La trompeta es un instrumento musical con antecedentes muy lejanos, de uso versátil y el brillo de su sonido enriquece desde el más modesto mariachi hasta el conjunto sinfónico más completo que se puede imaginar.


Vía: www.dossierpolitico.comLic. Héctor Rodríguez Espinoza

Pertenece a la familia de los metales, con trombones, cornos y tubas; y al lado de los instrumentos de madera, cuerdas, aliento y percusión, integran ese dechado de armonía y privilegio de los dioses, que constituye una buena orquesta filarmónica. Su ejecución es tan difícil que los mismos trompetistas la nombramos “instrumento del diablo”. Bastan unos cuantos días sin practicarlo y acariciarlo, para que de inmediato se sientan sus consecuencias, que en la jerga musical llamamos “perder la embocadura”.

Por gusto y distracción he aprendido a apreciar a sus más importantes ejecutantes: los franceses Mauricie André y Jean Claude Borelly; los norteamericanos Harry James, Ray Anthony, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie, Louis Prima, Al Heart, Herb Alpert, Roy Etzel, Chuck Mangione, Arturo Sandoval, entre otros.

Pero ninguno tan grande como el mexicano Rafael Méndez. Resulta inconcebible que este extraordinario músico nuestro, sea apenas conocido por algunos trompetistas del país. He buscado su biografía en importantes Enciclopedias (Británica, De México, Del Mundo, etc.), y en ninguna aparece.

La ausencia en la nómina de los artistas mundialmente famosos es tan brillante como el celestial sonido que lograba arrancar de su instrumento. Por eso, en un acto de justicia para con uno de los ilustres mexicanos que, en la verdadera crítica musical del mundo, se le tiene en un sitio privilegiado, he querido divulgar, sucintamente, su vida y obra.

Nació en Jiquilpan, Michoacán, uno de los quince miembros de la familia de músicos. Pronto exhibió un talento inusitado. Su primera instrucción le fue dada por su padre.

Cuentan que durante la Revolución Mexicana un día llegó a ese pueblito Pancho Villa con su gente, y quiso diversión para pasar la noche. Inmediatamente le llevaron la orquesta Méndez, que era lo mejor del pueblo, y Villa quedó tan impresionado que decidió quedarse con la orquesta para su uso personal (algo así como “la leva”). La orquesta y la familia Méndez era una y la misma cosa, así que tuvo que andar en la “bola” tocando para Pancho Villa y sus invitados. Rafael contaba apenas con seis años de edad, pero ya lucía rasgos de virtuosismo. Después de varios meses Villa permitió que la familia regresara a su tierra, pero con la condición de que el pequeño trompetista se quedara allí con la tropa para tocarle al General.

Un día salió a relucir el genio de rebeldía del pequeño trompetista, al decirle a Villa que quería incorporarse a las tropas del Gobierno, “porque allá tienen muy nueva orquesta y yo quiero tocar con ellos”. El General se enfureció y mandó poner al pequeño “rebelde” ante el paredón; pero cuando se colocó el pelotón de fusilamiento y montó tiro, Villa le preguntó si había cambiado de parecer, y “más pronto que inmediatamente” el muchacho contestó que sí. 

Después de un tiempo, cuando la División del Norte se preparaba para entrar en el fuerte combate, Villa tuvo compasión del jovencito y decidió enviarlo a casa, aunque bien escoltado para que no se fuera con los del otro bando.

Al regresar a casa, nuevamente estuvo Rafael bajo la tutela de su padre, quien le enseñaba los “secretos” de la trompeta y quien fuera el primero en reconocer al genio de su hijo. Luego, por espacio de un año o más, anduvo tocando en el Circo Atayde para trasladarse a los Estados Unidos. Tiempo después Rafael logró reunir para completar el pasaje y se fue al Estado de Indiana, donde vivía un primo hermano suyo, quien intentó encontrarle trabajo al joven adolescente, pero por su corta edad era difícil; sin embargo, necesitaba trabajar en lo que fuera para subsistir.

Su oportunidad llegó un día cuando al ser rechazado para trabajar en la línea de ensamblaje en la fábrica de automóviles Buick (precisamente por ser tan joven), se dirigió a la plazuela donde la Banda Buick estaba presentando un concierto al aire libre. Durante el intermedio el atrevido joven pidió tocar un solo, y en son de burla se le concedió su petición. Pero ¡oh sorpresa!, al dejar de sonar la última nota de su intervención quedó contratado como trompetista y miembro de la Banda. 

Acabaron las ansias y duras penas para el muchacho, de buscar trabajo como obrero durante el día y tocar guitarra en cantinas clandestinas “speakeasy” por las noches, pues corrían los años de la prohibición de licores en los E.U.A., y los siguientes le sonrieron; tenía trabajo constante y junto con eso vino el éxito económico. En rápido ascenso iba derecho a la cumbre, tocando ahora en salas y sitios de categoría… Pero sucedió lo inesperado al entrar a un edificio, una puerta giratoria le golpeó reventándole los labios, sangrando profusamente, truncándose así la carrera musical del extraordinario trompetista… O cuando menos así se creyó, excepto un humilde y tenaz jovencito llamado Rafael Méndez.

