Vía: www.etcetera.com.mx/ Vía: www.jotdown.es/

Las musas, a veces, son temerarias. La diferencia entre la simple influencia musical y la apropiación indebida es generalmente sutil. De ordinario, el oído se ve obligado a medir la suerte de la canción sospechosa con atención y detenimiento, y su veredicto no siempre es aceptado sin controversia. ¿Plagió John Williams en su Marcha Imperial el primer movimiento de Los Planetas de Gustav Holst, o simplemente se inspiró en él? ¿Es excesivo el parecido entre la instrumentación de The Man in Me de Bob Dylan y la de Jackie Wants a Black Eye de Dr. Dog o son solo imaginaciones mías?

Sinceramente, no creo que en estos dos casos la intención fuese mucho más allá del mero homenaje. Y es que, precisamente, de intenciones va la cosa. Cuando el plagio es descarado, el compositor es perfectamente consciente de su hurto, y a pesar de ello lo comete. Los meros parecidos razonables, sin embargo, esos que se acercan a la peligrosa línea pero no lo suficiente, no suelen ser más que inevitables accidentes —homenajes, a lo sumo—, ya que todo lo que uno escucha, y en concreto aquello que más le agrada, termina influyendo irremediablemente en su producción musical.

Pero no son extremos tan distantes como la copia descarada y el simple parecido los que informan este artículo. Como decía en un principio, la diferencia de peso entre ambos platos de la balanza en el juicio de un posible plagio es comúnmente tenue, aunque no por ello inexistente. Se impone preguntarse, por lo tanto, qué elementos son determinantes en el fallo y cuáles no lo son.

En esencia, la música es melodía, armonía y ritmo, pero teniendo en cuenta la cansina similitud de tempos y compases que encontramos habitualmente en el pop y el rock, sería absurdo pretender adivinar plagios que traigan causa únicamente en la semejanza de dos canciones en cuanto a su ritmo. Para que una sea una imitación de la otra, debe producirse una coincidencia melódica en el marco de una armonía muy similar —razón por la que John Williams y Dr. Dog se salvan de la quema—. En los estilos mencionados, la melodía más destacada suele ser la de la voz principal, y la base armónica se encuentra en la guitarra o el piano más las notas del bajo, que forman un todo con las melodías vocales. Es decir, si existe una identidad sustancial entre el conjunto de la voz y los acordes de las dos canciones, probablemente será un plagio de cojones.

Con todo, no es tan sencillo dirimir. Y me remito a ciegas a los comentarios que, a pesar de la evidencia, generarán los ejemplos señalados a continuación. Normalmente es difícil alcanzar el consenso porque en la mayoría de los casos la distancia entre la absolución y la condena es significativamente pequeña. Sin embargo, y afortunadamente para este artículo, hay otros que claman al cielo…

Por orden inverso de flujo hemorrágico, los veinte plagios musicales más sangrantes del siglo XX:

1. Plagio: Come Together de The Beatles.

Original: You Can’t Catch Me de Chuck Berry.

Hablar de plagio cuando la canción es comparada con un rock and roll más clásico que el batín de Don Pantuflo Zapatilla es un tanto arriesgado. Si nos ponemos quisquillosos, casi todo se parece a Chuck Berry. Sin embargo, prueben a imaginar cómo sería el tema de los Beatles con algo más de velocidad. Hay que reconocer que el resultado se acerca bastante a You Can’t Catch Me… En cualquier caso, probablemente nadie habría reparado en esta similitud si no fuese porque el imprudente de Lennon se atrevió a copiar literalmente el verso “here come old flattop” en la primera línea de Come Together —pueden escucharlo a partir del minuto 1:05 en la canción de Berry—. El de Liverpool fue demandado por plagio, pero finalmente la cuestión se resolvió fuera de los tribunales. Como parte del acuerdo, Lennon tuvo que versionar la canción de Berry en su álbum Rock ‘n’ Roll.

2. Plagio: Te necesito de Amaral.

Original: That Was my Veil de PJ Harvey.

