Prensa OSV

Rafael Casanova siempre supo que sería músico, de niño sus primeros instrumentos fueron las ollas de su mamá y cualquier pote que viera por ahí que pudiera tocar. La música la trae en las venas, su abuelo era director de Bandas de Guerra y Bandas Show y desde muy pequeño lo llevaba a los desfiles y a los ensayos.
Este joven tachirense de San Juan de Colón, que hoy forma parte de la sección de percusión de la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV), comenzó su carrera como músico en la casa de la cultura Pedro Antonio Ríos Reyna, donde opera un núcleo del Sistema de Orquestas Simón Bolívar. A los 19 años se vino a Caracas con la intención de seguir con sus estudios en el Conservatorio, con el maestro Iván Hernández y el maestro José Alberto Márquez.
Por ochos años tocó con una agrupación del Sistema, la Banda Sinfónica Simón Bolívar, después llegó la gran oportunidad, tocar con la OSV, primero como invitado, luego como extra y a mediados del año pasado, la audición que le daría el pase para ser parte de manera formal de la orquesta.
Para el músico de 28 años, la experiencia de trabajar con la OSV ha sido enriquecedora, señala que “es una agrupación muy profesional, en la que te hacen sentir como en casa, el trato hacia al músico es excelente y a la hora de hacer música todos ponen su granito de arena y su mejor disposición, para hacerlo lo mejor posible”. Agrega con mucha seriedad que estar “rodeado de gente tan profesional, te hace crecer en todos los sentidos”.
Casanova afirma que todavía sigue aprendiendo y que nunca va a dejar de hacerlo, expresa que eso es lo que más le gusta, que con la OSV ha tenido muchos retos, explica que al venir del mundo de las bandas y no tanto de las orquestas, tuvo que aprender a “tener más tacto, más sensibilidad a la hora de tocar y a interpretar mejor”.
Este joven percusionista sólo tiene una máxima para los que quieren ser músicos, “lo que tienen que hacer es estudiar, estudiar y después estudiar. Nunca darse por vencido, es un proceso lento, pero a la larga es muy gratificante”. Con la mirada en el infinito afirma que para él la música es la mejor profesión del mundo, porque nunca se deja de aprender, afirma “así esté muy viejito, la música siempre va a ser para mí lo mejor, es mi medio de vida”.