Se pasó dos años buscando a alguien que pudiera enseñarle a tocar nuevamente, pero en su afán no encontraba maestro adecuado que le pudiera ayudar, hasta que un buen día se encontró con un viejo amigo, Lou Maggio; éste le enseñó a tocar nuevamente, desde el principio, adaptando los labios en otra forma e inventando nuevas técnicas. Con el estudio laborioso y entusiasta aprendió a tocar de nuevo su instrumento predilecto, no sólo hasta recuperar su calidad de trompetista que poseía antes del horrendo accidente, sino que superó aquella destreza y mecanismo.

Después vino la época más conocida, la del virtuoso trompetista ejecutando obras clásicas en la radio (todavía no existía la televisión), presentaciones en salas de concierto de primera línea, entre ellas el Hollywood Bowl. Como solista también apareció en escenas, de películas cinematográficas. La Metro Goldwyn Meyer le extendió un contrato. Muchos años después hubo una especie de “mano a mano” con Rafael Méndez y Harry James en la televisión; pero, en verdad, estaba desnivelada la balanza, sin restarle mérito a Harry James. Sin ruido ni barullo Rafael Méndez conquistó el título de “el mejor trompetista del mundo”, que acuñó el Dr. Edwin Franco Goldman, fundador y director de la mundialmente conocida Banda Goldman de Nueva York:

“El ascenso de la fama de Rafael Méndez es uno de los más coloridos e interesantes episodios en la historia de los presentes días musicales. Vino a los Estados Unidos para adquirir mejor instrucción. Él estudió aquí bajo muchos conocidos maestros, y finalmente fue el grandioso Herbert L. Clarke (cornetista solista de la Banda Sousa, por muchos años), para una instrucción más avanzada. Después de escucharle su primera selección, Clarke le pidió que tocara otra, y entonces le dijo: ‘Muchacho, yo debería de tomar lecciones de ti’. Este comentario del famoso cornetista de esos días significó el principio de una nueva carrera para Méndez.

“El joven cornetista mexicano tuvo dificultades considerables para establecerse por sí mismo en los Estados Unidos. Yo recuerdo que él vino a mí en  1936, buscando una posición en mi Banda, pero infortunadamente no tenía ninguna vacante en ese tiempo. Él, sin embargo, escribió su música mientras trabajaba en una fábrica. Eventualmente fue a Hollywood, donde tuvo que residir y donde ha estado tocando en orquestas, en varios estudios y apariciones como solista. Tuvo además apariciones en la radio y televisión.

“Es el más grande trompetista en el mundo de hoy. Él no tiene igual. En virtuosidad está a la altura de Jascha Heifetz, Fritz Kreisler y otros mundialmente famosos artistas. Como un formado cornetista y trompetista yo mismo, estudié o   escuché a todos los ejecutantes famosos y, mientras nosotros tuvimos algunos renombrados intérpretes en el pasado y todavía tenemos algunos notables, yo debo admitir que Rafael Méndez es, en su clase, hecho enteramente por sí mismo. Él excede en todas las particularidades; su tono es todo lo que puede ser deseable, su técnica es insuperable, y su estilo es de un verdadero artista. Él es en todos los sentidos el más grande músico.”

En el Salt Lake City Tribune, Jim Fitzpatrick escribió que Méndez hacía de su trompeta “brincar a través del más alto arco, y con un juego de manos, sus notas son como dos anillos en un circo de tres pistas. Él hace estremecer cada fibra”.

En el Denver Post, Alien Young concluyó que “el vocabulario de su interpretación pone el trabajo de los demás trompetistas en una esquina oscura…”

Tuvo dos hijos gemelos, Robert y Ralph, quienes aprendieron el arte de su padre, integraron un trío, viajaron juntos y grabaron un disco. En los años 1954-56, estudiaron medicina en la Universidad de Standford, California, y formaron parte de una Banda de Música.

Recuerdo que a fines de los cincuenta, la Oficina de Información de los Estados Unidos exhibió, en el Auditorio de la Universidad, un documental sobre su vida.

Fue compositor y arreglista y diseñó un modelo de trompeta con pabellón y boquilla especial, ahora fabricada por la casa de instrumentos de latón, marca OLD’S, de calidad finísima, se le conoce como el “modelo Méndez”. En la contraportada de uno de sus discos aparece la foto de él y sus dos hijos gemelos tocando este instrumento a tres voces; cuando lo grabaron, sus hijos eran estudiantes de medicina.

Se dice que el instrumento del arcángel Gabriel es la trompeta. 