Eva Amaral y el chico del gorro que normalmente la acompaña son bastante amigos de dejar bien claro en sus canciones cuáles son sus influencias musicales y en qué grupos se inspiran, pero como ha quedado claro, eso es algo que dista mucho de ser considerado un plagio. Sin embargo, el riesgo de quemadura es mayor cuanto más juega uno con fuego, y complementar temas propios con partes de canciones ajenas es una práctica que suele terminar en Urgencias. Sobre todo cuando el material del que te apropias es de alguien que tiene dos discos entre los 500 mejores álbumes de la historia según Rolling Stone… Era muy difícil que nadie se diese cuenta. Escuchen el estribillo de Te necesito, a partir de 0:55, y el de That Was my Veil, a partir de 0:35. El reproductor no engaña.

3. Plagio: Loco de atar de Mikel Erentxun.

Original: Somehow, Someday de Ryan Adams.

El affaire de Mikel Erentxun con el plagio viene de atrás. Cuando todavía militaba en Duncan Dhu, algunos ya señalaron el notable parecido entre la figura melódica principal de En algún lugar y el arreglo final de mandolina del single de Rod Stewart Maggie May. Suele mencionarse, asimismo, la exagerada influencia queLove Vigilantes de New Order ha tenido en su polémico Loco de atar —lo que al mismo tiempo inculpa al bueno de Ryan Adams—. Algunos atrevidos sostienen que los arreglos de cuerda de Whatever de Oasis son los mismos que los de Quién se acuerda de ti. En este mismo artículo, de hecho, volveremos a hablar de Mikel y su especial querencia por lo ajeno. Por ahora, bastará con advertir lo peligrosamente semejantes que sonSomehow, Someday y Loco de atar. Les recomiendo prestar atención a la primera y posteriormente escuchar el arreglo de guitarra presente en la segunda desde el principio, pero sobre todo no se pierdan su estribillo, a partir de 0:58. Demasiada coincidencia…

4. Plagio: Dejad que las niñas se acerquen a mí de Hombres G.

Original: Don’t Worry Baby de The Beach Boys.

Hombres G. La tercera pata de la escuela patria de latrocinio musical junto a Amaral y Erentxun. Al igual que ocurre con estos, más adelante descubriremos uno de los más sonoros plagios de la historia del pop de la mano de David Summers y compañía, pero en este momento conviene detenerse a comparar las melodías de la estrofa y el puente de la canción de Hombres G y las de The Beach Boys. Si Summers no plagió el tema de Brian Wilson y Roger Christian, yo abandono Jot Down Magazine. Lo más curioso es que la letra de Dejad que las niñas se acerquen a mí —no voy a juzgar el título porque todos podemos tener un mal día— empieza diciendo “no soporto a las niñas que todas las canciones les recuerdan a algo”. Hay que tenerlos muy bien puestos, qué diablos.

5. Plagio: Why Don’t You Get a Job de The Offspring.

Original: Ob-La-Di, Ob-La-Da de The Beatles.

Anda que no hay canciones de The Beatles para elegir… Anda que no hay temas de McCartney para copiar… ¡Anda que no hay fenomenales ñoñerías de Sir Paul para plagiar! Pues nada, The Offspring escogieron esa cosa llamada Ob-La-Di, Ob-La-Da, la mezclaron un poco con Cecilia de Simon & Garfunkel, et voilà. El manifiesto parecido entre el estribillo de Why Don’t You Get a Job —a partir de 0:35 en el vídeo— y el de la canción de los “Fab Four” —a partir de 0:27— convierte esta sentencia en inapelable.

6. Plagio: M.O.R. de Blur.

Original: Boys Keep Swinging de David Bowie.

