Fue un comunista, Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, quién advirtió con preocupación el poder de la música. Lo hizo al disfrutar con culpa de la Appassionata, de Beethoven, mientras dirigía la revolución bolchevique. Máximo Gorki, que compartió aquella velada con el líder soviético, recordó luego las palabras de Lenin tras escuchar la sonata para piano: “No conozco nada mejor que la Appassionata. Podría escucharla todos los días. ¡Qué música asombrosa, sobrehumana! Pero no puedo escuchar música a menudo. Me dan ganas de decir cosas amables y estúpidas, y dar palmaditas en la cabeza a la gente”. Aquel, en cambio, era momento de “golpear cabezas sin piedad”, no de palmearlas. “La música -afirmó- puede ser un medio para la rápida destrucción de la sociedad.”

Vía: www.lanacion.com.ar | Por Javier Navia | LA NACION

El implacable revolucionario, a su manera, tenía algo de razón. La música no destruye sociedades, las vuelve mejor, pero provoca una transformación en los hombres, al conmover su alma, que puede alejarlos hasta de sus objetivos políticos más firmes. “Si sigo escuchando a Beethoven -reconoció Lenin-, nunca acabaré la revolución”.

En su libro El sonido es vida: el poder de la música, Daniel Barenboim sostiene que ésta “es un camino hacia el entendimiento entre los seres humanos”, más allá de las fronteras y las diferencias culturales o políticas. Él ha dedicado su vida a promover la paz entre israelíes y palestinos y su orquesta West-Eastern Divan, integrada por jóvenes de ambas nacionalidades, es un ejemplo de ese poder.

No puede decirse que los Rolling Stones hayan dedicado su vida al mismo propósito, pero han dado un paso trascendental para el fin del aislamiento de Cuba y su apertura con el concierto gratuito que brindaron en la isla el 25 del mes pasado. La presentación ante unas 400.000 personas de la banda británica, cuya música fue por años prohibida por el régimen castrista -como la de los Beatles y otras expresiones del rock que Fidel juzgaba “decadente” y “afeminado”-, fue un hito en los cambios -sutiles, pero inexorables- que se están produciendo en la isla. Aunque músicos comprometidos con la Revolución, como Pablo Milanés, han actuado en Miami en el pasado saltando así los muros invisibles de la política, ha sido poco frecuente la presencia en Cuba de artistas que durante la Guerra Fría fueron considerados exponentes del “imperialismo cultural”.

El periodista Leonardo Tarifeño tuvo el privilegio de ser testigo directo del histórico concierto, y escribe en esta edición una crónica fundamental para entender los cambios que se están produciendo en el país caribeño, más allá de la música. Silvio Rodríguez, otro trovador que cantó a la Revolución, sintetizó la nueva realidad de Cuba meses atrás, con motivo de la reapertura de embajadas en Washington y La Habana: “Tengo el deseo -dijo- de que más temprano que tarde podamos decir Cuba, sí, yanquis también“. Una prueba de que en Cuba hoy suena otra música.