imageRotateVía: eluniversal.com | Por FERNANDO GUERRERO | ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

El abogado y arpista Fernando Guerrero se encargó de redactar el documento constitutivo del hoy Sistema de Orquestas, y refiere cómo fueron los días iniciales del importante movimiento musical.

Un martes en la tarde del mes de noviembre de 1974, el maestro Ángel Sauce, director del Conservatorio de Música Juan José Landaeta, tocó la puerta del salón de arpa mientras yo recibía clases de la profesora Cecilia de Majo, al lado del salón de guitarra, donde las impartía el maestro Antonio Lauro y  requirió mi presencia en su oficina, al terminar.

El maestro Sauce –me dijo emocionado- acababa de obtener del entonces CONAC (Consejo Nacional de la Cultura), una partida de cinco mil bolívares mensuales (equivalentes a 1.162,79 US$ de entonces) y 18 atriles. Preguntó a su alumno, abogado con escasos dos años de graduado, qué se necesitaba para establecer  con esos recursos una “orquesta en el conservatorio”, la cual él no dirigiría. Respondí que era cosa fácil; necesitaba el nombre del director y yo le prepararía una sociedad civil, la cual recibiría la asignación mensual y los atriles.

Unos días después, el maestro Sauce volvió a requerir mi presencia en su oficina al terminar la clase. Allí encontré a José Antonio Abreu Anselmi, el director de la orquesta que proponía el Maestro (con quien me unen vínculos de parentesco relativamente lejanos, de paisanaje, pues su padre y el mío nacieron y fueron vecinos en Betijoque, estado Trujillo, amén de una amistad de muchos años). El asunto estaba solucionado.

José Antonio comenzó a ensayar en ese mismo mes de noviembre de 1974 con músicos, en el propio  Conservatorio Juan José Landaeta y con otros “outsiders”, con quienes él tocaba en el Ateneo de Caracas y en otras partes, en una especie de conjuntos informales, ventetú musicales. Y es que para el año 1975 había en Venezuela dos  orquestas sinfónicas, en Maracaibo (Orquesta Sinfónica de Maracaibo) y en Caracas (Orquesta Sinfónica de Venezuela) y no era del uso de las escuelas de música tener una orquesta adjunta, no obstante que con esfuerzo sobrehumano, Evencio Castellanos había logrado en 1970, hacer un par de conciertos con  la Orquesta Experimental de la Orquesta Sinfónica Venezuela, que ensayaba en la Escuela de Música de Santa Capilla.

Se presentaba 1975 auspicioso para la orquesta del Conservatorio Juan José Landaeta: Venezuela pedía a gritos orquestas juveniles en los conservatorios. José Antonio con la pasión que lo caracteriza, comenzó a ensayar con sus músicos en la sede del conservatorio, casi todos los días y hasta bien entrada la noche.

El primer “Concierto de Estado”, como lo llamaría Napoleón Bonaparte, se llevó a cabo el 30 de abril  de 1975 en la Casa Amarilla (ver programa de mano). La batuta la compartieron el maestro Sauce, como Director Fundador (así dice el programa) y José Antonio Abreu como Director Titular. Sin embargo  se viene celebrando el 12 de febrero como efeméride de la antes llamada Orquesta Juvenil, ahora el Sistema.

Para mi como abogado, la fecha oficial resulta ser la protocolización del documento constitutivo-estatutario de la SOCIEDAD DE LA ORQUESTA NACIONAL JUVENIL “JUAN JOSÉ LANDAETA” (SCONJJJL), Sociedad Civil sin fines de lucro, domiciliada en la ciudad de Caracas, inscrita por ante la Oficina Subalterna del Segundo Circuito de Registro del Municipio Libertador del Distrito Federal, lo cual ocurrió en  fecha 23 de Mayo de 1975, quedando anotado bajo el N 3, Folio 22, Tomo 57, Protocolo Primero.

Los habitantes de la urbanización Campo Alegre, como consecuencia del inesperado y trasnochante diluvio musical,  se quejaron ante la asociación vecinal y el Jefe Civil. No quedó más remedio que  mudar la orquesta para un galpón, con techo metálico, llamado CINDÚ, en Boleíta, donde Abreu y los músicos ensayaban –sin querer- en un verdadero sauna; pero con tesón impresionante siguieron adelante: lo demás es historia.

José Antonio se hizo cargo de la orquesta, llevándola con ofrenda de su vida, pasión y un esfuerzo gigantesco, hasta donde podemos ver: consiguió presupuesto, y años después la dotó de la protección de una fundación del estado venezolano etc. Pero el maestro Sauce, nuevamente se quedó sin  una agrupación en el Conservatorio que dirigía en la cual practicasen sus alumnos, quienes, sin embargo, lo pasaron a hacer desde entonces en la propia Orquesta Juvenil.

Parte de la referida historia aparece en el libro “Ángel Sauce, una vida por la música” (Caracas 2006,  co-edición Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela, 301 pp) de nuestro también maestro, el nunca bien llorado José Peñin, cuyo prólogo, de José Antonio Abreu, sigue a estas palabras.

Debido a la bonhomía, sencillez y austeridad que lo caracterizaban, el maestro Sauce no reivindicó jamás su participación en los orígenes del movimiento musical; sin duda,  más grande e importante que ha tenido nuestro país y Latinoamérica.  Las previas  notas, vivenciales y documentadas, sirven para dejar en claro y recordar, en estos primeros cuarenta (40) años, sin desmedro a nadie, la iniciativa de uno de los principales músicos que ha tenido Venezuela, pedagogo, compositor y director de orquesta, fundador de coros: Y por derecho propio, mentor,  impulsor  original  y co fundador del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, por demás, gran  persona, con cuya amistad me honró: el maestro Ángel Sauce, a quien en estas fechas, recordamos agradecidos por su maravillosa iniciativa.