A diferencia de los anteriores, este plagio deliberado fue reconocido por los autores de la pieza desde el principio. El “homenaje” que Damon Albarn, Alex James, Graham Coxon y el otro de Blur del que nadie se acuerda quisieron rendirle a Bowie era demasiado evidente, así que el Duque Blanco figura como coautor en los créditos de la canción. Todo un detalle por parte de los chicos de Blur, que de paso se ahorraron una más que previsible demanda. La semejanza entre M.O.R. y Boys Keep Swinging se aprecia a lo largo de ambos temas, pero son sus estribillos los que más se aproximan. Pueden escuchar el de Blur a partir de 0:44 y el de Bowie en 0:31.

7. Plagio: Creep de Radiohead.

Original: The Air I Breath de The Hollies.

Este me duele especialmente, porque me gustan los Radiohead anteriores a los delirios con aparatitos electrónicos y porque me gusta Creep, en concreto. Sin embargo, la similitud de la melodía de voz y las armonías en las estrofas de ambas son tan evidentes, que negar el plagio sería ridículo. De hecho, Radiohead terminó incluyendo a los autores de la canción en los créditos, por lo que Albert Hammond ya puede presumir de haber hecho algo decente en su vida más allá de haber compuesto It Never Rains in Southern California y de haber engendrado a Albert Hammond Jr.

8. Plagio: Come as You Are de Nirvana.

Original: Eighties de Killing Joke.

En la introducción a este artículo he explicado que una canción puede ser considerada como una imitación de otra siempre y cuando se produzca una coincidencia melódica en el marco de una armonía muy similar, y he mencionado expresamente la voz principal como referencia porque suele ser la melodía más destacada en el caso de canciones de género pop y rock. Los siete plagios que preceden a este son un buen ejemplo de ello. Sin embargo, a veces esa melodía se corresponde con una figura de piano, un arreglo de violín, un fraseo en un Farfisa o un riff de guitarra. En otras palabras, se puede hablar de plagio cuando no es la melodía vocal la imitada, sino la de cualquier instrumento que destaque sobre los demás.

En el caso de Eighties y Come as You Are no hay debate: Kurt Cobain copió descaradamente el riff de Killing Joke. La razón por la que Nirvana no se encontró con una demanda de plagio de Jaz Coleman, líder del grupo británico, fue porque Cobain le confesó que había plagiado el riff, y al parecer fue suficiente con eso. Juzguen ustedes si se parecen o no…

9. Plagio: Will You Be There de Michael Jackson.

Original: I cigni di Balaka de Albano Carrisi.

Cuando Al Bano —el tipo se curró su nombre artístico, hay que reconocerlo— demandó a Jacko por plagio, un musicólogo dictaminó que entre Will You Be There y I cigni di Balaka existía una coincidencia de 37 notas en un total de 40. ¿Realmente habría escuchado el pequeño de The Jackson Five alguna vez la canción del italiano? Cuesta creer que sí, pero coincidir en treinta y siete notas es demasiado coincidir… Lo cierto es que el juez condenó a Michael Jackson a pagar cuatro millones de liras a Albano Carrisi, pero el tribunal de apelación estimó el recurso interpuesto por los abogados de aquel porque consideró que, en realidad, ambos temas eran un plagio de Bless You, de The Ink Spots, respecto del que ya habían expirado los derechos de autor. Una jugada muy hábil por parte de los abogados de Jackson, pero por mucho que la melodía de esta se parezca a la de las dos implicadas, si tienen ustedes alguna idea de armonía verán que la coincidencia con Bless You es mucho menor, que es difícil que dos personas distintas en dos partes del mundo distintas y en épocas distintas escriban dos canciones idénticas partiendo de la de The Ink Spots, y que, en definitiva, coincidir en treinta y siete notas es demasiado coincidir. Plagio de manual.

10. Plagio: Hello I Love You de The Doors.

Original: All Day and All of the Night de The Kinks.

Es el mismo caso que el de Come as You Are y Eighties, salvo por un pequeño matiz. En Hello I Love You, el plagio del riff de guitarra de los hermanos Davies lo hace Jim Morrison con la voz. En efecto, la melodía vocal del tema de The Doors coincide con la melodía de la figura principal de guitarra de All Day and All of the Night. Si a esto le añadimos que la melodía de voz de la canción de The Kinks es una sencilla adaptación de su famoso riff, obtenemos un plagio de padre y muy señor mío.

