucidez. Este fue el caso de Piantini, que mostró su dúctil capacidad interpretativa tanto en la profundidad de sentimiento que anima la ‘Partita en Mi mayor’, (para violín solo), de Juan Sebastián Bach, como en el esencial ‘Concierto al estilo Vivaldi’, del gran violinista y compositor Fritz Kreisler.

En 1944 se fue a México a estudiar y matriculó en el Conservatorio, donde tomó clases de violín con los maestros Henryk Szeriyng y Joseph Smilovits, y de armonía con Manuel Ponce. También integró la orquesta Sinfónica que por entonces dirigía Carlos Chávez y con ella participó en conciertos que al pasar el tiempo, constituyeron hitos en la historia musical americana. Piantini conoció allí a muchos de los grandes músicos vanguardistas y tuvo la posibilidad de interpretar sus obras, entre ellos Igor Stravinski, Darius Milhaud, Paul Hindemith, tres de los más grandes compositores del siglo XX.

El 13 de diciembre de 1944, por la emisora radial X. E. W, tocó el primer movimiento del Concierto para violín y orquesta, de Mendelsshon, acompañado por la Sinfónica H Steele, bajo la dirección de Julián Carrillo, con una tremenda acogida del público y la crítica. La Revista Todo, el 28 de diciembre de 1944 publicó que:

Carlos Piantini es la más brillante promesa que hemos escuchado en los últimos años. […] Supo equilibrar las frases de la parte solista con las de la orquesta y al llegar la cadenza dio una ejecución limpia y de gran emotividad. Tiene una virtud rara en la mayoría de los violinistas, como es la de tener el poder de comunicar una emoción en un instrumento tan difícil como es el violín. Este y otros datos nos dan la esperanza de que el joven artista que tocó con la Sinfónica Steele llegue a señeros lugares en la música.

Con toda esta aureola, entró el joven violinista dominicano al año 1945, y se presentó con fortuna en diversos lugares de la gran ciudad. Con la Orquesta Sinfónica tuvo la oportunidad de acompañar a grandes solistas como a Heifetz, y a Rubinstein, y también entabló una gran amistad con Blas Galindo, quien era uno de los compositores del grupo de los siete más importantes que había en México entonces y de quien estrenó la Sonata para violín y piano, uno de los momentos más importantes para su carrera. Aquel concierto le valió las críticas que todo joven que inicia su carrera quisiera tener, tuvo la legitimación de dos de los críticos musicales más importantes de América: Mayer Serra y Adolfo Salazar. El primero publicó el 10 de noviembre de 1945 enMañana que: Carlos Piantini es un excelente violinista dominicano […] Y el segundo, en Novedades, afirmó que:
Carlos Piantini con su apellido italianizante y su acento antillano lleva dentro de sí un gran artista. Su juego es fácil; su sonido rico y voluminoso; su arco tiene amplitud y jugosidad. Canta con calor y pasión en las grandes frases. En los pasajes de agilidad, su técnica es limpia y brillante en su transparencia.

Entre 1948 y 1950 Piantini fue director de la orquesta del Teatro Puerto Rico en la ciudad de New York, donde compartió el escenario con los más populares artistas del cine y el teatro de variedades de la época; entre ellos, Pedro Infante, Libertad Lamarque, Antonio Badú, Jorge Negrete, Rosita Fornés, María Félix y Agustín Lara.

En 1950 fue nombrado en el cargo de Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, trabajo que alternó con el de recitalista, presentándose por todo el país.

A partir de 1953 tomó clases con Iván Galamián en New York y debutó como violinista en el Carnigie Recital Hall, pero también integró Los Violines del Cotillion Room, del Hotel Pierre -que estaba en la 5ta. Avenida y la calle 61-, conformó un mariachi para acompañar en un espectáculo al ex torero mexicano Manuel Capetillo, quien devino en cantante, tocó en un sin número de fiestas con la charanga de su compatriota Johnny Pacheco, y en 1956 se ganó una plaza como violinista en la Orquesta Filarmónica de New York, en la que permaneció hasta 1971.

Durante los años en la Filarmónica, bajo la conducción de Leonard Bernstein, fue testigo de una de las más florecientes épocas de esa institución, con la que viajó medio mundo y compartió conciertos, grabaciones y giras con directores, solistas y compositores de gran renombre.

Recomendado por Bernstein, Piantini se fue en 1971 al Conservatorio de Música de Viena a estudiar dirección orquestal con el Maestro Hans Swarowsky. Ya había hecho su debut como director con la Sinfónica Nacional de la República Dominicana en 1963, y periódicamente continuó presentándose con la institución.