Aún para el profano en el arte de la música, pero con un mínimo sentido de la percepción y sensibilidad, no puede pasar desapercibido el virtuosismo de Rafael Méndez al escuchar, por ejemplo, Moto Perpetuo, de Paganini, y Hora Stacato, de Dinicu Heifetz. Aun a los conocedores nos parece que excedería las posibilidades humanas la precisa y preciosa coordinación de vista, memoria, respiración, guturación, uso de la lengua, presión de los labios, vibrato y digitación. Piénsese que en ambos casos, Méndez ejecutaba arreglos para violín, con tonos super agudos. Cualquiera pensaría que se trata de efectos de grabación. Muy a la larga, Radio Universidad nos regala algunas de sus grabaciones que les facilité en 1977.

José Salazar Erbe, melómano, recuerda una entrevista que escuchó por radio hace muchos años, donde se escuchaba buena música todas las noches en el programa de la American Airlines, desde las diez hasta las dos de la madrugada. Una noche estuvo como invitado Rafael Méndez, y después de tocar algo de sus discos, el locutor le hizo varias preguntas sobre su vida y carrera profesional, puso énfasis en el modo de tocar Moto Perpetuo (obra dificilísima que escribió Paganini para violín) que acababan de escuchar (Rafael es el único que lo ha logrado; otros, muy buenos trompetistas, como Harry James, han llegado a ejecutar Hora Stacatto (de Schubert), El vuelo del abejorro (de Rimsky- Korsakoff), Aires Gitanos (de Sarasate), todas de gran dificultad, pero NINGUNO ha podido ejecutar Moto Perpetuo limpiamente como Rafael Méndez. Le preguntó el locutor cómo había logrado tocar esta obra que dura cinco minutos sin ningún silencio o descanso. Calmadamente y sin postura, Rafael contestó: “Primero te reconozco que Dios me ha dotado con facultades extraordinarias (sobre todo después del accidente) que me permiten tocar bien; pero también se requiere mucho estudio y disciplina, ejercicio de respiración, etc. Aparte de los ejercicios académicos tuve que empeñarme a buscar dentro y con mi anatomía personal, algún modo para desarrollar, fabricar o elaborar, una o varias pequeñas cámaras de reserva en los rincones del pecho, diafragma, boca, garganta, recovecos auxiliares que pudieran almacenar suficiente aire para mantener el movimiento continuo que requiere Moto Perpetuo, un flujo de aire sin descanso ni silencios durante escasos cinco minutos.”

No mencionó que antes de utilizar el aire necesario en su ejecución musical, tiene que respirar para vivir administrando el aire respirando y tocando simultánea y continuamente. Una tarea titánica.

Para los que se interesen, a continuación describo cuatro de sus más importantes discos:

  1. Rafael Méndez, su trompeta y su orquesta, LPL 333. Peerless. La Virgen de la Macarena, Adiós Granada mía, Carmen, Melodías gitanas, Chzardas, Concierto de Mendelson, Lakme Bellsong, Aires gitanos, primera y segunda partes.
  2. The trumpet magic of Rafael Méndez, with Symphony by Kurt Graunke. DL 74147 Decca. Aria from tosca, de Puccini; Moto Perpetuo, de Paganim, London Derry Air, traditional; Sevilla; Aria from Pagliacci de Leoncavallo; Fascinación, de Merchetti; Clavelitos; Romanza, de Rafael Méndez; Maraima, de Mario Burrel, Fareweily Granada.
  3. Trumpet extraordinary. Rafael Méndez, and his Sons Robert and Ralph. DL 78427. Decca. El matador, de Celso Gascón; Feria de trompetas, de Leroy Anderson; Chunca, la TreMéndez polka, de Rafael Méndez; Caro name, de Verdi; El vuelo de abejorro, de Rimsky Korsakov; Herje Katy, de Jeno Hubay; Estrellita, de Manuel M. Ponce; Ojos negros; Hora Stacato, de Dinicu-Heifets; y Valse Bluette, de Richar Drigo.

4.- The singing trumpet Rafael Méndez. OL. 78869 Decca. Body and soul. Memories of you. Sleepy Agón. On the sunny side of the street. I surrender dear. I don’t stand a ghost of a chance whit you. El gitano. One fay day (From Opera “Madame Butterfly”). Lef filies de Cádiz. Waitz (derived from “Serenado For Strings”). Intermezzo. Canto Moro.

  1. RAFAEL MÉNDEZ TRUMPET SOLOS, LP3400,  Costa Record, 2534 W. Pico Street. Los Ángeles, California.
  2. RAFAEL MÉNDEZ WORLD’S GREATEST TRUMPET VIRTUOSO, LP3300, Costa Record, 2534 W. Pico Street. Los Angeles, California.
  3. RAFAEL MÉNDEZ TRUMPET SOLOS, LP3400.
  4. RAFAEL MÉNDEZ WORLD’S GREATEST TRUMPET VIRTUOSO, LP3300, ambos de la Costa Record, 2534 W. Pico Street. Los Ángeles, California.

Del firmamento mexicano han brotado novas del arte musical como Ángela Peralta, Manuel M. Ponce, Oralia Domínguez… A este elenco estelar se incorpora Rafael Méndez.