Hasta este punto, los diez ejemplos examinados podrían constituir por sí solos los diez plagios musicales más sangrantes del siglo XX. Sin embargo, me atrevo a señalar que no han sido nada comparados con los delitos contra la propiedad intelectual que se relatan a continuación. Abróchense los cinturones, porque son de traca.

11. Plagio: Toda la noche en la calle de Amaral.

Original: Rebel, Rebel de David Bowie.

El que avisa no es traidor. Ya les advertí de que tanto Amaral como Hombres G y Mikel Erentxun volverían a hacer aparición en esta infausta lista. Siguiendo el peculiar estilo de Morrison, Eva Amaral y el chico del gorro que normalmente la acompaña componen una melodía vocal absoluta y descaradamente basada en el riff de la canción de Bowie, que por otro lado es el elemento más reconocible del tema. Es imposible haber escuchado alguna vez Rebel, Rebel y no abochornarse al comprobar cómo Eva repite la frase “toda la noche en la calle” utilizando la misma melodía que la figura de guitarra. Omitan las cosas raras que se observan al principio del vídeo y presten atención a partir del minuto 1:06. Como he dicho respecto a PJ Harvey en el número 2 de esta lista, si vas a plagiar a alguien, que no sea a uno de los tipos que más discos ha vendido a lo largo de la historia. ¡Y mucho menos uno de sus mayores éxitos! Lo de Amaral es verdaderamente admirable…

12. Plagio: Marta tiene un marcapasos de Hombres G.

Original: At the Zoo de Simon & Garfunkel.

Este es acojonante. Sencillamente acojonante. He dicho antes, hablando de Hombres G, que hay que tenerlos muy bien puestos. Pues rectifico: hay que tenerlos cuadrados. Escuchen la primera un ratito —no conviene excederse en el masoquismo— y luego compárenla con la segunda a partir de 0:27. No se puede ser más caradura.

13. Plagio: Uno más uno son siete de Mikel Erentxun para la sintonía de Los Serrano.

Original: Pure de The Lightning Seeds.

Lo reconozco. Es de mis favoritos. Quizá porque me gustan The Lightning Seeds —estoy convencido de que todos ustedes conocen al menos su canción Three Lions, himno oficial de la Eurocopa de 1996—, quizá porque el encargado de cantar Uno más uno son siete fuese Fran Perea, lo que dota a todo esto de un aire aún máskitsch si cabe… No sé cuál es el motivo exacto, pero este es de mis preferidos. Me da igual que la justicia considerase que no se trata de un plagio. Me basta con tener oídos. ¿Se acuerdan de la sintonía de Los Serrano? ¿Recuerdan aquel verso que hablaba de un andén de la estación bajo el sol abrasador? Pues escuchen Pure a partir del minuto 1:05 y atrévanse a negar que es un plagio tan grande como “un rascacielos del cielo de Nueva York”.

14. Plagio: All by Myself de Eric Carmen.

Original: el segundo movimiento (adagio sostenuto) del Concierto para piano nº. 2 de Serguéi Rajmáninov.

Si no fuese por su nombre de señora y su pelazo de señora, diría que este tipo tenía clase. Puestos a plagiar, plagiemos a un grande, claro que sí. Y por si acaso una vez no es suficiente, hagámoslo dos veces —en su segundo single en solitario, Never Gonna Fall in Love Again, volvió a tomarla con el pobre Serguéi—. La influencia del adagio de Rajmáninov es palpable a lo largo de toda la canción de Carmen, pero la coincidencia entre la armonía de su estrofa y la de la pieza clásica a partir del minuto 1:38 de esta despeja cualquier duda acerca de si se trata de un simple homenaje o un plagio puro y duro.

15. Plagio: Viva La Vida de Coldplay.

Original: If I Could Fly de Joe Satriani.