En 1973 fue nombrado Director del Teatro Nacional, que se inauguró el 16 de agosto de ese año con un Festival en el que participaron destacados artistas nacionales y extranjeros. Dirigió la primera puesta en escena de la ópera Traviata en ese coliseo y tocó, junto a Ruggiero Ricci, el doble de Bach.

En 1973 también debutó como Director con la Orquesta Sinfónica Venezuela, en un concierto que causó una grata impresión en el publicó y del que Israel Peña publicó en Últimas Noticias el 18 de noviembre lo siguiente: Piantini deja notar […] al músico que por sobre todo penetra y comunica cuanto interpreta, demostrando además un gran conocimiento de la orquesta […]

El 17 de febrero de 1974, con la misma orquesta, Piantini estrenó en Venezuela La consagración de la primavera, de Stravinski. De aquel memorable concierto Rházes Hernández López publicó en El Nacional de Caracas, refiriéndose al músico dominicano lo siguiente:
Piantini es todo un maestro, un artista que en apenas tres ensayos ha hecho el milagro de hacer realidad esta grandiosa ‘Consagración’ que a su vez le consagra como a un conductor de sólida sapiencia, de una autenticidad que queda fuera de toda discusión.

En 1975 Piantini organizó el Festival Santo Domingo y en la clausura del evento, el 16 de marzo, estrenó en la capital dominicana, con la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, la importantísima obra de Stravinski. Ambos estrenos, de tan compleja obra, dice mucho del ímpetu y la fuerza natural de la que estaba dotado el ilustre sancarleño.

El 26 de diciembre de 1978 renunció a su cargo de Director del Teatro Nacional y en 1979 fue nombrado Director Asistente de la Orquesta Filarmónica de Caracas, una orquesta que se creó en ese año y que llegó a convertirse en una de las mejores del continente, y con la que Carlos Piantini realizó una labor musical extraordinaria.

En 1984 el entonces Presidente de la República Dominicana lo nombró en el cargo de Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, institución de la que había sido fundador y Concertino. Fue durante su gestión que se establecieron y regularizaron las Temporadas Sinfónicas, se aumentó el número de instrumentistas de la Orquesta, llegando a ocuparse los puestos más importantes, contribuyó a elevar los salarios de los músicos y propició la creación de la Fundación Sinfonía, una institución que durante décadas administró con tino la agrupación musical.

Como director de orquesta alcanzó grandes éxitos al frente de las sinfónicas de Viena, Washington, South Florida, Milwakee, La Habana, Maracaibo, San Juan, Massimo Bellini y las Filarmónicas de New York, Ciudad México, Caracas y New York, y el Teatro San Carlos, de Nápoles, Italia, lo invitó para dirigir una serie de 17 conciertos que realizó entre los años 1985 y 1986.

Desde 1988 fue invitado anualmente a dirigir la orquesta Alejandro Scarlatti de la radio Televisión Italiana (RAI) de Nápoles, Italia. En julio de 1990, en el Festival del Valle d’Itria (Martina Franca), dirigió la ópera Los Pescadores de Perlas, de Bizet. En agosto de 1992 estrenó la Epopeya Lírica 1492, de Antonio Braga la cual fue grabada para la firma Buongiovanni de Italia.

Desde 1984 hasta 1994 fue Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana y en enero de 1995 fue nombrado Director Laureado de ésta. El Maestro Carlos Piantini ocupó durante muchos años el cargo de Director de Estudios Orquestales en la Universidad Internacional de la Florida donde fundó la Orquesta Sinfónica de ese alto centro de estudios.

En 1998 grabó con la orquesta Filarmónica de Varsovia los dos conciertos para guitarra y orquesta del compositor dominicano Román Ernesto Peña los cuales contaron con la participación del destacado guitarrista cubano Rubén González Ávila. Durante el mismo año estrenó en el Teatro San Carlos de Nápoles el oratorioSanto Domingo de Guzmán, de Antonio Braga.

En 1999 dirigió la puesta en escena de la ópera Carmen, de Bizet, que produjera el Teatro Nacional de Santo Domingo y en la misma sala, meses después dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional en el estreno latinoamericano del Concierto para Piano y Orquesta, de Michael Camilo, en el que actuó como solista el propio autor.

En el año 2001, fue nombrado por segunda vez en el puesto de Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana, esta vez por el entonces Presidente Hipólito Mejía. En esta nueva etapa consiguió nuevos y más altos lauros, siendo merecedor de un Soberado en los Premios Casandra.

El 14 de Septiembre de 2005 Carlos Piantini dirigió por última vez la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana. Fue el concierto No. 1722 de la OSN, y se realizó en la Sala Principal del Teatro Nacional.

El nombre de Carlos Piantini permanecerá en la memoria del arte y la cultura dominicana, por sus obras como artista, y por su capacidad humana para fundar y llevar a la cima empresas artísticas que forman parte hoy de la vida cotidiana de los dominicanos.