Vía: EFEFuturo.com
Un equipo de investigadores catalanes ha constatado que hay personas a las que realmente no les gusta la música: son insensibles a ella y no sienten placer al escucharla.

Imagen de archivo de la soprano española Montserrat Caballé y el cantante de rock británico Freddie Mercury interpretando "Barcelona", uno de los temas elegidos para este estudio. EFE/Micky Ribera /Albert Olivé.

Imagen de archivo de la soprano española Montserrat Caballé y el cantante de rock británico Freddie Mercury interpretando “Barcelona”, uno de los temas elegidos para este estudio. EFE/Micky Ribera /Albert Olivé.

Esta es la principal conclusión de un estudio de la Universidad de Barcelona (UA) y del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge (Idibell) publicado en la revista Current Biology.

En él se asegura que las personas con esta anhedonia específica -incapacidad para experimentar placer- no presentan un incremento en la actividad cardíaca ni en la conductancia de la piel al oír música placentera, como sí lo hacen a aquellas sensibles a las melodías.

Josep Marco-Pallarés, del departamento de Psicología Básica de la UB, ha explicado a Efe que para llegar a estas conclusiones los investigadores eligieron tres grupos de personas (cada uno de ellos con diez): con respuesta emocional alta, media y baja a la música.

A cada uno de ellos (universitarios) se les hizo dos pruebas, una musical y otra relacionada con ganar o perder dinero.

El objetivo, comprobar que aunque la persona no fuera sensible a la música, sí lo era a otro tipo de recompensa como ganar dinero.

Y es que, según Marco-Pallarés, estas dos tareas, al igual que la comida, la bebida y el sexo, activan el circuito de recompensa cerebral.

Así, los investigadores demostraron que hay personas insensibles a la música pero no al placer que supone ganar dinero.

Para llevar a cabo la prueba musical, los investigadores reprodujeron obras musicales escogidas por ellos -previa pregunta a un grupo de estudiantes- y piezas que habían traído los participantes.

Una de las primeras sorpresas fue ver que a un determinado grupo el hecho de elegir música ya les fue difícil.

En esta tarea musical se preguntaba a los participantes si las piezas -como las Cuatro Estaciones de Vivaldi, Carmina Burana o el tema de Barcelona 92– les eran placenteras y tenían que pulsar diferentes botones a la vez que sonaba la música (dependiendo de si les gustaba poco, mucho o tenían escalofríos).

Mientras, se medía el ritmo cardíaco y los cambios en la conductancia de la piel (medición de la sudoración).

Según Marco-Pallarés, a aquellos a los que la música les emociona sufrieron incremento del ritmo cardíaco y en la conductancia de la piel relacionados con el grado de placer, mientras el grupo de anhedonia musical no mostró cambios.

“Los resultados muestran como personas sanas, sin patologías asociadas al sistema de recompensa o con problemas para percibir la música, no responden emocionalmente ante la música”.

A su juicio, esta constatación puede abrir puertas a entender las bases neuronales de la música y de qué manera un patrón abstracto de sonidos se puede traducir en emociones.

Marco-Pallarés ha señalado que este trabajo podría conducir a una nueva comprensión del sistema de recompensa y cómo éste se conecta con otros sistemas, con implicaciones para patologías incluyendo la adicción y los trastornos afectivos.

En cuanto al número que podría no sentir ningún placer ante la música, ha dicho que se especula que entre un 1 y 5 % de la población, pero son necesarios estudios más exhaustivos.