Chris Martin se empeña en alegar una y otra vez que escribió Viva La Vida antes de 2004, año en que se publicóIf I Could Fly. Sinceramente, dudo mucho que entre los gustos musicales del líder de Coldplay se encuentre alguna canción de Joe Satriani, pero si escuchan ustedes esta a partir de 0:49 notarán que el parecido es verdaderamente asombroso. En mi opinión, ninguna de las dos vale mucho… Yo no me pelearía con nadie por semejante material.

16. Plagio: Da Ya Think I’m Sexy? de Rod Stewart.

Original: Taj Mahal de Jorge Ben.

A medida que se acerca el final de esta lista, los plagios son cada vez más evidentes. En este caso, Rod Stewart se habría merecido cualquier condena posible tanto por titular así una canción como por vestirse y peinarse como lo hace en su videoclip. Sin embargo, en lo atinente a la acusación de plagio, Jorge Ben y él llegaron a un acuerdo amistoso sin necesidad de pisar los tribunales, lo que refuerza aún más la certeza de que se trata de un plagio incontestable. El estribillo de Da Ya Think I’m Sexy? —a partir de 0:51— y el de Taj Mahal —a partir de 0:37— son perfectamente idénticos.

17. Plagio: Ice Ice Baby de Vanilla Ice.

Original: Under Pressure de David Bowie y Queen.

Destierren de sus propósitos cualquier intento de comparación entre ambas canciones, porque son como la noche y el día. Sin ir más lejos, la de Queen y Bowie es una bendita maravilla y la otra es un bodrio horripilante. No obstante, Don Vanilla tuvo a bien apropiarse sin más de la característica línea de bajo de Under Pressurepara construir a su alrededor esa ruina de hip hop titulado Ice Ice Baby, y para más inri, en su defensa sostuvo que no se trataba de un plagio puesto que había añadido una nota más. Como era previsible, no tuvo más remedio que incluir a los autores en los créditos de su esperpento. Aquí no hay armonía que valga. Hay una melodía sobre una percusión que se repite en dos temas distintos, pero como es lógico, solamente tiene un dueño.

18. Plagio: My Sweet Lord de George Harrison.

Original: He’s So Fine de The Chiffons.

Lo de Harrison es incomprensible. ¿Qué necesidad había de hacer esto, George? Mi respeto por el autor deWhile my Guitar Gently Weeps, Something, All Things Must Pass o Here Comes The Sun hace que me resulte difícil aceptar la posibilidad de que su talento se marchitase hasta el punto de tener que rebajarse a copiar a otros, o lo que es peor, de que plagiase descaradamente con la esperanza de que no le pillasen. En honor a la verdad, es justo aclarar que en la sentencia que puso fin al juicio por violación de derechos de autor se aceptó que el ex Beatle había plagiado la canción de forma inconsciente. Que fue un caso de criptomnesia. Sin embargo, milongas las justas. Que a veces un compositor crea que parte de lo que está escribiendo es suyo cuando en realidad lo ha escuchado anteriormente es algo que, efectivamente, ocurre. Cosas del subconsciente. Pero si toda la canción es un calco de la original, lo más sensato es pensar en el plagio consciente. George compuso el tema This Song para mofarse de la sentencia, pero resulta un tanto inútil negar la evidencia. Lo hiciese de forma deliberada o involuntaria —y probablemente fue lo primero—, My Sweet Lord es una simple imitación deHe’s So Fine.

19. Plagio: Bittersweet Symphony de The Verve.

Original: la version instrumental de The Last Time de The Rolling Stones escrita por The Andrew Oldham Orchestra.

Es el plagio entre los plagios. Todo lo que tuvo que hacer Richard Ashcroft fue coger un tema ya existente y cantar lo primero que se le ocurrió. Así de fácil. En el original no hay una melodía de voz, pero hay todo lo demás. Tanto la percusión como la armonía conformada por los muchos instrumentos presentes en ambas canciones son como dos gotas de agua. The Verve solicitó una licencia para utilizar parte de la canción a modo de sampler, pero al usar tal porción como un módulo que se repite durante todo el tema, Bittersweet Symphonyse convirtió en un plagio innegable en cuanto nació. Para no ir a juicio contra Allen Klein, dueño de los derechos de las canciones de los Stones anteriores a 1960, Aschcroft aceptó cederle el 100% de los derechos de la canción. Posteriormente, Andrew Oldham también demandó al grupo porque en realidad la versión de The Last Time era suya, y The Verve perdió cualquier facultad de decisión sobre su single. Por si todo esto fuera poco, cuando la canción fue nominada a un premio Grammy en 1999, fueron Mick Jagger y Keith Richardsquienes recibieron la nominación, ya que Ashcroft tuvo que acabar aceptándolos legalmente como autores únicos de la canción. Y aun así, pocas desgracias me parecen teniendo en cuenta lo vergonzoso de este robo a mano armada.

20. El curioso caso de Noel Gallagher.

El guitarrista y compositor de los desaparecidos Oasis se merece su propio puesto en esta lista, porque el tipo ha plagiado todo lo que ha querido. Por la papelera de sus abogados han desfilado más demandas que todas las interpuestas contra los protagonistas de este artículo. Es un verdadero fenómeno. Si algo le gusta, lo copia. Se le ha acusado —de forma justa, en mi opinión— de plagiar entre muchas otras la melodía de I’d Like to Teach the World to Sing de The New Seekers en el single Shakermaker, de apropiarse del riff de Get It On de T. Rex enCigarettes & Alcohol, de utilizar en Whatever la primera parte de la melodía de How Sweet to Be an Idiot del cantante cómico Neil Innes, de imitar el riff y la percusión de 5 to 1 de The Doors en Waiting for the Rapture, etc. ¿Las están escuchando? ¡Son idénticas! La lista de plagios es interminable, pero las tres siguientes son sin lugar a dudas las que se llevan la palma.

Plagio: Step Out.

Original: Uptight de Stevie Wonder.

Escuchen la de Gallagher a partir de 0:54 y compárenla con la de Wonder. Asombroso.

Plagio: (Get off your) High Horse Lady.

Original: Hi-Heel Sneakers de Tommy Tucker.

¡Es la misma canción!

Plagio: Hello.

Original: Hello, Hello, I’m Back Again de Gary Glitter.

No solo copió la melodía del estribillo —a partir del minuto 2:20 en la de Oasis y desde el principio en la de Glitter—, ¡sino también la letra!

Lo de Noel Gallagher es excepcional. Nadie ha sabido llevar jamás con tanta gracia la etiqueta de plagiador. Que gran parte de tus canciones estén basadas en ideas de otros y a nadie parezca molestarle es algo digno de admiración, pero precisamente esa ha sido la política imperante en la industria musical desde el largo y costoso juicio a Harrison por My Sweet Lord: que se entere el menor número posible de fans. Fue a partir de tal escándalo cuando los responsables de los copy/paste decidieron que lo más conveniente sería llegar siempre a un acuerdo con sus demandantes e incluirlos como coautores en los créditos —lo hemos visto varias veces en los ejemplos de este artículo— para evitar así la mala publicidad que suelen acarrear esta clase de procesos judiciales y de paso no perder la totalidad de los derechos. The Rolling Stones y el presunto plagio de Anybody Seen My Baby? o el propio Noel Gallagher se han beneficiado enormemente de esta práctica concertada por las grandes compañías discográficas, aunque finalmente los ecos del plagio terminan llegando irremediablemente a los magacines.

No obstante, a todo hay quien gane. A Pau Donés se le ocurrió un buen día que cambiando la palabra “depende” por “bonito” podría tener el principio de dos estribillos distintos, y no tuvo ningún reparo en plagiarse a sí mismo. Espero que al menos haya tenido el detalle de no demandarse e incluirse en ambas como coautor. Y es que las musas, a veces, son temerarias…